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24 enero 2017 2 24 /01 /enero /2017 00:00
Cuando la izquierda no está a la altura: Propuestas y reflexiones para Vistalegre II

Hay una sociedad civil esperando convertir sus necesidades en derechos, transformar en políticas públicas sus reclamaciones. Hay una España que quiere terminar con las desigualdades de género y la lacra de la violencia machista (y que saque de la política a los machistas que jalean la violencia contra las mujeres con sus declaraciones). Hay una España esperando recuperar derechos laborales, confrontar a las grandes empresas y su impunidad, mover el escenario europeo y ganar a los sindicatos para ganar la democracia en el mundo del trabajo. Hay una España que quiere una fuerza contundente para defender los contratos de trabajo, el cobro de las horas extras, la conciliación familiar, de la misma manera que quiere que los derechos sociales dejen de ser meros “principios rectores” y se conviertan en derechos que la ciudadanía pueda reclamar como tales. Hay una España que quiere una justicia independiente y a la que le repugna que los partidos se repartan los jueces del Tribunal Constitucional o del Consejo General del Poder Judicial. Hay una España cansada de las peleas territoriales y que quiere que España se asuma como un país de países y tengamos una convivencia solidaria y pacífica. Hay una España que se considera democráticamente madura y no tiene miedo a abrir un proceso constituyente

Juan Carlos Monedero

Que la izquierda no esté a la altura de sus ideas, de su país, de su gente, de su ciudadanía, y sobre todo de su clase, no se traduce sólo en que sus potenciales votantes no confíen en ella, sino que también incide en un reforzamiento de la derecha. De hecho, esto es lo que explica el auge de las fuerzas políticas de extrema derecha y neofascistas en nuestro continente y en otras partes del mundo. Cuando el electorado ávido de cambios políticos se encuentra con una izquierda desaparecida o que traiciona sus valores, es frecuente que las preferencias del voto, sobre todo entre el pueblo con baja cultura y madurez política, tiendan a refugiarse en la opción contraria, es decir, en la derecha. De ahí que los mensajes claros, las estrategias coherentes y la valentía a la hora de gobernar sean los atributos que nunca debemos decepcionar. De entrada, es lógico que en Podemos existan diversas corrientes de pensamiento, y que la integración de miles de personas procedentes de los foros del Movimiento 15-M (unidas a otras personas que procedían del desencanto de la militancia en otras fuerzas políticas), cada una con sus inquietudes, su formación y sus capacidades, haya de realizarse lógicamente mediante un debate constante de ideas. El debate de ideas y la vertiente de movimiento social, con presencia en la calle además de en las instituciones, son vocaciones que la izquierda jamás debe olvidar. Para alcanzar tanto el poder político como el económico, la batalla contra el pensamiento dominante no puede desfallecer. 

 

Parto de la base (porque en caso contrario tendría muy claro que no me representan) de que los objetivos de Podemos son alcanzar un nuevo modelo de sociedad más justa, equitativa y democrática. Y en ese sentido, hablar claro es un objetivo fundamental. No se puede vivir atrapado permanentemente en el quiero pero no puedo, en los límites de la formalidad, de la calculada ambigüedad, de la corrección y la cobardía política. Y en ese sentido, no sólo hay que denunciar con firmeza las grandes injusticias de nuestra sociedad, no sólo hay que realizar correctos diagnósticos de la situación, sino que también hay que proponer las oportunas y audaces medidas que sean capaces de romper los moldes de dicha sociedad injusta. Evidentemente, ser claros en nuestros planteamientos, en nuestros objetivos y en nuestras medidas es un ejercicio arriesgado, pero la constante ambigüedad calculada o la moderación en las medidas propuestas para captar más cantidad de voto popular no nos llevarán jamás a buen puerto. 

 

Y por tanto, una cosa es que actualicemos la doctrina socialista, marxista y anticapitalista con nuevas tendencias y disciplinas complementarias (como pueden ser el pacifismo, el ecologismo, el feminismo, el Buen Vivir, etc.), y otra cosa muy distinta es que rompamos con tantas experiencias de la lucha del movimiento obrero. Si queremos cambiar los perversos pilares del mundo en que vivimos, no tenemos otro camino que hablar con claridad a la gente a la que queremos convencer, facilitando a su vez su acercamiento y comprensión al imaginario en el que creemos. Tomando las sabias palabras de Isabel Benítez (socióloga, feminista y sindicalista): “Si buscas el voto de Amancio Ortega y de una dependienta de Zara, a uno de los dos lo estás engañando”. Se pueden actualizar la terminología y los significantes, adecuando los conceptos a una realidad social distinta, que evoluciona, y que lógicamente no es la misma que la que teníamos en el siglo XIX o en el XX, pero las grandes bases de las relaciones de poder y de los fundamentos económicos de una sociedad están perfectamente establecidas desde los escritos de Marx y Engels. Ellos sentaron las bases científicas para estudiar la estructura del capitalismo, al igual que están establecidas las bases de la termodinámica o de la física nuclear, puesto que dichos autores basaron siempre sus documentos en una metodología científica que es incuestionable. Por tanto, ellos son la brújula. Ellos nos marcan el camino a seguir. El ritmo del recorrido y los diversos vericuetos del mismo es lo que nosotros hemos de delimitar. Marx y Engels fueron a las ciencias sociales lo que Albert Einstein fue para el resto de las ciencias, o lo que Leonardo da Vinci fue para las artes: grandes puntales donde se basan todos los científicos y artistas de hoy, a pesar de que tanto las artes como las ciencias hayan avanzado mucho desde Leonardo y Einstein. 

 

Hay que volver a recuperar la frescura y la agresividad del Podemos original. Hay que volver a recuperar los ejes arriba-abajo como referentes de la casta que nos oprime y de las clases populares y vulnerables. Hay que recuperar las propuestas radicales de los primeros programas electorales (concretando no obstante en aquéllas propuestas que sean realistas para una legislatura dada), aquéllos que consiguieron que 5 eurodiputados de la formación morada se sentaran en el Parlamento Europeo. No sólo hay que hacer un planteamiento derogatorio de las leyes fundamentales que los Gobiernos del bipartidismo nos han implantado (Reforma Laboral, Ley Mordaza, LOMCE, etc.), sino que también hemos de tener nuestra propia hoja de ruta para la transformación de la sociedad. En este sentido, y entre otras muchas propuestas, hay que volver a la Renta Básica, a la nacionalización de determinadas empresas que suministran servicios básicos en atención a fundamentales derechos humanos, a la salida de la OTAN, a la derogación de los Acuerdos con la Santa Sede, y por supuesto, no hay que olvidarse del Proceso Constituyente y de la Tercera República. Todo ello, como digo, adaptado a las propuestas reales que se entiendan posibles dentro del contexto de una legislatura de cuatro años, pero sin duda encaminadas en esa dirección. 

 

El discurso de Podemos tiene que ser inequívocamente un discurso de clase, y un discurso de género. Ha de ser un discurso ecologista y pacifista, y ha de ser un discurso fundamentalmente republicano y anticapitalista. Debemos salir de “la lógica de la derrota” (en palabras de Carlos Pérez Soto). Hemos de atrevernos a plantear un cuestionamiento radical al capitalismo, sin complejos ni miedos a ser tildados de “radicales”, “extremistas”, “totalitarios”, “dirigistas”, “trasnochados” o “fracasados”, entre otros muchos adjetivos con los que nos bautizan. Si nos quedamos paralizados ante tan necios calificativos, daremos pávulo a la extrema derecha, que seguirá aprovechando la situación en su favor. Hemos de recuperar una narrativa coherente y apasionada, a la par que agresiva y esperanzadora, capaz de canalizar el descontento de la inmensa mayoría social. Hemos de denunciar la dictadura del capital bajo esa fachada democrática, donde el pensamiento dominante no deja resquicio alguno a la rebeldía y a la justicia social. Sacudámonos los complejos, encaremos las medidas bajo un mensaje claro y rotundo. Llamemos a las cosas por su nombre. Recuperemos la decencia del lenguaje. 

 

El discurso de Podemos no tiene que estar pendiente de si gusta o no a los medios de comunicación, o a los poderes económicos, pues estos grandes agentes del capitalismo siempre estarán en contra de quiénes planteen medidas de justicia social y de redistribución de la riqueza. Hay que remarcar nuestras diferencias con el PSOE de forma clara y contundente, y en ese sentido, nuestro discurso no tiene que centrarse en nuestra adscripción o recuperación de la socialdemocracia, cuyo papel ha fracasado absolutamente, y ya no ofrece alternativas reales, sino en nuestra adscripción al verdadero socialismo. Podemos ha de mostrarse en todo lugar y en todo momento como la única, auténtica y verdadera alternativa socialista que los votantes puedan elegir. No olvidemos que el mejor cómplice de la derecha y de los poderes económicos es la ignorancia, y por eso la formación, la divulgación, el estudio, el conocimiento, el debate y el pensamiento crítico deben ser nuestras mejores armas para lograr conciencia colectiva y movilización popular, para poder así acabar con esta “cultura del miedo”. 

 

Tampoco podemos olvidarnos de la memoria histórica del movimiento obrero, para convertirnos en una formación política acomodada, domesticada, servil a los poderes fácticos. Hay que tener siempre muy presente la memoria de los luchadores por la democracia y por las libertades, la lucha obrera, los grandes conflictos laborales, que son los que verdaderamente han conseguido las conquistas sociales de las que ahora disfrutamos, y que nos quieren volver a arrebatar. Porque ninguno de los derechos sociales, laborales o culturales conquistados en el pasado fueron concesiones voluntarias y gratuitas del poder. Se consiguieron mediante la lucha, mediante la confrontación. El capital jamás dará su brazo a torcer si no es obligado a ello. Las conquistas, los derechos y las libertades hay que arrebatárselas por la fuerza, luchando en las calles, algo que en el pasado (y aún hoy) costó miles de vidas, de humillaciones, de cárceles, de marginación, de sufrimiento, de vidas entregadas a la causa de la igualdad y de la justicia social. Esa batalla no ha terminado, sino que está más enconada que nunca, y por tanto, la lucha de clases está más vigente hoy que nunca. No podemos convertirnos en un sucedáneo del PSOE, en un partido acomodado que aún tiene la desfachatez de autodenominarse “socialista” y “obrero” y de albergar en su seno la sensibilidad “republicana”. 

 

Pero a su vez hay otro segundo frente tan importante como la claridad en la exposición de las ideas, y es la valentía, firmeza y determinación en llevarlas a la práctica. Quiero decir con ello que una vez alcanzado el poder (político, electoral) habremos de enfrentarnos en serio con el poder real (económico), y no valdrán medias tintas, terceras vías, atajos, ni excusas. Por decirlo más concretamente, sufriremos con mayor o menor intensidad y crudeza el mismo asedio que sufrió el gobierno griego de Siryza, y entonces no valdrán respuestas del estilo “es que no tenemos tanto poder como creíamos, hacemos lo que podemos”, porque entonces estaremos perdiendo toda la credibilidad. Habrá que estar preparado para optar por todas las alternativas posibles, siendo en todo momento honestos y sinceros con el pueblo, preparándolo para las grandes decisiones y transformaciones que hay que llevar a cabo. Pero está claro que bajo el actual contexto europeo, si queremos dar pasos hacia la verdadera transformación y democratización de nuestro país, se impone una lógica de desobediencia civil y política hacia las instituciones europeas. 

 

Pero todo ello, pasa, como decimos, por sacudirnos los complejos, por hablar de forma clara y contundente, por ser valientes en los modos, en las formas y en los mensajes, por no dejarnos domesticar ni involucionar, por no relajarnos ni moderarnos, por ser fieles a nuestros principios y a nuestras ideas (como hizo Fidel en Cuba), por cultivar más la calle que los despachos, y por estar constantemente del lado de los más vulnerables. El mensaje de Podemos además de sincero, tiene que ir al fondo, tiene que ser radical (esto es, ir a la raíz de los problemas para poder solucionarlos), tiene que ser claro y honesto, incluso con brutalidad y simpleza, pero siempre desde la empatía hacia los que sufren,  los de abajo, los más necesitados. Podemos ha de ser una fuerza capaz de capitalizar y canalizar la indignación y el hartazgo a tanta mentira, a tanta banalidad, a tanta corrupción, a tanta desigualdad, a tanta injusticia. La indefinición, ambigüedad o confusión ideológicas han de ser abandonadas. Los mensajes tienen que ser claros y coherentes, sin fisuras, sin complejos, rotundos, cabales. 

 

En definitiva, a la inmensa mayoría de personas que apostamos por la formación política de color morado, lo único que nos interesa de Podemos es que sea realmente el instrumento para conseguir esa España que Juan Carlos Monedero retrataba en la cita de entradilla. Perderse en disquisiciones inútiles, en tácticas acomplejadas, en oposiciones internas al poder dentro de la organización, es volver a la máxima de “servirse de la política”, en vez de “servir a la política”. Sólo un Podemos firme, con las ideas claras, decidido, valiente y sin complejos, será capaz de representarnos a todas las personas que reclamamos los cambios necesarios para convertirnos, de verdad, en una democracia justa, equitativa y madura. Ya sabemos cómo está el patio, no sólo en nuestro país, sino en la escena internacional: si no somos capaces de canalizar la frustración de las clases populares, dicha opción la seguirá liderando la derecha, incluso la comenzará a liderar la extrema derecha. De errores de la izquierda está repleto el siglo XX…¿los vamos a volver a repetir en el siglo XXI? Definitivamente, si la izquierda no está a la altura, es que no será la izquierda.

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23 enero 2017 1 23 /01 /enero /2017 00:00
Fuente Viñeta: Barómetro Internacional (http://www.barometrointernacional.com.ve/)

Fuente Viñeta: Barómetro Internacional (http://www.barometrointernacional.com.ve/)

De acuerdo a datos suministrados por el mismo gobierno federal de Washington, el terrorismo ha matado en el mundo, entre los primeros cinco años de este siglo, a 24.429 personas (la misma cantidad que contrae el VIH en 8 días); es decir: un promedio de 13 personas diarias (contra 1.000 personas diarias que mueren de diarrea por falta de agua potable, o más de 2.000 por día que fallecen por hambre). Lo curioso es que, para combatir este flagelo del VIH-SIDA en el ámbito de la salud, la Casa Blanca utiliza 100 veces menos presupuesto que lo que emplea para su guerra preventiva contra el “terrorismo”. O hay un error en los cálculos, o evidentemente la apreciación de los estrategas estadounidenses se equivoca, puesto que ven una mayor amenaza a la seguridad de la especie humana en el siempre mal definido e impreciso “terrorismo” que en la pandemia de VIH-SIDA. O, mucho más crudamente: son unos descarados delincuentes que trabajan para un proyecto donde lo único que cuenta son los intereses de las grandes corporaciones de su complejo militar-industrial y petrolero, asegurando así sus privilegios de clase

Marcelo Colussi

Como estamos viendo, el relato que Occidente nos difunde sobre el terrorismo es absolutamente falaz, una explicación infantil, absurda y reduccionista que intenta imponernos una lectura sesgada e incierta de la realidad que se pretende esconder. Se nos pide que creamos que los terroristas son unos sucios y crueles lunáticos que corren por ahí con bombas, ametralladoras y cinturones explosivos. Se nos pide que tengamos una visión irracional de ellos, como unos seres abyectos cuya única misión es destruir a los demás. Y se nos pide que tengamos del mundo una visión bipolar que divide a la Humanidad entre los buenos y los malos, los encargados de destruir al mundo, y los gendarmes del mismo, que vienen a liberarnos de ese mal. Su adscripción tipológica también está clara. Muchos de ellos llevan barba, tienen aspecto extranjero, no son blancos, no son occidentales. Nos los presentan como seres monstruosos que cortan cabelleras, que violan niños, que destruyen ciudades y que ponen bombas en nuestras instalaciones. Por contra, nos presentan a nuestros Gobiernos y líderes occidentales como los buenos de esta irreal película, los preocupados por acabar con los malos, y por derrotar al terrorismo, instalando un mundo feliz y en paz. Sin embargo, la realidad es otra bien distinta. Noam Chomsky ha asegurado con toda la razón que "El Partido Republicano [estadounidense] es la organización más peligrosa de la historia de la humanidad". 

 

Y en efecto, son señores blancos, que suelen ir con traje, que controlan ciertas cuotas de poder, que ofrecen una imagen respetable, pero que sin embargo son los causantes de buena parte de la inestabilidad que hoy día reina en nuestro planeta, gracias a los injustos modelos económicos y sociales que ellos fomentan para todos los países. No sólo fomentan, sino que incluso obligan a los países a adscribirse por la fuerza a dichos sistemas, ya que en caso contrario, son hostigados, son chantajeados, son sancionados, y en los peores casos, son cruelmente invadidos y destruidos. En realidad, la mayor parte de actos terroristas que se han cometido han sido patrocinados por el imperialismo estadounidense (a los que se une toda la pléyade de países socios y aliados), por algunos gobiernos derechistas europeos, y por sus servicios de inteligencia. Y cuando no los ejecutan directamente, los apoyan indirectamente, como es el caso del terrorismo que lleva ejecutando durante décadas el Estado de Israel contra el Estado Palestino, bajo el apoyo incondicional de Washington, y el silencio cómplice de las potencias occidentales. Y por contra, ellos tildan de grupos "terroristas" (y hasta mantienen una lista oficial de los mismos) a algunos movimientos revolucionarios que han luchado y luchan por la libertad para sus pueblos, contra la opresión, y contra el colonialismo occidental. Como el aparato mediático y propagandístico occidental es tan potente, a estos grupos "terroristas" hay que liquidarlos, destruirlos, y si están en el poder, derrocarlos. Típica lectura simplista del pensamiento dominante. 

 

Cuando Occidente necesita justificar sus políticas de agresión hacia terceros, se inventa un "enemigo terrorista" de turno y lo utiliza como chivo expiatorio. Este fenómeno ocurre también en el plano de la política interna de los países, donde también se utiliza la misma estrategia, demonizando a ciertos grupos o colectivos que se enfrenten o desobedezcan al poder establecido. Hoy día, la dinámica del complejo industrial-militar (del que hablaremos a fondo en su bloque temático correspondiente) es tan inmensa, que Occidente necesita una retórica que apunte a "poderosos enemigos" que justifiquen racionalizar los astronómicos presupuestos militares y de servicios secretos que han de consumirse en tan ardua tarea. Y así fue como Occidente vinculó en algún momento (como muy bien relata el filósofo, periodista y escritor Andre Vitchek en este artículo para el medio Counterpunch.org, y traducido al español por S. Seguí para el medio Rebelion.org) el terrorismo con el Islam, que es una de las mayores culturas del mundo, con más de 1.600 millones de seguidores. Pero con el fin de hacer del Islam un enemigo de talla suficientemente grande y de poderosos recursos, el imperialismo tenía primero que radicalizarlo y pervertir los innumerables movimientos y organizaciones musulmanas, y a continuación crear otros nuevos, entrenándolos, armándolos y financiándolos, para que tuvieran un despliegue y un aspecto realmente aterradores. El fundamentalismo islámico (ya referido en artículos anteriores de esta serie) sirvió a ese fin, patrocinado por algunos países árabes serviles a los mismos intereses occidentales. 

 

Con todo ello, también se socializa en el imaginario colectivo toda la falsa historia de los "valores" occidentales, legitimando la idea de la supuesta superioridad cultural y moral absoluta de Occidente sobre estos enemigos y sus perversas culturas. Andre Vitchek lo expresa en los siguientes términos: "La cosa funciona del siguiente modo: durante siglos, Occidente se ha comportado como un monstruo loco sediento de sangre. A pesar de la propaganda glorificadora que transmiten los medios de comunicación occidentales en todo el mundo, se estaba haciendo evidente para todos que el Imperio violaba, asesinaba y saqueaba en prácticamente todos los rincones del globo. Unas décadas más y el mundo vería a Occidente exclusivamente como una enfermedad siniestra y tóxica. Un escenario así tenía que evitarse por todos los medios. De modo que los ideológos y propagandistas del Imperio dieron con una nueva y brillante fórmula: "¡vamos a crear algo que tenga un aspecto y se comporte aún peor que nosotros, y entonces podremos proclamar que seguimos siendo en realidad la cultura más razonable y tolerante de la tierra!" "¡Y vamos a hacer una auténtica pirueta: vamos a combatir contra nuestra propia creación, vamos a combatirla en nombre de la libertad y de la democracia!" Y así es como nació una nueva generación, una nueva hornada de "terroristas". Y sigue viva y goza de buena salud. Vivita y coleando. Y se multiplica como las salamandras de Capek". ¿Creen mis lectores y lectoras que es un relato descabellado? Observen, analicen, comparen, y saquen sus propias conclusiones. 

 

El relato del terrorismo que nos quieren imponer es un relato creado ad-hoc para continuar legitimando y justificando sus perversas acciones por todo el mundo, acciones de invasión, de guerras, de intervenciones, de injerencias, de destrucción y de odio por todo el mundo. Rompamos el relato simplista y demagógico que nos venden. Enfrentémonos a él. Seamos capaces de introducir fisuras en dicho relato, porque de esa forma pondremos en evidencia los oscuros intereses que lo mueven. El terrorismo occidental no se discute en realidad, siempre está legitimado, aunque sus formas más extremas y violentas siguen sembrando el odio, el caos, la destrucción y la venganza en el mundo, sin descanso, como lo llevan haciendo desde hace siglos, con cientos de millones de víctimas acumuladas en todas partes del mundo. Estos perversos terroristas de ISIS han tenido como estupendos maestros a los británicos, franceses, belgas, alemanes, españoles o estadounidenses (sobre todo a estos últimos). La rapiña y el pillaje colonial, la destrucción de patrimonio cultural, el vasallaje de las poblaciones, la destrucción de sus recursos naturales, la ocupación de sus pueblos y el saqueo de sus territorios son las credenciales históricas de todos estos países occidentales, que ávidos de poder se han enfrentado en milenarias batallas contra todos los pueblos que han intentado defender legítimamente su soberanía y su libertad. La lista de cruzadas, invasiones, injerencias y sabotajes sería interminable, necesitaríamos muchos más artículos siquiera para enumerarlas. No nos dejemos engañar. Jamás hubo bandos de buenos y malos, de luchadores por la libertad frente a sanguinarios terroristas. Sólo hubo afán de muchos gobiernos e imperios por adueñarse por la fuerza de otros recursos, fronteras y pueblos, frente a pueblos que intentaron defenderse de esa amenaza. Continuaremos en siguientes entregas.

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21 enero 2017 6 21 /01 /enero /2017 00:00
Fotografía: SDPNoticias (http://www.sdpnoticias.com/)

Fotografía: SDPNoticias (http://www.sdpnoticias.com/)

Ha vuelto a ocurrir. Tristemente, nos hacemos eco de una noticia aparecida en diversos medios de comunicación, en torno al vil y cruel asesinato de un activista medioambiental, en este caso en México. Tomamos el texto aparecido en el medio 20 Minutos: 

 

El activista ambiental y defensor de los bosques de la Sierra Madre Occidental, en el oeste de México, Isidro Baldenegro fue asesinado el domingo pasado en el domicilio de un familiar. Baldenegro, de 51 años, murió a tiros, igual que su padre treinta años atrás.

 

Baldenegro se ocultaba en el Estado de Chihuahua precisamente por la cantidad de amenazas de muerte que había recibido por su activismo ecologista. Un hombre, al que la Policía mexicana asegura tener identificado, le descerrajó al menos seis disparos que le causaron la muerte.

 

Isidro era hijo de Julio Baldenegro, al que unos sicarios asesinaron en 1986. Ambos fueron líderes de los indígenas tarahumaras que se vienen oponiendo a las talas en sus montañas. Cuando murió su padre, Isidro le sustituyó con la fundación del grupo Fuerza Ambiental.

 

La ONG Greenpeace ya denunció que la defensa de estos bosques era una causa muy peligrosa: "En años recientes, nombres como los de Ildefonso Zamora, Aldo Zamora, Rodolfo Montiel, Teodoro Cabrera, Isidro Baldenegro y Wilfrido Álvarez se han hecho tristemente célebres. Ellos, al lado de comuneros de diversas regiones del país, decidieron defender sus bosques. Esta labor loable tuvo una lamentable respuesta: represión, tortura, encarcelamiento y en algunos casos la muerte, sólo por oponerse a quienes se dedican a cortar árboles por negocio".

 

El ahora asesinado había organizado sentadas y marchas no violentas en protesa contra la tala. Fue detenido y acusado por presunto tráfico de droga, pero Amnistía Internacional le declaró preso de conciencia.

 

El asesinato de Baldenegro es el segundo de un ganador de un Premio Goldman a la defensa del Medio Ambiente. Hace un año fue asesinada la activista Berta Cáceres por intentar paralizar un proyecto hídrico en Honduras, su país.

 

Enlace a nuestro artículo sobre el asesinato de Berta Cáceres

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20 enero 2017 5 20 /01 /enero /2017 00:00
Fuente Viñeta: http://www.elconfidencial.com/

Fuente Viñeta: http://www.elconfidencial.com/

Los instrumentos tradicionales con los que cuenta nuestro sistema de protección social se muestran claramente superados ante la realidad creciente que deben proteger. Son ya 771.000 los hogares, y no dejan de crecer, en los que todos sus miembros carecen de cualquier tipo de ingresos salariales (salario, pensión, desempleo, subsidios…); cerca de 2 millones de hogares tienen ingresos per cápita inferiores al 75% del salario mínimo interprofesional (y en ellos viven un total de 6 millones de personas, de los que casi 2 millones son niños); casi 3 millones de familias reconocen que sufren “privación material severa”; es decir, que no pueden acceder a bienes básicos (como calefacción, alimentos, vivienda…). La desigualdad social crece

Informe "El sistema de protección social en España - 2016" (CC.OO.)

Mis lectores y lectoras, a estas alturas de la presente serie de artículos, al menos, creo que habrán sacado la cierta conclusión de que las desigualdades sociales no son inevitables. Gobiernos, instituciones, empresas y organizaciones de la sociedad civil deben tomar parte en el asunto, contribuyendo cada cual en su ámbito para reducir esta tremenda lacra, nacional e internacional. En este sentido, el papel de las ONG's que luchan contra la desigualdad es cada vez más valorado, pero desgraciadamente, no existe la voluntad política al más alto nivel para revertir la gravísima situación que sufrimos. Debemos construir un sistema político y económico, así como un entorno social, que valore a todos los ciudadanos por igual, y que se centre en la justicia social. Hacen falta políticas de redistribución de la riqueza, de mejor reparto de la misma, de manera más equitativa, contrarrestando la peligrosa deriva hacia la que tendemos actualmente. Igualmente, el poder debe ir pasando de manos de las élites hacia las de la mayoría social. A continuación, como un breve resumen, y basándonos en las 9 propuestas que aparecen en el Informe de la ONG Oxfam Intermón titulado "Riqueza: tenerlo todo y querer más", vamos a enumerar las principales medidas que haría falta abordar para atajar esta problemática: 

 

1.- Hacer que los Gobiernos trabajen para los/as  ciudadanos/as y hagan frente a la desigualdad extrema. Entre los compromisos concretos que deberían abordarse están: acordar un objetivo dedicado a erradicar la desigualdad extrema en 2030, organizar comisiones nacionales de desigualdad, realizar una divulgación pública de las actividades de lobby empresariales, y garantizar la plena libertad de expresión y libertad de prensa. 

 

2.- Fomentar la igualdad económica y los derechos de las mujeres. Entre los compromisos concretos que deberían ponerse en marcha, señalamos: establecer una compensación por el trabajo de cuidados no remunerado, acabar con la brecha salarial entre hombres y mujeres, fomentar la igualdad entre mujeres y hombres en los derechos de herencia y sobre la tierra, y recoger datos para evaluar los efectos de las políticas económicas sobre las mujeres y en la infancia. 

 

3.- Pagar a los/as trabajadores/as un salario digno y reducir las diferencias con las desorbitadas remuneraciones de los directivos. Entre los compromisos concretos que pueden alcanzarse, estarían: elevar los salarios mínimos hasta que se conviertan en salarios dignos, avanzar a un ratio entre el sueldo más alto y el sueldo medio de 20:1, promulgar una mayor transparencia con respecto al ratio salarial, y fomentar la protección del derecho de asociación y de huelga de los/as trabajadores/as. 

 

4.- Distribuir la carga fiscal de forma justa y equitativa. Entre los compromisos concretos que deberían alcanzarse, tenemos: trasladar la carga tributaria del trabajo y el consumo al patrimonio, el capital y las rentas derivados de dichos bienes; alcanzar una mayor transparencia sobre los incentivos fiscales, aplicar impuestos nacionales sobre el capital y sobre las transacciones financieras, y explorar la posibilidad de un impuesto mundial sobre la riqueza. 

 

5.- Subsanar los vacíos legales en la fiscalidad internacional y las deficiencias en su gobernanza. Entre los objetivos alcanzables a este nivel, tenemos: definir un proceso de reforma que cuente con la participación, en pie de igualdad, de los países en desarrollo, y la creación de un nuevo organismo mundial de gobernanza para cuestiones fiscales; elaborar informes públicos desglosados por países; formalizar registros públicos de los beneficiarios reales; promover un intercambio multilateral y automático de información fiscal, también con los países en desarrollo que no puedan proporcionar esa información; acabar con la existencia de los paraísos fiscales, a través de una exhaustiva y común lista negra y del establecimiento de las sanciones correspondientes, y obligar a que las empresas tributen en función de su actividad económica real. 

 

6.- Lograr servicios públicos gratuitos y universales para todas las personas, con horizonte en el año 2020. Entre los compromisos concretos donde se puede trabajar en este apartado, se encuentran: eliminar las tarifas y co-pagos a los usuarios; cumplir con los compromisos de gasto; dejar de conceder subvenciones públicas a la prestación de servicios sanitarios y educativos por parte de empresas privadas con ánimo de lucro, y revisar las ya existentes; excluir los servicios públicos y los medicamentos de los posibles acuerdos de comercio e inversión que puedan firmarse en el contexto internacional. 

 

7.- Modificar el sistema mundial de Investigación y Desarrollo (I+D) y de fijación de los precios de los medicamentos para garantizar el acceso de todas las personas a medicamentos adecuados y asequibles. Entre los compromisos concretos a este nivel, tenemos: alcanzar un nuevo tratado mundial sobre I+D; incrementar la inversión en medicamentos, incluyendo en genéricos que sean fiables y asequibles; excluir las normas de propiedad intelectual de los posibles tratados de comercio e inversión que puedan firmarse en el contexto internacional. 

 

8.- Establecer una base de datos de protección social universal. Entre los compromisos concretos a este nivel, figuran: desarrollar servicios universales de atención y cuidado de niños/as y de personas mayores; implantar sistemas de ingresos mínimos garantizados (Renta Básica) a través de subvenciones universales por menores a cargo, prestaciones por desempleo y pensiones. 

 

9.- Destinar la financiación para el desarrollo a la reducción de la desigualdad y la pobreza, y fortalecer el pacto entre la ciudadanía y sus Gobiernos. Entre los compromisos que pueden alcanzarse a este nivel, figuran: incrementar la inversión de los donantes en servicios públicos gratuitos y en la movilización de los recursos domésticos; evaluar la eficacia de los programas en virtud de su manera de apoyar a la ciudadanía para que ésta haga frente a la desigualdad, así como en términos de promoción de la participación democrática. 

 

Valgan estas medidas de corte generalista (algunas de ellas internacionalistas) para conformar un completo catálogo de acciones, propuestas y recomendaciones, que iremos desarrollando en cada bloque temático con más profundidad. Continuaremos en siguientes entregas.

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19 enero 2017 4 19 /01 /enero /2017 00:00
La transmisión del pensamiento dominante (54)

La clave del aprendizaje en la vida está en desaprender lo que es falso

Antistenes (Filósofo griego)

A estas alturas, ya deben tener claro los lectores y lectoras de esta serie de artículos, que los medios de comunicación hegemónicos, asociados a los grandes agentes del capitalismo transnacional (bancos, grandes corporaciones, fabricantes de armas, etc.), buscan destruir la pluralidad de voces y discursos, instalando las consignas del pensamiento dominante, relacionado con los dogmas del neoliberalismo. Y así, Occidente ha creado toda una extensa red de medios poderosos, con tentáculos en los demás modelos de negocio, empeñados en imponer su narrativa a toda costa. El Tiempo o El Espectador (Colombia), El Comercio (Ecuador), El Mercurio (Chile), La Nación o Clarín (Argentina), El Universal o Televisa (México), El Mundo o ABC (España), O Globo (Brasil), o Grupo Prisa (España), son buenos ejemplos de ello, a los que podemos añadir CNN, y otros muchos. No tienen ningún reparo en sembrar miedos, mentiras y calumnias, vertiendo sospechas y acusaciones sin fundamento. A través de destructoras editoriales, los grandes medios son capaces de cambiar gobiernos, llegando al linchamiento mediático de determinadas ideas o personas, a través de afirmaciones sin pruebas, ocultaciones, medias verdades o informes sesgados e interesados. Tales son sus únicas armas, pero suficientes para controlar los resortes del poder. El filósofo mexicano Fernando Buen Abad ha acuñado el concepto "Plan Cóndor mediático" para referirse al poder de estos grandes medios, asemejándolo a aquél que ejecutaron las dictaduras militares del Cono Sur, en los años 70, a las órdenes de Estados Unidos. 

 

Las grandes corporaciones mediáticas tienen el poder para desestabilizar gobiernos (tal como está ocurriendo en Venezuela), o demonizar a ciertos líderes que representan intereses contrarios a los que ellos defienden. Este peligroso periodismo basura está auspiciado por el poder, por lo cual sus grandes jerifaltes se sienten impunes para verter toda la mierda mediática de que son capaces, sin despeinarse, a través de un ejército de pseudoperiodistas (más bien gacetilleros) a su servicio. A través de este constante bombardeo mediático sobre las mentes de la mayoría social, se van conformando ideas, actitudes, pensamientos, estereotipos mentales, y todo un imaginario social colectivo que bendice el pensamiento dominante, y relega todo pensamiento alternativo a una opción residual e insignificante. Fernando Casado ha creado el término "Antiperiodistas" para bautizar a los que se dedican profesionalmente a esta bazofia e intoxicación mediática. La democratización de los medios es, pues, una tarea imperiosa y urgente, si queremos acotar el poder de este pensamiento dominante. Pero como ya avanzábamos en el artículo anterior (siguiendo al gran maestro Carlos Fernández Liria), se confunde aquí  muy interesadamente la idea de una prensa estatal con la idea de una prensa gubernamental (es decir, al servicio del gobierno de turno). Pusimos algunos ejemplos en el artículo anterior, al que remito a los lectores y lectoras. Es tan absurdo como afirmar que la enseñanza pública es gubernamental, y además se corre el riesgo (que es justo lo que los grandes medios privados pretenden) de desacreditar toda iniciativa pública. 

 

Pero como estamos demostrando, una prensa privada (con el poder y la extensión de que hoy goza) es tan incompatible con la libertad de expresión como una justicia privada lo sería en relación a la justicia. De hecho, lo estamos comprobando con la sanidad, que está privatizándose ("externalizándose" según ellos) a pasos agigantados, y comprobamos que a medida que dicho proceso avanza, avanza también la desafección de los pacientes, la baja calidad de los servicios, y el desmantelamiento de recursos (camas, hospitales, profesionales, especialidades, etc.). Lo que queremos decir con la opción de unos medios de propiedad social (y ello sólo es una opción de todo el catálogo de medidas que se pueden poner en marcha) es que los periodistas deberían acceder a los medios de producción de información y comunicación a través de un sistema de oposiciones (medido por los criterios de igualdad, mérito y capacidad, como en cualquier otra área), mediante tribunales que juzgaran en sesión pública según baremos oficiales aprobados por el poder legislativo. De esta forma tendríamos un cuerpo público de periodistas, al igual que lo tenemos de médicos, de abogados, de jueces o de profesores. La independencia y la profesionalidad estarían más garantizadas. Ejercerían sus funciones profesionales sin temor al despido, sin la presión de los dueños de los grandes medios y de sus espurios intereses. De esta forma, el concepto de libertad de prensa, para dicho cuerpo, se asemejaría al de libertad de cátedra en la enseñanza pública. Sin embargo, si no nos escandalizamos porque exista la libertad de cátedra...¿por qué habríamos de hacerlo con la libertad de prensa enfocada de esa forma? 

 

La creación de un polo de medios públicos de comunicación realmente independientes, que no sean la marioneta del Gobierno de turno, es pues una labor imprescindible y fundamental para desarrollar nuestros derechos (a la información) y nuestras libertades públicas (de prensa) en una sociedad que se autodenomina democrática, como la nuestra. Pero como decíamos anteriormente, no es la única medida a abordar en el contexto de los medios masivos de información. Hemos igualmente de garantizar un reparto equitativo del espectro radioeléctrico (para garantizar que no existe hegemonía ni de medios públicos ni de medios privados), hemos de incluir el principio de veracidad informativa en nuestra Constitución, y hemos de impedir que el sector financiero y la gran patronal tengan participaciones en el capital de los medios. Todo ello confluye en un proceso democratizador de los medios de comunicación, acabando con el inmenso poder de los oligopolios mediáticos, y creando una serie de garantías de profesionalidad y decencia en los propios contenidos informativos. Hay que volver a instalar el rigor y la calidad periodística, la veracidad y la pluralidad en la información, asegurando el eco de todas las voces. Quizá la propuesta más justa sería el reparto del espacio radioeléctrico en tres tercios equivalentes, del siguiente modo: un tercio para los medios públicos, otro tercio para el negocio privado, y una tercera parte para los medios comunitarios (que son los grandes olvidados en el sistema actual). 

 

Entrevistado sobre este asunto por Enric Llopis para el medio Rebelion.org (del cual fue uno de los fundadores), el gran escritor y periodista Pascual Serrano, autor de imprescindibles libros sobre los medios de comunicación (como por ejemplo "Medios democráticos. Una revolución pendiente de la comunicación"), tanto en nuestro país como en la escena internacional, y a tenor de las medidas propuestas en el párrafo anterior, Serrano reflexionó en los siguientes términos: "Son medidas que se han aplicado en Ecuador, Bolivia, Uruguay, Argentina y Venezuela. Tiene un efecto colateral, inevitable: que en algunos lugares los movimientos sociales que se queden con ese tercio [se refiere al tercio reservado para los medios comunitarios] no sean representativos. En Brasil, por ejemplo, las iglesias evangelistas se han hinchado de medios comunitarios. Es el problema cuando no existe una sociedad [civil] organizada. También es muy importante que sectores bancarios, políticos e iglesias no puedan ser dueños de medios de comunicación. Es un principio que figura en la Constitución de Ecuador, y que después se incorporó a la legislación venezolana. Por último, garantizar la veracidad de la información, tal como establece el Artículo 20 de la Constitución Española, pero no se cumple ni existe una ley que lo desarrolle. Este principio viene recogido en el Decreto de aplicación de la Ley de Responsabilidad Social de Radio y Comunicación de Venezuela, la Ley de Radiodifusión y Televisión de Ecuador, y la Ley de Lucha contra el Racismo y Toda Forma de Discriminación de Bolivia". Por tanto, tenemos referentes donde mirarnos. Pero como siempre, necesitamos la fuerza de la gente y la voluntad política para implantar todas estas medidas. Continuaremos en siguientes entregas.

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18 enero 2017 3 18 /01 /enero /2017 00:00
Presidencia de Obama: un balance crítico

Tal es la triste y cruda realidad del desastre de Obama, quien llegó con los mejores auspicios y legó un mundo en pleno caos y a su país más fracturado que nunca

Alfredo Jalife-Rahme

Mírate al espejo y pregúntate que has hecho desde ese cargo que has detentado los últimos ocho años, el más poderoso del mundo. Se entiende que hayas encanecido rápidamente, porque la verdad es que has sido la gran decepción de los últimos tiempos. Siempre pensé que la “Obamamanía” que se desató con tu elección era una soberana estupidez, producto del colonialismo mental que afecta a intelectuales, académicos, comunicadores sociales y políticos de casi todo el mundo. Pero nunca llegué a pensar que en la Casa Blanca te iría tan mal

Atilio Borón

El próximo día 20 finaliza definitivamente el doble mandato del primer Presidente negro de los Estados Unidos de América, Barack Hussein Obama. Le relevará en el cargo un Presidente blanco, supremacista, racista, ignorante y misógino, típico producto del capitalismo brutal de nuestra época, como es Donald Trump. Pero en el presente artículo vamos a ocuparnos, a modo de balance, de la nefasta presidencia de Obama, de sus sombras, de sus ineptitudes, de sus promesas incumplidas, de sus metas y objetivos defraudados, de su mediocridad. Y es que Obama ha sido, sobre todo, un poderoso producto de marketing, un político de diseño que engañó a su pueblo y al mundo bajo promesas de desmilitarización y defensa de las libertades que nunca cumplió, que ha superado en gran medida los límites ya indecentes de pasados gobiernos norteamericanos, y que no sólo no ha finalizado las guerras ya abiertas al comienzo de su mandato, sino que las ha multiplicado, en diferentes frentes, y que además ha promulgado legislación nefasta para la población más desfavorecida. Por no ser injustos, también reconoceremos (dentro de sus limitaciones) las pequeñas luces del mandato de Obama, tales como el sistema Obamacare de aseguramiento para la atención sanitaria (que no de un verdadero sistema sanitario universal), el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba, el acuerdo nuclear con Irán, y algunos otros logros sociales de pequeño alcance. 

 

Hace 8 años se presentaba al mundo como el 44 Presidente de los Estados Unidos, pero no como un Presidente más, sino como el primer Presidente afroamericano de la historia de USA. Prometió a los votantes estadounidenses que pondría fin a las guerras de ocupación abiertas en ese momento, que cerraría la prisión ilegal de Guantánamo (más bien un centro de tortura), que acabaría con la opacidad y el secretismo de la Administración, que defendería las libertades civiles, que protegería a los poseedores de hipotecas estafados por los banqueros de Wall Street, que aprobaría una reforma sanitaria, una reforma migratoria, otra financiera, y que abriría Estados Unidos al resto de culturas del globo. Obama despertó grandísimas ilusiones entre la gente de color (de hecho le votaron 9 de cada 10 estadounidenses negros), que por fin podrían tener a alguien que les representara en el Despacho Oval, y se encargara de cumplir las promesas de la revolución de los derechos civiles. Prometió poner fin a la violencia racial y a las desigualdades sociales, así como acabar con las violaciones de las libertades y derechos básicos de la población por parte del Estado. Tardó poco en ir defraudando en cada una de las promesas electorales. Aunque mantuvo siempre su temple, su estilo y su carácter afable y personal, su balance en la presidencia deja mucho que desear. Barack Obama ostenta el récord de promesas rotas, pues ha dejado en la cuneta más intenciones y de mayor calado que cualquiera de sus predecesores en el cargo. 

 

En el aspecto económico y social, Barack Obama no se ha salido ni un ápice de los mandatos del dogma neoliberal. Su política económica ha estado muy bien vista por los gigantes de Wall Street, ya que los banqueros recibieron más de 900 mil millones de dólares para salvarse de la crisis que ellos mismos provocaron en 2007-2008, justo al comienzo de su mandato. En el terreno internacional, Obama lanzó o continuó un total de 7 guerras, destruyendo países como Libia, Siria y otros de Oriente Medio. Su política de acoso policial y racista hacia los afroamericanos ya fue objeto de un análisis por nuestra parte en este artículo, al cual remito a los lectores y lectoras interesadas. Por otra parte, su política de hostigamiento hacia el gigante ruso se ha llevado a efecto a través de la expansión de la OTAN (bases militares incluidas) en los países satélites de la antigua órbita soviética, así como en los intentos de alejamiento de Ucrania de la órbita de influencia rusa. Hoy día, cientos de carros de combate, tanques estadounidenses, vehículos blindados y camiones de guerra se están colocando muy cerca de la frontera rusa, en una clara actitud de amenaza, mientras se demoniza a Vladimir Putin y a toda su administración. Asímismo, y aunque canalizó unas nuevas intenciones de normalizar las relaciones diplomáticas con Cuba, siendo el primer Presidente estadounidense en visitar la isla en más de 60 años, lo cierto es que el terrible bloqueo comercial continúa en vigor, y la prisión de Guantánamo no se ha cerrado, ni su terreno ha sido devuelto a Cuba. Por otra parte, Obama posee el récord de expulsiones de inmigrantes indocumentados bajo su mandato (cerca de 3 millones), y las tremendas desigualdades entre ricos y pobres se han acrecentado durante los 8 últimos años. 

 

En lo que concierne al eterno asunto palestino-israelí, retomo las palabras de Nazanín Armanian cuando ha sentenciado que: "Obama es el Presidente de EE.UU. que más apoyo diplomático, económico y militar ha prestado al régimen israelí: vetó dos resoluciones en 2011 y 2013 que condenaban los asentamientos ilegales de Israel y se negó a reconocer el Estado Palestino. Luego, sin rubor, respaldó la brutal agresión de Israel a Gaza en 2014 y firmó un paquete de ayuda militar a este país por valor de 40.000 millones de dólares (sacados del bolsillo de los norteamericanos), mientras presionaba a los palestinos que debían "portarse bien" tragando bombas, como condición previa de iniciar el proceso de paz. La cuestión palestina es otro de los grandes fracasos de Obama en su política exterior" ("Israel, la resolución 2334 y la última burla de Obama a los palestinos", Nazanín Armanian, Publico.es). Con todo ello, si la intención de Obama era dejar un legado relevante al mundo después de su mandato, es evidente que no lo ha conseguido. Washington no ha variado ninguno de sus grandes ejes de actuación histórica, ni el país ha abandonado ninguna de las características que le han hecho permanecer en un estado de guerra permanente. Obama se ha comportado, al igual que sus antecesores, como un fiel servidor de los poderes y clases dominantes. 

 

Como reconoce Gene Healy en este artículo para el medio Laexcepcion.com, en la campaña de drones y en la actual guerra contra el Estado Islámico (ISIS), Obama ha transformado una resolución del Congreso de hace 14 años dirigida contra Al-Qaeda y los talibanes en un cheque en blanco para la guerra sin límites, en cualquier lugar del mundo. Obama no puede presumir, precisamente, de un legado pacifista. Reconoció abiertamente en una entrevista que "...a veces, para conseguir lo que queremos, nos vemos obligados a torcerle el brazo a ciertos países", en lo que resultó ser una clara confesión de la actitud de gendarme mundial que se autoasigna Washington. Pero no quedan ahí los "méritos" del primer presidente negro: declaró a Venezuela como una "amenaza para la seguridad nacional de los Estados Unidos", instigó y ayudó a los Golpes de Estado blandos (y menos blandos) de Paraguay (Presidente Lugo) y Honduras (Presidente Zelaya), y se tienen sospechas de que también está detrás del derrocamiento por vía parlamentaria de la ex Presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, así como de las campañas de desprestigio del ex Presidente Lula da Silva, y de la ex Presidenta de Argentina, Cristina Fernández. Por otra parte, las campañas de espionaje masivo por parte de la Agencia de Seguridad Nacional a líderes políticos de ámbito internacional, se han multiplicado durante el mandato de Obama, dejando en evidencia una Administración opaca, indecente y corrupta. Mientras, auténticos héroes como Julian Assange, Chelsea Manning o Edward Snowden son ferozmente atacados y perseguidos por denunciar los tremendos niveles de corrupción y opacidad de la Administración norteamericana. 

 

A nivel interno, como decíamos, los salarios de los altos ejecutivos se han disparado. Con Obama los ya ricos se han vuelto más ricos (ya que también les ha bajado los impuestos), y los pobres se han vuelto más pobres (ya que también ha recortado en ayudas sociales). Su reforma sanitaria, absolutamente insuficiente, se plegó a los intereses de las grandes compañías médicas y farmacéuticas, renunciando a implantar un verdadero Sistema Público de Seguridad Social, universal y gratuito. Tampoco alcanzó a aprobar las medidas de protección del medio ambiente que había prometido. Su tan traído y llevado lema de campaña, "Yes, we can" se quedó sólo en eso, en un lema vacío y sin sentido. Intentó por todos los medios, aunque afortunadamente no lo consiguió, cerrar y aprobar el peligroso Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea, el famoso TTIP. Lo máximo que nos parece plausible concederle a Obama es que quizá fue un gobernante con algunas buenas intenciones, pero sin las agallas suficientes como para llevarlas a cabo. La última desfachatez de su Gobierno ha sido echar las culpas a Rusia de la victoria electoral de Donald Trump. Toda una osadía y un ejercicio de supina hipocresía, cuando es precisamente el Gobierno de EE.UU. el más injerencista de todos los tiempos. En fin, Obama se marcha sin pena ni gloria, como otro Presidente más del mismo sistema que USA representa para el mundo. Un Presidente como otro cualquiera (quizá peor) de la ya larga lista, con las mismas políticas, con los mismos errores, con los mismos enfoques, con la misma retórica. Y todo ello aún a pesar de ser negro. 

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17 enero 2017 2 17 /01 /enero /2017 00:00
Viñeta: Portada del documental del mismo título de Miguel Hernández y Luis Pla

Viñeta: Portada del documental del mismo título de Miguel Hernández y Luis Pla

El caldo de cultivo eran los matrimonios de familias acomodadas que no podían tener hijos; también la indecencia y la miseria en España. Se ponían en contacto con personas conocidas que les podían facilitar contactos y un hijo. Se desplazaban hasta la ciudad pactada y se hacía el intercambio en casas (pensiones) o parques. Mandaban a una matrona o auxiliar de enfermería de su propia ciudad, que falsificaba, previo pago, el certificado de alumbramiento y con él acudían al registro civil donde inscribían al bebé como propio. Todo por unas 50.000 pesetas de las de entonces. Aquí, en la esquina de mi calle, había una «Pensión», en donde las madres «patera», esperaban el momento del parto, antes de acudir a la maternidad de Santa Cristina y allí se consumaba la acción

Víctor Arrogante

Y otra manifestación no menos importante de la represión y barbarie franquista fue el fenómeno que se ha dado en llamar de los "bebés robados", que ha sido quizá la última faceta en reconocerse como crimen del catálogo de la dictadura. En efecto, a muchas mujeres de este país les robaron sus bebés recién nacidos durante la dictadura (a partir de los años 50-60), pero esa práctica continuó incluso después de fallecido el dictador, ya que existen casos documentados incluso en la década de los 80. El franquismo, en su abominable afán de controlar ese "gen marxista" (que según el psiquiatra oficial del régimen, Antonio Vallejo-Nájera, habitaba en las mentes de las madres republicanas), saqueó también las cunas de los hospitales de la época, y entregó los bebés a familias que comulgaban con el perverso ideario fascista del régimen. Al principio la motivación era encontrar ese "gen rojo" y destruirlo. Se estimaba que si el vínculo de conexión de los hijos con sus madres se rompía, vendiendo los bebés a otras familias, la "mala influencia" del pensamiento republicano no afectaría a dichos niños y niñas de la época. Y así, la victoria fascista encumbró también prácticas nazis en los hospitales. En palabras de Alfons Cervera: "Médicos, curas y monjas se aliaron en esa mafia cruelísima que se dedicó a robar bebés nada más salir del viente de sus madres y mandarlos como arrugados animalitos en un taxi a las casas pudientes del régimen". 

 

Como estamos pudiendo comprobar, el relato de las crueldades del régimen se vuelve vomitivo e insoportable. Detrás de aquéllas aparentemente inocentes y adorables monjitas, se escondía toda una brutal práctica de tráfico de bebés (tanto que ellos critican el aborto por considerarlo un crimen), perfectamente orquestada hasta sus últimos detalles por las directrices de los jerifaltes franquistas. A las madres biológicas les decían que sus hijos habían muerto al nacer, y que los habían enterrado para que los padres no sufrieran más. Pero lo que la banda mafiosa de ginecólogos, curas y monjas metían en las pequeñas cajas de madera eran restos de carne descuartizada, incluso trozos de cuerpos adultos (para que pesara un poco). Y nuestra justicia (siempre fiel al poderoso) hasta ahora ha escurrido el bulto, ha mirado para otro lado, ha dado sentencias de prescripción de los delitos (hace pocos días una madre angustiada decía que "una relación madre e hijo no prescribe nunca", y qué razón tenía), y no ha dejado de poner palos en las ruedas para que estos casos no se investiguen. Poco a poco se van conociendo más detalles de aquéllas macabras práticas, la mayoría de la documentación que podría probar lo que se hacía y cómo se hacía está en poder la Iglesia...¡Y con la Iglesia hemos topado!, como reza el famoso refrán. Ya sabemos la reacción de las autoridades españolas en todo lo que tenga que ver con el franquismo: siempre han intentado proteger aquélla etapa, entorpeciendo las investigaciones y la defensa de las víctimas, y por supuesto, no concediendo ningún apoyo oficial ni partida presupuestaria. 

 

Así que hasta ahora, nuestros indecentes gobernantes han preferido  mirar para otro lado, dejando tan ardua tarea al propio esfuerzo de las asociaciones de víctimas y afectados por dicha violación de los más elementales derechos humanos durante décadas. Como decíamos más arriba, parece ser que el origen de esta aberración hay que buscarlo en una especie de "ingeniería social" mediante los experimentos llevados a cabo por el Jefe de Psiquiatría del Ejército, el Doctor Vallejo-Nájera, con las presas republicanas en Málaga. Su fobia, nada científica, aunque quisiera revestirla como tal, hacia las ·"rojas" le valió para concluir que los republicanos y anfifascistas no podían criar hijos "sanos" para el nuevo Estado surgido del Alzamiento Nacional, y que por tanto resultaba lícito socialmente arrancarlos de los brazos de sus madres encarceladas. Este personaje fascista de la época afirmaba que estos niños, al igual que sus padres, eran portadores de un gen marxista (calificaba a la gente de izquierdas como "débiles mentales"), y que por tanto, era necesario apartarlos de esa nefasta influencia. Durante esta primera etapa, fue fundamental el papel prestado por diversas Instituciones políticas y religiosas de la época, como la falangista Auxilio Social, Casa Cuna o la misma Iglesia Católica. Eran frecuentes además instituciones del tipo de los orfanatos, hospicios o inclusas, algunas de las cuales también se hicieron cómplices de estas prácticas atroces. Y así, los niños y niñas que salían de las cárceles, o eran arrebatados a sus familias, eran destinados en  principio a este tipo de instituciones de "reeducación", dentro de las cuales soportaban auténticos infiernos. 

 

Estos actos de barbarie perpetrados por las autoridades del régimen fascista de Franco llevaron a que el Servicio Exterior de Falange llegara a secuestrar, en la Francia sometida al dominio nazi, alrededor de 20.000 niños y niñas, hijos e hijas de republicanos españoles exiliados, para entregarlos a familias afectas al régimen. En el fondo, como vemos, estamos ante un auténtico y aberrante proceso de interceptación desnaturalizadora de los progenitores legítimos hacia sus hijos, para impedir tener que luchar contra nuevas generaciones de "rojos". Pero esta fue la motivación únicamente durante la primera etapa, porque posteriormente, aquélla operación de secuestro devino en gran oportunidad de negocio, en la que la connivencia de los sectores hospitalarios y sobre todo religiosos, llevaron a que un número quizá más difícil de determinar de recién nacidos (han llegado a estimarse en 300.000 casos) acabaran perdiendo su identidad y sus raíces, en una macabra operación que combinó el odio y el lucro por parte de una pandilla más o menos amplia de impresentables gobernantes, de fanáticos religiosos y de irresponsables y corruptas autoridades. Es otra vertiente del régimen de terror y de exterminio ideológico protagonizado por la dictadura. Pero es lógico pensar que un fenómeno que se extiende durante tanto tiempo, evolucionara la tipología de sus prácticas, y así, si al principio las víctimas habían sido presas políticas y sus respectivos hijos e hijas, después se aplicó sobre madres solteras de la época, y sobre madres vulnerables económicamente, de pocos recursos, para cumplir con lo que la perversa moral franquista imponía, esto es, castigar a quiénes habían cometido la osadía de embarazarse sin marido y a la vez "proveer" de descendencia a quiénes tenían familias "bien constituidas", todo ello, claro está, según los rígidos cánones morales de la dictadura. 

 

Con el tiempo, se pasó por tanto de la inicial maquinaria del horror que comenzó a instalarse durante la Guerra Civil, con las primeras presas políticas de la época, a toda una práctica generalizada que continuó perfeccionándose al calor de las necesidades y el curso que fueron tomando las políticas del dictador a lo largo de sus casi cuarenta años de régimen represor y totalitario. Y así, en un contexto rodeado siempre del miedo y del silencio, como todo lo que ocurría en la vida pública franquista, el robo de niños recién nacidos, si bien comenzó como una purga o castigo aleccionador, fue después mutando sus intereses de acuerdo con las necesidades imperantes de las clases dominantes de la época. Normalmente, el relato posterior que estos bebés recibían, cuando ya eran más mayores, solía ser la confesión de que habían sido adoptados, y de que sus padres habían muerto en cualquier accidente. El marco jurídico de la época propiciaba, sobre todo para el caso de las madres republicanas, que sus hijos quedaran bajo custodia del Estado, que permitía incluso el cambio de apellido de esos niños. Eso en las cárceles, pero en los hospitales, las madres legítimas eran vilmente engañadas, bajo cualquier pretexto médico, y sus bebés eran entregados a otras familias, que pagaban muy bien por ello. La motivación económica fue relegando entonces a la motivación ideológica, y se convirtió en un prometedor negocio, que necesitaba más y más niños para poder continuar. Se estimulaba hormonalmente a las madres para que pudieran volver a quedar embarazadas pronto, y se animaba a los padres jóvenes a tener más hijos, mientras se continuaban perpetrando dichos robos. Continuaremos en siguientes entregas.

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16 enero 2017 1 16 /01 /enero /2017 00:00
Fuente Viñeta: http://sp.depositphotos.com/

Fuente Viñeta: http://sp.depositphotos.com/

La humanidad se extermina a sí misma, no hay bondad o maldad natural, hay una enorme falta de conciencia del hecho simple y fundamental de que todos y cada uno de nosotros es un ser humano con derecho a la dignidad

Cristóbal León Campos

La guerra sucia contra Irán del gigante norteamericano y de sus socios y aliados occidentales es otro gran caballo de batalla, que enciende el foco de los conflictos internacionales. Con la obsesión de Washington de controlar todo lo que hacen el resto de países, se firmó en Suiza en julio de 2015 un acuerdo nuclear entre Irán y el G5+1 (conformado por Rusia, China, Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Alemania) para poner bajo control la actividad atómica de Irán y sus procesos de tratamiento del uranio. Tras dicho acuerdo, el país islámico ha cumplido cada uno de los puntos del referido acuerdo, mientras continúa una guerra sucia a través de la presión, intensificación y prórroga de las sanciones políticas y económicas ya impuestas por USA mucho antes de la firma del tratado. Y es que como venimos contando, las continuas violaciones de Washington de todos los acuerdos, convenios y tratados (a los que se unen los no ratificados) es algo absolutamente normal para su Administración, lo cual genera un continuo clima de incertidumbre e inestabilidad en prácticamente todo el planeta. Y no parece que bajo la nueva Administración de Trump (donde el Gobierno de USA lo gestionará una petrolera, ya que el próximo Secretario de Estado es el Presidente de Exxon) vayan a cambiar los parámetros injerencistas, desestabilizadores, promotores de Golpes de Estado e impulsores de genocidios por todo el globo que patrocina USA.

 

Y es que, tal y como se señala en este artículo del medio Prensa Islámica: "Antes del triunfo de la Revolución Islámica [se refiere a la revolución de los Ayatolás de 1979], Irán y Arabia Saudita eran considerados los dos pilares de la estrategia de Estados Unidos en Oriente Medio y el Golfo Pérsico. La Revolución Islámica puso fin, de una vez por todas, a la dominación de la monarquía en Irán, y como resultado de ello, EEUU perdió a un principal aliado y a uno de los dos pilares de su política en la región. Obviamente, los políticos estadounidenses, pese a sus afirmaciones en apoyo de la libertad y de la democracia, no podían tener unas relaciones normales con un gobierno revolucionario que había acabado con el dominio de la Casa Blanca sobre Irán. Estados Unidos no sólo perdió al régimen monárquico al que apoyaba en Irán, sino que se vio enfrentado a un sistema de gobierno cuyo lema estratégico era "independencia, libertad y república islámica". Para EEUU era doloroso que la República Islámica deseara la libertad no sólo para el pueblo musulmán de Irán, sino para todas las naciones bajo opresión, especialmente en la geografía del mundo islámico". Todo esto entronca con las tesis que hemos venido defendiendo desde los primeros artículos de esta serie, que no son otras que las que defienden que los verdaderos motivos de las guerras y los conflictos bélicos no se deben a la maldad ni al carácter terrorista de algunos pueblos, sino a los deseos de intervención y de injerencia de las grandes potencias mundiales en los asuntos internos de terceros países, cuando dejan de servir a sus intereses. 

 

Y hoy día, además, como nos señala Pablo Jofré Leal en este artículo para el medio Hispan TV, ese odio contra Irán se ha intensificado por el apoyo que dicha República Islámica otorga a la lucha del pueblo palestino (enfrentado históticamente a Israel, el otro gran aliado incondicional estadounidense), y sobre todo por el hecho del apoyo a las fuerzas de los gobiernos sirio e iraquí en su lucha contra el ISIS. Porque como también hemos insistido ya anteriormente, el Daesh no es más que un instrumento de agresión contra las sociedades árabes que desean iniciar un recorrido de paz y de libertad, que actúa desde el Magreb hasta el Levante Mediterráneo, pero que ha encontrado en Siria un hueso duro de roer. Desgraciadamente esta hostilidad va a continuar, pues la nueva Administración Trump está compuesta por empresarios, halcones y multimillonarios de conocido carácter belicista. De hecho, y hasta ahora, las terribles declaraciones de intenciones de Trump van en la línea de rechazar el acuerdo nuclear con Irán, hostigar comercialmente a China, continuar la guerra climática y revertir los avances para la normalización de sus relaciones con Cuba. Quizá el único punto positivo de su alegato sea la intención de colaborar activamente con Rusia, aunque veremos en qué queda y cómo se conforma todo ello. El panorama es ciertamente desesperanzador. Porque lo más probable es que las acciones de guerra sucia continúen por todos sus medios. Y es que pueden más los intereses estratégicos, comerciales, energéticos, armamentísticos, etc., que los verdaderos objetivos de una política pacifista, que no interesa para nada, y se esconde bajo grandilocuentes palabras. 

 

Pero en el frente europeo, nuestros líderes políticos son tan incompetentes y fanáticos como los norteamericanos. En Francia, en Gran Bretaña (siempre aliada incondicional de Washington), en España, en Italia, en Bélgica, en Alemania, etc., nos encontramos con toda una legión de políticos nefastos, ignorantes y fallidos que empujan a Europa hacia el desastre de la mal llamada "guerra contra el terrorismo". En las grandes ciudades europeas, políticas de blindaje de los espacios públicos, controles de seguridad y recorte de derechos y libertades básicas campan por doquier, bajo la excusa de la protección frente a los ataques terroristas, ataques provocados por nuestros mismos gobiernos, bien por acción o por omisión. Porque quien calla y se alinea cobardemente contra los agresores, también es cómplice de dicha barbarie. Proclaman soberbiamente a los cuatro vientos que nada puede explicar que se mate en terrazas de bares, en aparcamientos públicos o en mercadillos populares, mientras ellos contribuyen diariamente a las matanzas de miles de civiles inocentes en los países en conflicto. Una estrategia absolutamente hipócrita, abyecta y cruel. Que conste que no estamos disculpando a los terroristas que empotran sus camiones contra la inocente muchedumbre, sólo estamos intentando explicar por qué se produce, aunque el Primer Ministro francés, Manuel Valls, afirme que "Explicar ya es un poco disculpar". Pues no, señor mío, a intentar explicar los motivos de tanta sangre derramada es a lo que nuestros gobernantes se deberían dedicar, en vez de lanzar soflamas infantiles, absurdas y reduccionistas, como las de que "el mal existe en el mundo" (Barack Obama dixit). 

 

Por tanto, asumamos nuestras responsabilidades (las de cada país) en la situación internacional, renunciemos a esta absurda "guerra contra el terrorismo" (que no es más que un invento propagandístico), y encaremos la senda del pacifismo desde una revolución interior y exterior, desde un cambio de políticas, desde una concepción de las relaciones entre los diferentes países enfocada bajo otros parámetros. Porque bajo ese absurdo pretexto de la guerra contra el terrorismo, se han perpetrado los más graves atentados contra la soberanía de los países, contra el conjunto de su población, las más cruentas invasiones neocoloniales, y las más feroces venganzas. La senda del pacifismo debe andar el camino diametralmente opuesto. La senda del pacifismo es incompatible con un Occidente "civilizado y libre", pero que es parte esencial del mundo bélico porque suministra armas y mantiene guerras petroleras y por los recursos naturales en los países que las poseen. La senda del pacifismo pasa por reconocer la humanidad de todas las culturas, de todos los seres humanos, de todos los habitantes del planeta, sin distinción de raza, sexo, cultura o religión. La senda del pacifismo pasa por reconocer que es Occidente quien más contribuye históricamente al terrorismo, a los conflictos bélicos y a las intervenciones armadas, y por admitir que bajo ese manto de "cooperación, de democracia y de derechos humanos", que tanto dicen respetar, ocultan perversas campañas de hostigamiento, aislamiento y ataque a los valores y culturas de otros pueblos. Continuaremos en siguientes entregas. 

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13 enero 2017 5 13 /01 /enero /2017 00:00
Arquitectura de la Desigualdad (XX)

Me pregunto en qué clase de sociedad vivimos, qué democracia tenemos donde los corruptos viven en la impunidad, y al hambre de los pueblos se la considera subversiva

Ernesto Sábato (“Antes del fin”)

A la creciente desigualdad de las últimas décadas se ha unido la explosión causada por la crisis desde 2007-2008 en adelante, que ha sido aprovechada como excusa para desmontar prácticamente todos los pilares de nuestro raquítico Estado del Bienestar, y para llevar a cabo crecientes olas privatizadoras de servicios públicos. Se han atacado derechos humanos fundamentales (trabajo, sanidad, educación, renta básica, alimentación...), y se han polarizado de forma brutal las desigualdades. Carlos Pereda, del Colectivo Ioé, en el informe para el Barómetro Social citado como referencia en el artículo anterior, nos indica que las políticas antisociales adoptadas para abordar la crisis han generado gravísimos problemas para un amplio sector de la clase trabajadora, muy especialmente para quienes se encuentran en paro, sobre todo si no reciben ningún tipo de prestación (hoy día el 47% de los casi cuatro millones de personas desempleadas). Pero no contentos con ello, las contrarreformas laborales y sociales practicadas han dejado también en la estacada a los que hoy poseen un empleo, que se han convertido en trabajadores pobres, incapaces de poder vivir dignamente con su sueldo. A partir de 2010, los salarios y la renta disponible de los hogares cayeron a ritmo creciente, y la población en situación de exclusión ha aumentado en más de un millón de personas. 

 

Las subidas de impuestos, focalizadas en los impuestos regresivos (los que paga igual todo el mundo), como las subidas del IVA, de la electricidad o del transporte, junto a la práctica congelación de las pensiones (en realidad una ridícula e indecente subida de un 0,25%), han contribuido también a reducir el poder adquisitivo de gran parte de la población. El resultado lo podemos observar claramente, a pesar de los múltiples intentos por parte de nuestros gobernantes para hacernos ver una realidad distinta: los pobres son cada vez más pobres, y los ricos más ricos. Esta enorme polarización ha acabado prácticamente con la ilusión de la "clase media", a la que gran parte de la población se adscribía en los buenos tiempos de bonanza económica, una artificialidad que duró poco tiempo, al no estar asentada sobre justas redistribuciones de la riqueza, y sobre modelos productivos sostenibles. La realidad es hoy día aplastante: millones de familias tienen que optar cada mes entre comer, vestirse, pagar los suministros básicos del hogar o pagar el alquiler o la hipoteca de la vivienda, ya que afrontar todos los gastos a la vez no es posible. Pero gran parte de estos hogares ya no responde a la clásica imagen de la pobreza, sino que han surgido de familias con ingresos medios que se han visto afectadas por situaciones de desempleo de larga duración, que han agotado sus prestaciones por desempleo, u otras ayudas públicas. Entre los grupos mayormente afectados, se encuentran las familias monoparentales, en su mayoría madres solteras o divorciadas, con hijos a su cargo. 

 

Durante estos últimos años de crisis, la desigualdad entre los patrimonios creció a un ritmo mucho mayor que el de la renta, provocando una revalorización patrimonial de más de un billón de euros en el 10% más rico de la población, que concentra la propiedad (y los beneficios y revalorizaciones) de la mayor parte de las acciones empresariales (cotizadas y no cotizadas), los fondos de inversión y otros activos financieros. Sin embargo, en el otro extremo, el 25% de familias más pobres (4,3 millones de hogares, que formaban 12 millones de personas en el año 2011), disponía de un patrimonio medio 87 veces menor que el del grupo anterior, concentrando la mayor parte del desempleo, la pobreza y el endeudamiento. Bastaría, si tuviéramos gobernantes con la sensibilidad y la voluntad política necesarias, que, gracias a una política fiscal realmente redistributiva, esa ratio fuera de 50 veces en lugar de 87, y que la diferencia se reorientara al 25% más pobre de la sociedad, para que éstos multiplicaran su patrimonio por más de 20, reduciendo así las actuales desigualdades. Por su parte, el gasto social en España en relación al PIB (como muy nos destaca Vicenç Navarro en muchos de sus artículos) ha sido siempre inferior a la media europea, incluso después de la ampliación de la UE a 28 países. En conjunto, el gasto público por persona en políticas sociales, después de crecer hasta 2009 a un ritmo interanual entre el 3% y el 6%, experimentó una bajada del 12,6% en los cuatro años siguientes, a raíz del cambio de rumbo introducido por el gobierno del PSOE de Zapatero a partir de 2010 (cuya puntilla fue el cambio del artículo 135 de nuestra Constitución, para blindar el pago de la deuda ante cualquier otro gasto social).

 

De todas las partidas del gasto social,  han bajado sensiblemente las referidas a sanidad y educación públicas (-7 y -9%), y las prestaciones por desempleo (-10% en relación al PIB). La cobertura de las prestaciones por desempleo a las personas en paro ha bajado del 77% en 2007 al 55% en 2011 y al 45% en 2014, como consecuencia del paro de larga duración, y de los contratos precarios, temporales y de muy corta duración que no han cotizado lo suficiente como para adquirir nuevos derechos contributivos. De las restantes partidas sociales, cabe destacar la dedicada a la exclusión social, una de las peor dotadas de toda la política social de nuestros indecentes gobiernos (sólo representó un 0,23% del PIB en 2013). La implantación de una Renta Básica universal, incondicional e individual acabaría con todos estos problemas, pero dejaremos su discusión para el bloque correspondiente. ¿Cuál es entonces el discurso dominante? Pues en complicidad con la Comisión Europea (última garante de que los dogmas neoliberales se cumplen a rajatabla en el continente europeo), las tesis de nuestros gobiernos sostienen que las políticas sociales están sobredimensionadas en relación a la capacidad económica de la Hacienda Pública (recordarán los lectores y lectoras la famosa frase de que "Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades"), y que, por tanto, es imprescindible introducir recortes ("reformas estructurales" en su eufemístico lenguaje), así como procesos de privatización que impliquen una reducción del gasto. Pero la tremenda ofensiva neoliberal disfraza bajo estas medidas un ataque al volumen del Estado, que pretende adelgazarlo, aniquilando sus empresas públicas y estatales, y "externalizando" gran parte de sus servicios públicos, para contribuir a ampliar las posibilidades de negocio de la iniciativa privada. 

 

En definitiva, como nos indica Carlos Pereda, se despliega sin restricciones el modelo social de capitalismo neoliberal cuyos orígenes en el contexto europeo se remontan al Tratado de Maastricht (1992) y al Tratado de Lisboa (2009), después del fallido intento de Constitución Europea de 2006. Mientras la derecha abrazaba la supuesta "modernidad" de nuestro Estado al adscribirse a todos estos tratados, desde la izquierda transformadora denunciábamos la peligrosa deriva neoliberal que se avecinaba, y sus futuras, previsibles y terribles consecuencias. La crisis actual está siendo la ocasión para profundizar en estas políticas, a través de tratados como el Pacto Fiscal o el MEDE (Mecanismo Europeo de Estabilidad, ambos de 2009), que la derecha política y mediática nos disfraza como nuevos niveles de "integración europea". El Pacto Fiscal tiene como objetivo asegurar que los Estados miembros apliquen unas políticas presupuestarias estrictas (donde entra la consabida reducción del déficit público), con sanciones económicas en caso de incumplimiento. Por su parte, el MEDE se encarga de conceder préstamos a los países de la zona euro que no cumplan con sus obligaciones financieras, pero imponiendo como contrapartida estrictas condiciones macroeconómicas y recortes del gasto social, tal como ya ha ocurrido en varios países, siendo Grecia el más paradigmático de todos ellos. En realidad, la Comisión Europea actúa como un buen alumno de la disciplina impuesta mundialmente por el Fondo Monetario Internacional (FMI), organismo surgido del famoso Consenso de Washington para implantar el más fanático neoliberalismo por todo el globo, y vigilar de forma estricta su cumplimiento. Continuaremos en siguientes entregas.

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11 enero 2017 3 11 /01 /enero /2017 00:00
Hacia la superación del franquismo (V)

España tiene un defecto en su cultura democrática y es que el primer paso para declararse demócrata debería ser declararse antifranquista, como en otros países, donde los partidos de izquierdas y de derechas coinciden en algo: son antifascistas

Emilio Silva (Presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica)

La represión franquista fue catástrofe humanitaria y multirrepresión, que quiere decir que el franquismo acosó a los vencidos desde diferentes puntos de vista, por diferentes frentes y en diferentes etapas. Así, no se trataba sólo de eliminarlos físicamente mediante los fusilamientos, sino introduciendo los mecanismos exterminadores del hambre, la humillación, el expolio económico, la ruina de las familias, la persecución, o el exilio forzado de medio millón de personas. Todo un acoso y persecución ideológica al completo, lo cual es exactamente lo que significa un genocidio. Tras el Golpe de Estado de 1936, en España, la represión franquista no sólo encarceló y asesinó, también utilizó el destierro como forma de castigo. Personas de unas regiones fueron obligadas a desplazarse a otras en las que, sin conocer a nadie, tuvieron que luchar por su supervivencia. Igualmente, la mano de obra esclava procedente de los republicanos fue determinante para levantar después una España completamente derruida por los efectos de la cruenta Guerra Civil. Y de esa forma, puentes, pantanos, y hasta el gigantesco mausoleo del Valle de los Caídos (donde fue enterrado el dictador), fueron construidos con el sudor y la sangre de miles de presos políticos. 

 

El periodista Enric Llopis publicaba recientemente un artículo en el medio Rebelion.org a propósito de un nuevo estudio del historiador Josep Màrius Climent sobre los Batallones de Trabajadores presos entre 1938 y 1947, donde afirma: "Por los Batallones de Trabajadores pasaron 100.000 presos durante la contienda de 1936, y otros 50.000 durante la posguerra, según documentó el historiador Javier Rodrigo en el artículo "Internamiento y trabajo forzoso: los campos de concentración de Franco" (número seis de la Revista Hispania Nova). Son las cifras que manejan los historiadores del período. Al terminar la conflagración en 1939, existían un mínimo de 152 Batallones con mano de obra forzada, repartidos por el Estado Español. Se trataba de una expresión más del sistema represivo implantado por el franquismo, destaca Josep Màrius Climent, que durante el conflicto bélico incluía ejecuciones extrajudiciales, Consejos de Guerra, detenciones preventivas, prisión y campos de concentración; y en la posguerra, las leyes de Responsabilidades Políticas, de Represión de la Masonería y el Comunismo, y de Seguridad del Estado, entre otras. El punto de partida se sitúa en "la captura de centenares de miles de efectivos del ejército republicano, que fueron enviados a Batallones de Trabajadores como una forma de descongestionar los campos y las prisiones; mientras, se procedía a una clasificación política lenta y burocratizada, que no quedó establecida hasta 1940", resume el Profesor de Geografía e Historia. Además subraya un elemento capital, las funciones otorgadas a las jefaturas locales de la Falange, "sobre quien recayó la tarea de revisión y clasificación de tantísimos mozos de reemplazo realizada en 1940". En el procedimiento había que considerar los avales (influencias) que cada uno de los quintos pudiera aportar, para evitar que se les catalogara por su "desafección". Fue un nuevo instrumento de represión". 

 

A todo ello, Llopis añade (basándose en la obra de referencia) que la degradación de las condiciones de higiene y salud en los campos de trabajo (bajo un raquítico ratio de un médico por cada 3.000 internos) hicieron que proliferaran el paludismo, las diarreas (mortales) para los presos y los custodios, la sarna, el tifus y la tuberculosis. En el recuerdo de muchos prisioneros queda la huella de la "explotación laboral", las noches al raso o amontonados en precarias tiendas de campaña, el "expolio personal" (desaparición de víveres, uniforme y equipaje personal), la corrupción y las torturas. Como vemos, sólo faltó gasear a los prisioneros para que fuera exactamente igual que los campos de concentración nazis. De la investigación citada, el historiador Josep Màrius Climent concluye que el número de presos políticos esclavizados laboralmente en Batallones de Trabajadores y Batallones Displicinarios durante la posguerra, duplicaría fácilmente los 50.000 considerados actualmente por diversos historiadores de aquél período. Todo ello, para que luego pudiera salir el dictador en el NO-DO (revista de propaganda del régimen que se visualizaba en las salas de cine de la época, antes de la proyección de cada película) inaugurando cada obra, pantano, presa, puente o construcción llevada a cabo por los presos republicanos. 

 

Pero tenemos otras muchas fuentes de información (hemos de hacer una continua selección ya que el material que existe es abundante) que nos revelan las continuas aberraciones del brutal genocidio franquista. Las diversas facetas en las que ese genocidio se expresó durante la dictadura nos las explica muy bien Francisco Moreno Gómez en su reciente libro "Los desaparecidos de Franco", en entrevista sobre el cual llevada a cabo por Luis Díez para el medio Cuarto Poder recogemos las siguientes ideas: "El genocidio no es sólo matar; señala Lenkim que también es a través del hambre, cosa que hizo Franco masivamente en las cárceles, donde murieron de hambre por millares: en Córdoba, en el año 1941, 756 personas; en Sevilla, más de 800. Esto supone porcentajes del 20% de la población penal, lo cual es genocidio brutal. En la prisión de San Simón, en Pontevedra, que es una isla a la que Franco destinó a los presos sexagenarios, murieron el 30,6% de ellos. Cayeron a montones en Santoña, cayeron a montones --a un centenar de presos al mes-- en el Puerto de Santamaría. Calculo que más de 16.000 personas murieron de hambre en las cárceles de Franco". Y tenemos muchos más ejemplos documentados: en La Algaba (Sevilla) enterraron a 144 presos que murieron de hambre en un campo de trabajo esclavo, entre 1941 y 1942. Y otras muchas veces, los presos vieron truncada toda su vida debido a los largos años de encarcelamiento, como en el caso del poeta y militante comunista Marcos Ana, recientemente fallecido, que estuvo encerrado durante 23 años (entró en prisión con 18 años y no salió hasta los 41), arrebatándole el régimen toda la adolescencia y la juventud. 

 

Pero hablábamos de diferentes facetas de exterminio. Moreno Gómez, más adelante en la entrevista citada, afirma: "Sí, el genocidio fue también económico. El genocidio económico supone arrasar la vida y las posibilidades económicas de los vencidos de manera que caigan en la absoluta precariedad, como en efecto ocurrió. Puede ser también cultural. Esto se inscribe en la clasificación de Lenkim. Cultural es eliminar aquéllos iconos y referencias artísticas y de la República y aquéllas figuras que pueden dar identidad a una colectividad. Se eliminó todo eso. De las ocho técnicas de genocidio, Franco las quebrantó todas. Con ello se pretendía eliminar el pensamiento y la identidad de los vencidos para imponer el de los vencedores. El que niegue que el franquismo no cometió genocidio incurre en dos errores, no conoce lo que hizo el franquismo o desconoce la definición de genocidio". Las referencias a Lenkim nos remiten a Raphael Lenkim, padre de la Convención sobre Genocio, y creador del término tal como hoy lo conocemos. En definitiva, todo un genocidio cultural, ideológico, económico, laboral, y humanitario, que exterminó por diversas vías a centenares de miles de personas, para instalar durante varias generaciones un macabro imaginario popular procedente de la perversa mentalidad de los vencedores. Y todo ello, como veremos en próximos artículos de la serie, se quiso borrar y hacer cuenta nueva con una no menos injusta ley de punto y final, que resultó ser nuestra Ley de Amnistía, promulgada en 1977 cuando aún existían asesinatos franquistas de luchadores por la democracia. Los hay que aún defienden esta vergonzante ley. Continuaremos en siguientes entregas.

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