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6 marzo 2020 5 06 /03 /marzo /2020 00:00

Con la educación ambiental se produce un hecho histórico sin precedentes: por primera vez, los objetivos de la educación se bifurcan, junto al objetivo clásico, de corte antropocéntrico (mejorar al individuo) aparece otro objetivo del mismo rango que podríamos denominar «biocéntrico» o «ecocéntrico» (mejorar la vida de los ecosistemas; respetar los condicionantes y límites de la naturaleza). El eje referencial sobre el que gira este cambio es, a su vez, una nueva mirada filosófica: la que contempla al ser humano no como dominador o «dueño» de la naturaleza sino como parte de ella, como una especie que, con sus indudables singularidades, está retada a entenderse y desarrollarse en armonía con el resto de la biosfera

María Novo

12.- UNA ENERGÍA INAGOTABLE. En estrecha relación con la ocultación de los límites biofísicos del planeta y de sus recursos, también podemos observar el hecho de que los libros de texto dan a entender al alumnado que la energía de que disponemos es inagotable. No se les cuenta que el consumo y despilfarro actual de energía es uno de los principales causantes del cambio climático. Como ocurre con casi todo, las posibilidades de gastar energía también son limitadas. Se mire desde el punto de vista de la energía disponible o desde la capacidad del planeta para absorber los efectos del consumo de dicha energía, los límites están ahí. El segundo principio de la termodinámica y otros postulados físicos alertan contra cualquier pretensión en el crecimiento ilimitado. Por tanto, relacionar “progreso” con mayor consumo energético pudiera ser un lamentable error para la supervivencia y la sostenibilidad. Tampoco se les cuenta a los estudiantes que el modelo actual de energía ilimitada y concentrada es incompatible con un modelo social de alta participación democrática, ya que dichos parámetros energéticos requieren una “producción” altamente tecnificada que siempre va asociada a mayor tecnocracia y control por parte de pequeñas élites. Un modelo energético sostenible social y ambientalmente ha de ser descentralizado, renovable, no contaminante y no derrochador, es decir basado en la energía del sol y en las distancias cortas. El aumento constante de la contaminación a causa del uso de la energía, se suele presentar descontextualizada y no relacionada con la dinámica de crecimiento continuo, el cual requiere “quemar” mayor cantidad de combustibles cada vez. La contaminación por el uso y despilfarro de energía simplemente se reconoce como un problema evidente y se incide en la búsqueda de “parches” como elemento tranquilizador para no cuestionar el modelo de consumo. Por ejemplo, el libro de Conocimiento del Medio de 6º de Primaria Ed. SM dice: "Una pila puede contaminar 600.000 litros de agua, por eso hay que ponerlas en contenedores especiales". 

 

El incremento del consumo de energía se presenta como elemento incuestionable y básico para resolver problemas sociales, mejorar condiciones de vida y, eso si, tener mayores posibilidades de consumo. Por ejemplo, el libro de Conocimiento del Medio de 6º de Primaria Ed. Everest afirma: "La energía es un elemento fundamental para el desarrollo económico de un país. En España, como el resto de los países modernos, cada vez es mayor la demanda de energía". Por el contrario, la falta de energía o la menor demanda de ella, se asocia con el retraso y las crisis. Un buen ejemplo de ello lo tenemos en el siguiente fragmento del libro de texto de Economía de 1º de Bachillerato Ed. Edebé: "Si la demanda de automóviles disminuye, los empresarios de este mercado verán disminuir sus beneficios. Como consecuencia disminuirán la producción para evitar problemas de almacenamiento de los coches pendientes de venta. Por esta razón se invertirá menos en máquinas y disminuirá el número de trabajadores. Estos efectos se trasmitirán a otros mercados porque, al producirse menos automóviles, se demandarán menos materias primas y menos energía, y el crecimiento del PIB será menor que el año anterior. La renta disminuirá y con ella el consumo. Si se producen ajustes monetarios o aumento de costes, aparece la inflación lo que agrava la crisis, ya que provoca incertidumbre". Como vemos, no tiene desperdicio. Con todo ello se inculca al alumnado la ferviente necesidad de gastar más y más energía, y de consumir más y más, porque necesariamente el PIB debe ser aumentado. Se le inculca la necesidad del crecimiento económico infinito como un bien en sí mismo, relacionado con el bienestar de la población y con la "salud" de la economía. No se les plantean a los alumnos y alumnas otras alternativas. No se les hace pensar más allá de todo eso. El mensaje es básicamente: "Este es el mundo que hay". Pero la escuela también debe plantear a los alumnos y alumnas este otro mensaje: "¿Puede haber otro mundo? ¿Podemos o deberíamos funcionar de otra manera? ¿Cuáles son las consecuencias de funcionar así?". Pero todos estos mensajes quedan ocultos, ignorados, sin plantear. La mente de los escolares es proyectada hacia el mundo que existe, ignorando los peligros del mismo, sin esbozar siquiera otras alternativas. 

 

Las energías renovables no dejan de ser mencionadas como más limpias que las convencionales. No obstante, ese reconocimiento suele ir acompañado de los mismos prejuicios y errores con que dichas energías se tratan desde los sectores económicos y técnicos relacionados con la energía convencional. Así, se las suele calificar de "poco desarrolladas" (libro de Ciencia Tecnología y Sociedad 1º de Bachillerato Algaida) e "incapaces de garantizar el abastecimiento" (libro de Conocimiento del Medio 6º de Primaria Santillana), lo que se traduce generalmente en una apuesta por las energías contaminantes. Así mismo, cuando se habla de costes en los procesos productivos todo se reduce a una mera valoración monetaria de los mismos, obviando el coste energético asociado a los mismos y que en muchas ocasiones, de forma muy clara en la agricultura industrial, implica que se gasta mayor energía en elaborar un producto que la energía que luego se obtiene del mismo al consumirlo. La necesidad de gastar menos energía no suele ir asociada a la irracionalidad de las pautas dominantes de consumo ni a la necesidad asegurar la sostenibilidad, sino a la conveniencia de ahorros económicos en la factura de la luz (libro de Conocimiento del Medio 6º de Primaria Santillana). Resulta curiosa la solución de la tarifa nocturna, la cual no supone ahorro de energía real. Los libros ignoran de forma sistemática las teorías de la física del último siglo en relación con la entropía y otras leyes de la termodinámica, y especialmente las implicaciones que dichas teorías tienen a la hora de cuestionar la posibilidad de un crecimiento ilimitado basado en el consumo de energía y materiales. Y con estos mimbres, estos estudiantes no comprenderán de adultos, ni tendrán conciencia sobre ello, la necesidad de decrecer dichos consumos si pretendemos alcanzar una sociedad sostenible. Para ello sería necesario relacionar la energía con la dimensión temporal con la que se han formado los yacimientos actuales y el papel que juega el reino vegetal a través de la fotosíntesis para todo ese proceso de acumulación energética.

 

En este sentido, la utilización que hace de la energía la sociedad actual significa despilfarrar en unas decenas de años lo que la naturaleza ha tardado cientos de millones de años en crear. Se debería dejar de asociar el consumo energético con las ideas de progreso, desarrollo y bienestar. Por ejemplo un edificio “inteligente” no sería aquel tan automatizado que requiere energía para realizar cualquier función, sino aquel otro construido de tal manera que es capaz de aprovechar las circunstancias climáticas concretas y en cada época del año con el mínimo consumo de energía. De esta forma, la “eficacia energética” habría que oponerla a la eficacia económica basada en el incremento dinerario. En el tema de las energías renovables habría que profundizar y mejorar el tratamiento que se hace de las mismas. No sólo en relación con su eficacia energética sino comparándola con datos empíricos en cuanto a las repercusiones ambientales que cada tipo de energía lleva asociado y los costes económicos que los mismos suponen, es decir esbozando claramente el concepto de externalidad no incluida en los costes de las energías convencionales. También se debería hacer referencia a las diferencias sociales que implica cada modelo energético. Las renovables permiten soluciones no centralizadas ni basadas en grandes infraestructuras, al contrario que las nucleares, térmicas o grandes presas. Desde esta óptica, las renovables tienen mayores potencialidades para desarrollar modelos más autónomos, más pequeños y más cercanos, y a consecuencia de esas características, se pueden considerar como potencialmente más generadoras de democracia. 

 

13.- EL ETNOCENTRISMO Y EL DESPRECIO POR LAS CULTURAS ECOLÓGICAMENTE MÁS SOSTENIBLES. Este tema también es muy amplio y apasionante. Sus implicaciones pueden atravesar, de hecho, varias asignaturas de las que aparecen en el currículo escolar (Geografía, Historia, Ciencias Sociales...). De entrada, los libros de texto actuales no presentan la cultura como una manera colectiva de hacer, sentir y pensar. El etnocentrismo cultural de Occidente se proyecta con claridad en los textos. La mirada reduccionista a las formas “valiosas” de hacer va equiparando Cultura, con mayúsculas, con cultura occidental, con desarrollo económico, con arte erudito o con ciencia y tecnología postindustrial. Pocas veces el término se equipara a modos de vida y de resolución de nuestras relaciones con el territorio y con nuestros congéneres. Se percibe la cultura como algo estático y único, sin poner de manifiesto el valor de la diversidad cultural y el hecho de su transformación. Desde este punto de vista, los libros de texto presentan una visión monocultural. En general se ignora la existencia de las culturas sostenibles, aquellas que han sabido encontrar diferentes maneras de resolver sus necesidades de supervivencia mediante una relación de equilibrio, no de explotación, con el entorno, y que se han mantenido cientos de años viviendo de este modo en sus territorios. De hecho, la presencia casi exclusiva de países del norte invisibiliza sociedades y culturas del sur, y las culturas indígenas son absolutamente ignoradas. Cuando se hace alusión a las culturas ecológicamente más sostenibles se asume siempre la superioridad de la cultura occidental, mostrando desprecio por las primeras, asociándolas con el atraso, la superstición y la ineficiencia. Por ejemplo, en el libro de Historia Contemporánea de 1º de Bachillerato Ed. Edelvives se dice de África que "en ella convivían innumerables pueblos autóctonos con estructuras arcaicas y sin fronteras definidas", y el libro de Lengua de 6º de Primaria Ed. SM dice que “…en muchas culturas hay algunas costumbres y tradiciones que intentan atraer hacia los recién nacidos buena suerte y felicidad... Antiguamente las creencias más inverosímiles y los sucesos más extraños eran admitidos por todos”. El desprecio, por tanto, es evidente. Cultura se interpreta con frecuencia como sinónimo de cultura letrada occidental. Esto se hace más chocante cuando se contempla desde la perspectiva de una cultura de la sostenibilidad. Continuaremos en siguientes entregas. 

 

 

Fuente Principal de Referencia: Informe "El currículum oculto antiecológico de los libros de texto", de Ecologistas en Acción

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4 marzo 2020 3 04 /03 /marzo /2020 00:00
El Genocidio Palestino (24)

Por mi experiencia como investigador afirmo que ha quedado demostrado que se tortura a centenares de Niños y Niñas de Palestina y se les arrastra hasta las mazmorras. He visto el muro, los checkpoint, los controles militares, todo lo que emplean para cerrar la comunicación entre ciudades y pueblos, haciendo batustanes. He visto a los sionistas romper los brazos de los Niños, disparar a las piernas de los Jóvenes, bombardear al Pueblo Palestino en ciudades y campos. He visto a los sionistas destruir los pozos de agua de los pueblos de Palestina, robarles el agua secando los ríos subterráneos, envenenar los campos de cultivo, derribar las casas con maquinaria pesada, dinamitarlas, bombardear los hospitales y las escuelas...

Ramón Pedregal Casanova

Lo hemos referido ya varias veces a lo largo de esta serie de artículos: las zonas de la Franja de Gaza y de la Cisjordania ocupadas son, con mucho, las zonas de mayor sufrimiento humano que nos podamos imaginar. E Israel experimenta con dicho sufrimiento humano en dichas zonas. Lo detalla Gideon Levy en este artículo para el digital Rebelion (publicado inicialmente en Middle East Eye, y traducido por Javier Villate), y vamos a resumirlo a continuación. Nos llevaría cientos de artículos contar la totalidad del sufrimiento que Israel inflige a la población palestina de estas zonas (de hecho existen por ahí libros completos que lo cuentan), así que en algunos artículos de esta serie, nos limitaremos a hacer un breve resumen. Básicamente, Gaza es un enorme campo de concentración a cielo abierto de 1,5 millones de prisioneros. La Franja de Gaza es una pequeña extensión de terreno situada al suroeste de la Palestina histórica. Limita al norte y al este con el territorio ocupado por Israel desde 1948, año de creación de la entidad sionista. Al oeste limita con el Mar Mediterráneo, y al sur debería limitar con Egipto, pero Israel, durante la segunda Intifada, confiscó 500 metros de terreno entre Gaza y Egipto para construir el corredor llamado "Filadelfia" (un brazo de tierra cuya función es conectar el desierto del Neguev con el Mediterráneo y cortar el contacto entre Gaza y Egipto), impidiendo a los palestinos tener el control sobre dicha frontera. Las dimensiones de la Franja tras la ocupación durante la guerra de 1948 quedaron reducidas a 8 km. de ancho por 65 km. de largo, lo cual viene a ser unos 365 km2. Tras el armisticio de 1949 la pequeña Franja quedó bajo el control administrativo de Egipto, pero en junio de 1967, durante la llamada Guerra de los Seis Días, Israel la ocupó militarmente junto a Cisjordania, la parte Este de Jerusalén, la Península del Sinaí y los Altos del Golán en Siria. Pues bien, en esta pequeña región del mundo, está ocurriendo un terrible hecho, un hecho sin precedentes en la historia de la humanidad, bajo la aquiescencia del resto del mundo. De hecho, el proyecto está en su apogeo, pero el mundo no muestra el más mínimo interés.

 

Este atroz experimento con seres humanos, no sancionado por ninguna institución científica internacional, cuya supervisión es exigida por la Declaración de Helsinki, busca examinar la conducta humana en situación de estrés y privación extremos. El grupo experimental no está compuesto por unas pocas personas, ni por unas decenas o centenares, ni por algunos miles o decenas de miles, ni siquiera por algunos centenares de miles de personas, sino que la población sometida a experimento asciende, al menos, a dos millones de seres humanos. Hasta ahora, están resistiendo todas las aberrantes pruebas increíblemente bien. Aunque hay alguna turbulencia dentro de la olla a presión en la que están confinados, lo cierto es que todavía no ha explotado. La Franja de Gaza está siendo vigilada para ver cuándo y de qué forma acaba explotando. Aparentemente, es sólo cuestión de tiempo. Al igual que todos los experimentos de esta clase, éste está siendo conducido de forma escalonada. Como dice Gideon Levy: "La rana debe ser hervida poco a poco hasta que estire la pata". Y relata: "En un principio, Gaza fue privada de electricidad durante una tercera parte del día, luego la mitad, y ahora [el artículo está escrito en julio de 2017] el nivel ha sido aumentado de tal manera que los dos millones de habitantes del enclave tienen electricidad solo 2,5 horas al día. Vamos a ver lo que les pasa. Vamos a ver cómo responden. ¿Y qué sucede cuando se les suministra electricidad solo durante una hora al día? ¿O una hora a la semana? Este experimento está todavía en sus primeras fases y nadie puede prever su final". La Franja de Gaza es uno de los lugares más ampliamente poblados del mundo, pero también una de las zonas más malditas del planeta. Aproximadamente un millón de los palestinos que viven en Gaza son refugiados, o bien hijos o nietos de refugiados, y más o menos la mitad siguen viviendo en campos de refugiados. En comparación con los demás campos de refugiados que existen en otros países árabes, los de Gaza son considerados especialmente miserables, tal vez con la excepción de los que existen en Líbano o en Siria. Los refugiados de Gaza fueron expulsados o huyeron del territorio ocupado por Israel en 1948 y representan aproximadamente una quinta parte de todos los refugiados palestinos que hay en el mundo. 

 

Pero no acaba aquí el experimento con el sufrimiento humano, a ver hasta dónde aguanta esta masacrada población. Israel también se está encargando de privarle del agua potable a la que tienen derecho como seres humanos. El asunto es, simplemente, que para Israel no son seres humanos. Lo cierto es que esta población no ha conocido prácticamente ningún período de tranquilidad, seguridad o mínimo bienestar económico, desde que su memoria les alcanza, incluyendo a sus ancestros. Unos seres humanos que viven enjaulados, expoliados, maltratados, saqueados, violentados, expulsados, y sobre todo, ignorados por el resto de la humanidad, que prefiere mirar para otro lado, en un ejercicio de desprecio y cinismo como nunca antes fue visto. Gaza está rodeada: por Israel al norte y al este, por Egipto al sur y por el Mediterráneo al oeste, donde las fuerzas navales israelíes han impuesto un bloqueo absoluto. Desde la llegada de Hamás al Gobierno en Gaza, Israel (con la colaboración de Egipto), ha impuesto un bloqueo, especialmente en lo que se refiere al libre movimiento de personas hacia y desde Gaza, y la prohibición casi total de exportación de bienes. De ahí que la Operación bautizada como "Flotilla de la Libertad" intenta cada año internarse a la Franja de Gaza para llevar víveres, alimentos y todo tipo de productos a esta avasallada población. Normalmente, Israel lo impide. El resto del mundo sigue sin mover un dedo. Gaza posee una única central eléctrica, que no puede producir toda la electricidad que necesita la población residente. Construida en el año 2002 con una capacidad máxima de producción de unos 140 MW, la planta está limitada por la capacidad de carga de su red, y en el año 2006 tan solo producía 90 MW, por lo que importaba 120 MW adicionales suministrados por Israel, pagados en su totalidad, por supuesto. La planta fue bombardeada por Israel tras la captura del soldado israelí Guilad Shalit, en el verano de 2006, cuando estaba produciendo el 43% de la electricidad que consumían los gazatíes. Tras su reconstrucción, la planta alcanzó una capacidad de producción de unos 80 MW. Pero también para esto depende totalmente de Israel, que es el único proveedor de repuestos y del combustible diésel que alimenta la central. 

 

Cuando se estableció el bloqueo, Israel comenzó a restringir la cantidad de combustible que suministraba a Gaza. Los gazatíes necesitan entre 280 y 400 MW de electricidad, dependiendo de la estación del año. Aproximadamente una tercera parte de toda la electricidad requerida, unos 120 MW, provenía de Israel, y otros 60-70 MW los producía la propia central. Por lo tanto, había una escasez crónica de electricidad en Gaza incluso antes de esta última reducción. De hecho, los gazatíes han estado sin electricidad durante varias horas al día desde hace años. Resulta difícil imaginarse cómo se puede vivir con solo dos horas y media de electricidad al día. Resulta difícil imaginar cómo se puede mantener fresca la comida, por no hablar de todas las tareas y actividades humanas ordinarias que se ven truncadas, imposibilitadas, interrumpidas, inacabadas. Es horrible, en fin, pensar en lo que pueden estar sufriendo los enfermos de los hospitales cuyas vidas dependen de la electricidad suministrada. Por ejemplo, en el Hospital Al Rantisi de Gaza, en la unidad de cuidados intensivos infantil, los niños estaban conectados a unos respiradores que solo podían funcionar unas pocas horas al día. Sus vidas dependen ahora de un generador. A veces, el generador se estropea. En los otros hospitales de Gaza la situación es parecida. ¿Nos la podemos imaginar? ¿De verdad? Y así, los habitantes de Gaza, cual ratas de laboratorio, son sometidos a los más execrables experimentos, que socavan todas las facetas de su vida. Mientras las partes en conflicto se dedican a afianzar sus posiciones y el mundo responde con ignorancia, descrédito y apatía, nadie puede prever a dónde llegará todo esto. La falta de electricidad se traduce también en falta de agua potable y en inundaciones de aguas residuales no tratadas. Los gazatíes están acostumbrados a todo eso, a los más indecibles tormentos, pero incluso la fantástica e incomparable resistencia de los habitantes de este diminuto territorio tiene sus límites.

 

¿Cuándo estallará la olla a presión? Nadie lo sabe. Israel los está poniendo a prueba continuamente, y continuamente sube el listón del sufrimiento. No sabemos cuándo finalizará esta situación, no sabemos cuándo el resto del mundo por fin alzará la vista, y tomará la firme determinación de parar esta barbarie. Gideon Levy finaliza su artículo con las siguientes palabras, que hacemos nuestras: "Gaza se está muriendo. Lentamente. Su sufrimiento no le importa a nadie en otras partes del mundo. Ni en Washington, ni en Jerusalén, ni en El Cairo, ni siquiera en Ramala. Es increíble que nadie se preocupe de que dos millones de personas hayan sido abandonadas a la oscuridad por la noche y al calor sofocante de los días de verano, sin ningún sitio a donde ir y sin esperanza". No sabemos hasta cuándo tendremos que escribir artículos describiendo este horror. Los silencios informativos, las manipulaciones mediáticas, el poder de los lobbies sionistas, la maldad de determinados gobernantes, la tolerancia de la inmensa mayoría de los actores involucrados, el cáncer de la desidia y del egoísmo internacionales, los intereses creados y cruzados, están conduciendo a este pequeño territorio a sufrir una economía y una población asfixiadas. Los crueles experimentos que la entidad sionista proyecta sobre las vidas de estas gentes son absolutamente aberrantes, y siguen ocurriendo en pleno siglo XXI. Han conseguido convertir a Gaza en un lugar inhabitable, en un infierno, en una terrible prisión. Cada día está más claro que el sionismo debe desaparecer. Pero la ocupación se sostiene porque el mundo se niega a actuar. Palestina está descuartizada, pero aún resiste. La tortura sistemática de su población aún no ha podido doblegarla. Y mientras, la parcialidad de los medios de comunicación occidentales, movidos por espurios intereses, permite a Israel seguir asesinando y masacrando en Gaza. El derecho internacional es un claro referente para condenar, pero es ignorado. La ocupación israelí ha costado a la economía palestina 47.000 millones de dólares en 18 años, según la ONU, y más de 9.000 palestinos desplazados solo en una década de demoliciones en Cisjordania. Pero...¡qué fácil es para el mundo borrar el sufrimiento palestino! Continuaremos en siguientes entregas.

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2 marzo 2020 1 02 /03 /marzo /2020 00:00
Viñeta: David Kerr

Viñeta: David Kerr

Desde esta perspectiva, el medio ambiente no se encuentra fuera y separado de mí, soy todo y cada una de las partes que lo componen. Me contiene y lo contengo, así como el mundo no está fuera de mí, sino en mi conciencia, como dice Krisnamurti: “usted es eso”, de manera que soy el mundo, soy las aves, los océanos, los montes y los ríos, soy tú, tu alegría, tu tristeza y tu esperanza; pese a mi olvido, Soy todo, somos todo

Juventina Salgado

Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el Hombre

Fidel Castro

Visto lo visto, un concepto (citado en varias ocasiones durante esta serie de artículos) que conviene precisar y explicar con detalle es el de "Deuda Ecológica", ya que precisamente la reversión de la misma es uno de los objetivos principales del Decrecimiento, en lo que se refiere a la relación entre los países del Norte y del Sur global. Para hacerlo tomaremos como referencia el magnífico artículo "Decrecimiento y cooperación internacional", de Giorgio Mosangini, publicado en el digital Rebelion. Partimos de la base, como ya hemos explicado en varios artículos de la serie, de que el objetivo primordial de la economía convencional, como es el crecimiento económico ilimitado, tiene que ser descartado al ser contradictorio con las leyes fundamentales de la naturaleza. Entonces, los modelos de economías y sociedades tienen que volver a respetar la capacidad de carga de la tierra y reconocerse como subsistemas dependientes de la biosfera, o si preferimos, los parámetros económicos han de respetar los límites biofísicos del planeta. Bien, pero tal y como ha evolucionado el panorama internacional, con las tremendas desigualdades sociales entre los diferentes países, y dentro de cada país en cuestión, la siguiente pregunta podría ser: ¿Alcanzar dicha meta tiene las mismas implicaciones para los países del Norte y del Sur? Es evidente que al partir de una situación de desigualdad, no podemos medir a todo el mundo por el mismo rasero. Y así, mientras los países (y sus habitantes) del Norte global han consumido en exceso los límites disponibles, los países (y sus habitantes) del Sur global lo han hecho por defecto, y muchos de ellos no tienen aún hoy día garantizados sus mínimos vitales de subsistencia. Alcanzar por tanto el Buen Vivir, pasando por una solución de decrecimiento, no puede medirse igual en todas partes, si no pretendemos olvidarnos de la justicia social, además de la justicia ecológica. La capacidad de regeneración del planeta impone un techo máximo de consumo. El consumo ilimitado condena la sostenibilidad ambiental y social de la tierra. Ahora bien, la responsabilidad en el exceso de crecimiento no recae en el conjunto de la población mundial. Son los países del Norte, el modelo de crecimiento occidental, los que están llevando al planeta al borde del colapso. 

 

La ideología del crecimiento contabiliza la mayoría de sus efectos negativos como algo positivo, es decir un incremento del PIB. De esa manera, la ciencia económica invisibiliza la insostenibilidad ambiental de nuestro modelo. ¿Cómo podemos sacarla a la luz y analizarla? Debido a la complejidad de valorar económicamente la insostenibilidad de la economía, la economía ecológica ha elaborado diversos indicadores e índices multicriteriales para valorar el impacto de la economía humana sobre el medio ambiente. Así, frente a la incapacidad de la economía dominante de incorporar adecuadamente en sus análisis su impacto en la biosfera, los índices elaborados desde la crítica ecológica a la economía permiten visualizar y valorar la insostenibilidad de nuestros modelos de producción y consumo. Hay muchos índices distintos y se trata de mediciones parciales e imperfectas, ya que intentan reflejar realidades muy complejas a través del análisis de distintos criterios necesariamente limitados. Aún así, permiten tener claridad sobre el aspecto esencial: las sociedades occidentales han alcanzado un grado de insostenibilidad ecológica muy preocupante para la supervivencia del planeta. Además de visibilizar la insostenibilidad respecto a la biosfera, distintos índices también permiten visualizar las diferencias Norte-Sur en la explotación del medio ambiente y respecto a las consecuencias negativas de los impactos ecológicos. Es el caso de la Huella Ecológica o del índice que ha popularizado la idea de "mochila ecológica" (que recoge todos los impactos de un producto a lo largo de su ciclo de vida). La huella ecológica es un índice elaborado por Mathis Wackernagel que se ha popularizado mucho en los últimos años, fundamentalmente mediante su uso y divulgación por parte del WWF o de la Global Footprint Network. "La Huella Ecológica mide la demanda de la humanidad sobre la biosfera, en términos del área de tierra y mar biológicamente productiva requerida para proporcionar los recursos que utilizamos y para absorber nuestros desechos" (WWF 2006). Es un indicador multicriterial que recoge solamente una parte de nuestro impacto sobre el planeta. Básicamente intenta medir el área productiva necesaria para abastecer el consumo humano y absorber sus desechos con relación a los siguientes factores: asentamientos humanos, energía nuclear, emisión de dióxido de carbono, pesca, explotación de bosques, pastoreo y agricultura. No toma en consideración otros elementos fundamentales del impacto humano sobre la tierra como puede ser el consumo de agua dulce.

 

Aún con sus limitaciones, la Huella Ecológica permite evidenciar que desde los años 90, aproximadamente, la humanidad ha superado la capacidad de carga de la tierra. Así, desde entonces, nuestro consumo supera la posibilidad regenerativa de la biosfera. Esta tendencia incrementa sin parar debido al crecimiento económico y en el año 2003 el consumo humano ya había superado en un 25% la capacidad de regeneración del planeta. ¿Cómo es posible que la humanidad consuma más de lo que el planeta pueda producir? Hay dos mecanismos fundamentales que explican esta situación: el derroche de los recursos que la tierra ha acumulado durante su existencia y la desigualdad social creciente en el acceso a los mismos. En el último cuarto de siglo, por primera vez en su historia, la humanidad ha dejado de vivir sobre los "intereses" generados por la biosfera y depende del despilfarro de su "capital". Seguir por este camino hace cada vez más grande el riesgo de generar impactos irreversibles y condenarnos al colapso de los ecosistemas y de la biosfera, impidiendo la continuidad de la vida humana en la tierra y quizás de cualquier forma de vida. En cuanto a la desigualdad social, son los países industrializados del Norte, los centros del capitalismo globalizado, los que están malgastando los recursos del planeta de manera desproporcionada, mientras que la mayoría de los países del Sur, el grueso de la población mundial, siguen viviendo sin alcanzar el techo ecológico máximo marcado por los grandes ciclos de la naturaleza. En definitiva, la Huella Ecológica nos permite situar en los países del Norte la responsabilidad de la destrucción creciente de la biosfera y la amenaza a su continuidad. A modo de ejemplo, para que fuera posible extender el modelo de consumo de un ciudadano promedio de EEUU al conjunto de la población mundial se necesitarían 5,3 planetas. En el caso de la UE, tendríamos que disponer de casi 3 planetas. Los países del Norte viven así en un mundo imposible gracias al deterioro irrevocable de la biosfera y a la confiscación de los recursos del resto de la población de la tierra. A escala global, debido a que la capacidad de carga de la biosfera ya se ha superado, aparece de manera clara que no se trata solamente de que el modelo occidental no sea extensible a escala universal. Ni tan siquiera se puede mantener en el Norte en sus condiciones actuales.

 

La degradación creciente de materia/energía producto del proceso económico así como su impacto en el incremento de las desigualdades e injusticias sociales, origina lo que podríamos llamar una deuda del crecimiento. El precio del agotamiento de los recursos naturales y de la degradación de la biosfera, así como del incremento de las desigualdades sociales son pagados por una gran mayoría de países y personas, mientras una minoría se aprovecha de los beneficios del crecimiento (el 20% de la población mundial consume el 80% de los recursos del planeta). Las relaciones entre países del Norte y del Sur no son la única manera de entender la deuda del crecimiento. También se puede plantear a escala individual. Una persona que vive en Barcelona, por ejemplo, y se desplaza en coche (incrementando el PIB a través de la compra del coche y de la gasolina y contaminando el entorno) es deudora de crecimiento respecto a otra persona que se desplaza en bicicleta (cuyo consumo de materia/energía e impacto ambiental vinculados al transporte son casi nulos). De la misma manera, en el seno de los países del Sur, una minoría enriquecida es deudora de crecimiento respecto a la mayoría de la población empobrecida. Pero esta deuda ecológica o del crecimiento también posee una vertiente intergeneracional, porque desde otra perspectiva, la deuda del crecimiento no solamente se plantea entre vivos sino también con respecto a las generaciones futuras. El mecanismo de mercado ha sido definido en este caso por Georgescu-Roegen como una verdadera dictadura del presente sobre el futuro. "Si todas las generaciones pujaran desde un principio por el depósito de carbón, el precio de éste "in situ" se elevaría al infinito (...) el mecanismo de mercado no puede proteger a la humanidad de una crisis económica en el futuro (y mucho menos asignar recursos óptimamente entre generaciones), aunque intentemos fijar los precios "correctamente". Tal y como expresaba de manera gráfica el economista rumano, cada vez que producimos un coche lo hacemos al precio de la disminución de vidas humanas en el futuro. Pero para la vertiente que nos ocupa, la deuda del crecimiento la generan fundamentalmente los países del Norte - son los deudores de crecimiento - mientras que los países del Sur sufren y pagan sus consecuencias - son los acreedores de crecimiento. La mayoría de la población del Sur tiene una responsabilidad casi nula en el sobreconsumo de materia y energía a escala global y en la generación de las crisis ecológicas que vivimos.

 

La responsabilidad, entonces, recae esencialmente en los países del Norte y las élites del Sur. Sin embargo, son los primeros los que sufren la mayor parte de las consecuencias negativas del modelo de crecimiento y consumo existente en Occidente. Individualizar los procesos que generan esta deuda y las distintas naturalezas de la misma es complejo, ya que, como hemos mencionado anteriormente, el sistema económico se encarga de invisibilizarlas sistemáticamente. Aún así, se han ido definiendo distintos tipos de deudas que componen la deuda del crecimiento. Ésta engloba el conjunto de deudas que el Norte tiene respecto al Sur: ecológica, social, cultural, histórica, económica, etc. La deuda ecológica, entonces, no es más que una manifestación de las múltiples que posee esta deuda del crecimiento. En el artículo de la próxima semana entraremos brevemente a comentar el significado de cada uno de estos tipos de deuda, pero de entrada, como comentábamos más arriba, en este asunto está claro que existe un evidente desequilibrio. Hemos sostenido que el decrecimiento no puede afectar a todo el mundo por igual, dado que la huella ecológica que generan los países, y los niveles de consumo que poseen sus habitantes, no es el mismo, existiendo mucha diferencia entre los países del Norte y del Sur global. Siglos de imperialismo y décadas de expansionismo capitalista, de explotación de los recursos naturales y de mano de obra barata, han conducido a esta enorme desigualdad. Por ejemplo, la huella ecológica sobre el planeta de un estadounidense medio es del orden de unas 18 veces mayor que la de un ciudadano medio de Haití o de la República del Congo. En cuanto a las emisiones globales de CO2, la mitad de ellas corresponden a menos del 10% de la población mundial. Por otra parte, no se trata, claro está, de condenar todo consumo, sin matizaciones. Es preciso disminuir, sobre todo, el consumo innecesario e irresponsable y evitar el de productos que tienen un gran impacto negativo sobre el medio natural, pero sin olvidar que el consumo contribuye al desarrollo humano cuando mejora la calidad de vida de unas personas sin menoscabo de la vida de las demás. Así, mientras que la mayoría de los habitantes de Estados Unidos, Europa o Canadá deberían consumir menos y eliminar un derroche que no contribuye en nada a la calidad de vida, para más de 800 millones de las personas más pobres del mundo, aumentar su consumo es cuestión de vida o muerte y un derecho básico. Continuaremos en siguientes entregas.

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28 febrero 2020 5 28 /02 /febrero /2020 00:00

No somos máquinas para sus fábricas, ni mano de obra para complacer sus deseos de seguir aumentando sus ganancias, ni el sistema educativo está para generarles más beneficios. Es hora ya de que empecemos a invertir el discurso y a volver a las prioridades sociales y humanas que deben construir el sistema educativo

Carmen Rodríguez, Enrique J. Díez, Rodrigo J. García y Julio Rogero (miembros del Foro de Sevilla)

10.- EL PROCESO DE MERCANTILIZACIÓN DE LA VIDA. Los libros de texto de nuestros escolares no explican la gravedad del proceso de mercantilización de la vida. En los casos donde aparecen ejemplos de ello, se refieren al mismo casi como algo natural de nuestro tiempo. El proceso de mercantilización de la vida es aquel por el cual se van introduciendo dentro del marco del mercado actividades y recursos útiles para la vida que previamente no estaban en ese marco. Cuando se toma agua del río para calmar la sed se está resolviendo una necesidad usando un recurso que queda fuera del mercado, pero si se resuelve la misma necesidad utilizando el agua embotellada, entonces se está dentro del marco del mercado. Se ha mercantilizado el agua. Hay muchos bienes que antes estaban fuera del mercado y ahora están dentro: la arena de la playa, los chistes, la seguridad ciudadana, la comunicación, el aire puro, el silencio, la compañía, la belleza, el abrigo o la información. Entendemos que los libros de texto no pueden obviar estos procesos, claves para entender el mundo de hoy día. El reduccionismo que supone equiparar riqueza con mercantilización lleva también a despreciar y abusar de aquello que queda fuera del mercado (como por ejemplo, los trabajos no mercantilizados que realizan las mujeres y los "servicios" gratuitos que presta la naturaleza). Entender el proceso de mercantilización de la vida es clave para favorecer la sostenibilidad por varios motivos: la mercantilización produce escasez o se aprovecha de la escasez de recursos. La mercantilización produce y se aprovecha del deterioro de los sistemas sociales y de los ecosistemas. Contabiliza como producción lo que en realidad es apropiación y uso mercantil de recursos preexistentes. La mercantilización por tanto puede producir una ilusión de crecimiento, acumulación o desarrollo cuando en realidad no es otra cosa que el cambio de marco de un bien o un servicio. Si el agua está contaminada produce más oportunidades de mercantilización y negocio que si está limpia y accesible para todas las personas. La mercantilización supone también que terceras personas se benefician de la resolución de las necesidades de la población para vivir. A gran escala supone una enorme concentración de poder.

 

De hecho, las más grandes corporaciones multinacionales han concentrado su negocio a partir de procesos de mercantilización de bienes, productos y servicios que antes no lo estaban, perteneciendo al ámbito de lo público, y estando por tanto gestionados más o menos democráticamente. El hecho triste es que en la actualidad se está produciendo un fuerte proceso de mercantilización de la casi totalidad de los espacios del planeta y de la mayor parte de las vivencias. Y los libros de texto no pueden ignorar o esconder estas terribles realidades económicas, sociales y culturales. Son absolutamente imprescindibles para poder comprender nuestro mundo. Y así, los libros de texto desconocen u ocultan la trascendencia del proceso de mercantilización y presentan numerosas incorrecciones derivadas de ello. Desprecian la producción para la subsistencia frente a la producción para el mercado (de hecho, no se explica que el crecimiento económico en buena medida es fruto de la mercantilización de gran cantidad de bienes que antes formaban parte de la economía de subsistencia). Y los más atrevidos, alaban incondicionalmente la expansión de la mercantilización, lo cual nos parece muy preocupante. Estamos formando en nuestros estudiantes una mentalidad mercantilizadora, que después como adultos legitimarán todos estos destructivos procesos. 

 

11.- IGNORANDO LOS LÍMITES. Otro aspecto sobre el que no se conciencia a nuestros alumnos y alumnas es la existencia de los límites biofísicos de nuestro planeta. Desde la perspectiva de la sostenibilidad no es lícito usar recursos naturales por encima de su capacidad de regeneración, ni producir residuos más allá de la capacidad de la tierra de asumirlos. La ausencia de respeto a los límites de la biosfera en estas dos direcciones (recursos y residuos) compromete la vida de las generaciones futuras. Hace ya años que hemos superado la capacidad de carga de la tierra, es decir, usamos más “tierra” de la que es capaz de “recuperarse”. Sin embargo los libros de texto ignoran este hecho, esencial para la sostenibilidad. Por ejemplo, el libro de Economía de 1º de Bachillerato Ed. Edebé dice textualmente: "En la naturaleza hay abundantes elementos que el ser humano puede utilizar en los procesos de producción de bienes económicos: petróleo, minerales, bosques, agua y la propia tierra (...) El factor (de producción) tierra engloba a los recursos naturales con valor intrínseco, duraderos y susceptibles de apropiación". Estos mensajes trasladan a nuestros estudiantes la idea de que la Naturaleza consiste en un simple repositorio infinito de recursos, que están ahí puestos para que sean extraídos para el beneficio y el "progreso" humanos, idea absolutamente errónea. Simplemente, no se les explica a los escolares que el planeta Tierra es finito, tanto en sus dimensiones como en sus recursos, como en su capacidad de absorción de residuos. Curiosamente, con todo el fervor con que se cuentan algunos hechos científicos, éstos suelen estar excluidos, siendo hechos absolutamente empíricos y contrastables. No se concibe, en los textos, la necesidad de limitar el consumo tanto de materiales, como de energía. Cuando se manifiestan problemas a causa del agotamiento de los recursos, se proponen opciones como el reciclaje, la reforestación o más tecnología para aumentar la extracción. Es decir, se proponen salidas de “final de tubería”, dirigidas a paliar los efectos, que permitan seguir ignorando la existencia de límites.

 

Curiosamente los límites sí aparecen asociados a la necesidad de controlar la explosión demográfica (en los países más pobres), situando el exceso de población como el problema central. A lo más que se llega es a tratar la cuestión de los límites con distorsiones "tranquilizadoras": por ejemplo, el libro de Economía de 1º de Bachillerato Ed. Edebé nos cuenta: "Por primera vez, la economía mundial se enfrentó al problema de la limitación de las existencias de materias primas y energías y la posibilidad de su agotamiento en el futuro. La reacción de los países desarrollados fue reducir el consumo de materias primas y de energía, mediante la sustitución de aquellas por otras alternativas y la puesta en marcha de planes de ahorro energético. Así se construyeron coches con menor consumo, se sustituyó el petróleo por otros combustibles, como el carbón y el gas y se desarrollaron otras fuentes de energía como la nuclear, la solar, la eólica, etc.". De esta forma, y para los libros de texto, la superación de los límites es el reto que se atribuye a la tecnología y con un optimismo en buena medida infundado. No se tiene en cuenta que, aún en el supuesto de que no existieran límites para el conocimiento, no es posible salvar los límites de la materia y la energía. Con toda pomposidad, por ejemplo, el libro de Historia Contemporánea de 1º de Bachillerato Ed. Akal afirma: "Las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación han permitido suprimir las distancias del espacio y el tiempo". Ahí es nada. Pudiéramos calificar a este extracto como de educación-ficción. De forma explícita o implícita los libros de texto transmiten la impresión de que no hay límites, no sólo en el uso de recursos sino también en las capacidades humanas, en los avances tecnológicos e incluso casi en la duración de la vida. Esta supuesta ausencia de límites enlaza, en nuestra cultura de la acumulación y la obsolescencia, con una máxima tan extendida como falsa y desastrosa para la sostenibilidad: “Cuanto más mejor” (cuánto más veloz mejor, cuanto más lejos mejor, cuanto más grande o pequeño mejor...). Se ignora la curva de U invertida de la mayor parte de las variables de la naturaleza, en la que a partir de un punto determinado, más de lo mismo ya no es mejor. 

 

Por ejemplo, se presentan las energías renovables como si no tuviesen límite, sin embargo, aunque la luz del sol o el viento puedan ser inagotables, su captura y transformación en energía aprovechable para los seres humanos a través de la tecnología de placas solares o molinos eólicos presenta límites. Más burda es la presentación de la energía hidráulica obtenida en los saltos de aguas de presas y pantanos como ilimitada, teniendo en cuenta la exigencia en infraestructuras que presenta y la limitación del desnivel disponible. Esta distorsión facilita la errónea percepción de que las fuentes de energía renovables permiten un consumo ilimitado. Esto viene a cuento debido a fragmentos como el presentado en el libro de Conocimiento del Medio de 6º de Primaria Ed. Edelvives, donde se lee: "Fuentes de energía renovables, que son inagotables, como la eólica, la solar y la hidráulica. Aprovechan la fuerza del viento, la luz solar y los saltos de agua de las presas y los pantanos". Ciertamente, llevan a los alumnos y alumnas a ideas erróneas, o cuando menos, incompletas. Tan solo se ha encontrado un libro de texto que incide de forma correcta en las limitaciones necesarias, advirtiendo de sus peligros: es el libro de Ciencia, Tecnología y Sociedad de 1º de Bachillerato Ed. Algaida, que afirma: “¿El crecimiento tiene límites? Algunos economistas han advertido que de continuar los actuales ritmos de desarrollo demográfico y tecno-industrial se producirá un colapso total del sistema para el año 2040”, y también “El hombre no sólo no ha respetado las leyes ecológicas sino que las ha infringido sistemáticamente generando un desequilibrio en el medio. El motivo fundamental de este hecho es creer que la naturaleza es una fuente ilimitada de recursos y que es posible un desarrollo ilimitado”. Excepciones, por tanto, las hay. Se hace preciso, por tanto, introducir la idea de los límites biofísicos del planeta en los libros de texto de nuestros escolares, como un asunto central para poder comprender el mundo y actuar en favor de la sostenibilidad. Si no preparamos a nuestros estudiantes de forma correcta...¿cómo vamos a esperar que desarrollen acciones correctas cuando sean adultos? Continuaremos en siguientes entregas. 

 

 

Fuente Principal de Referencia: Informe "El currículum oculto antiecológico de los libros de texto", de Ecologistas en Acción

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26 febrero 2020 3 26 /02 /febrero /2020 00:00
El Genocidio Palestino (23)

La ignominiosa ironía de la complicidad de Occidente con la creación de Israel es que Israel solo se pudo establecer por medio de la desposesión y limpieza étnica del pueblo palestino. Estas atrocidades ocurrieron el mismo año que por medio de la Declaración Universal de los Derechos Humanos las potencias occidentales prometieron crear un mundo diferente y mejor. En otras palabras, Israel se creó como un proyecto colonial occidental al viejo estilo en el mismo momento en que las potencias occidentales prometían descolonizar y conceder la independencia a sus colonias. Israel era una prueba engorrosa de la hipocresía de Occidente cuando prometió romper con su pasado colonial. Fue una prueba de mala fe desde el principio. Occidente utilizó a Israel para externalizar su colonialismo

Jonathan Cook

Y desde entonces, la complicidad de Occidente con la entidad sionista no ha cesado, manteniéndose hoy día bajo una connivencia insoportable y vergonzosa. Israel, por su parte, saca a relucir la bandera del antisemitismo en cuanto nota cualquier atisbo de ataque hacia sus crueles políticas, lanzando al mundo el falaz mensaje de que se necesita un Estado judío como vacuna contra una plaga global de antisemitismo. Israel, como explica Jonathan Cook en el artículo de referencia, afirma ser un santuario vital para proteger a los judíos de inevitables holocaustos futuros. El Estado sionista invierte los papeles de agresor y de víctima, y defiende que los palestinos son simplemente un "daño colateral" del proyecto europeo de crear un "hogar nacional" judío, tal como se afirmaba en la Declaración Balfour. También se les presenta como un nuevo tipo de antisemitas (cuya ira se supone está motivada por un odio irracional inexplicable) de los que necesitan defenderse los judíos. En palabras de Jonathan Cook: "Israel tiene mucho interés en extender la acusación de antisemitismo a cualquier persona crítica occidental que defienda la causa palestina. De hecho ha ido mucho más lejos. Afirma que ya sea de manera consciente o no todas las personas no judías albergan el virus del antisemitismo. Se han impedido otros Holocaustos solo porque Israel, que posee armas nucleares, se comporta como un "perro furioso al que es demasiado peligroso molestar", como dijo una vez el más famoso Jefe de Estado Mayor de Israel, Moshe Dayan. Israel está concebido como un Estado guarnición para sus judíos y un refugio inexpugnable en tiempos turbulentos para todos los judíos que estúpidamente (como insinúan los líderes israelíes) no hayan entendido que fuera de Israel se enfrentan a otro Holocausto". Se trata de una lógica perversa e irracional, pero que por desgracia está muy extendida. De hecho, pocas personas fuera de Israel entienden las implicaciones de la maliciosa e interesada lógica del antisemitismo elaborada hace mucho tiempo por Israel y adoptada ahora por los altos cargos occidentales. 

 

Esta lógica asume que el antisemitismo es un virus que está presente en todas las personas no judías, aunque a menudo esté latente. A modo de un gen peligroso que habría que extirpar, las personas no judías deben estar vigilantes para impedir que despierte e infecte sus ideas. Israel, mientras, campa a sus anchas bajo la protección del gigante estadounidense, burlándose del Derecho Internacional y de las resoluciones de la ONU, y atacando impunemente no solo a Palestina, sino a prácticamente todos sus vecinos regionales. De hecho, de Irak al Líbano, no se salva ningún país de los ataques y exabruptos del vecino sionista. Nos lo cuenta Kamel Hawwash en este artículo para el medio Middle East Eye, traducido para el digital Rebelion por J.M., que tomaremos como referencia a continuación. Cada cierto tiempo, Israel lanza demostraciones regionales de fuerza, con la seguridad de que sus objetivos son demasiado débiles para tomar represalias. Especialmente cuando se acercan tiempos electorales, Israel suele mostrar su musculatura militar a sus vecinos. Pareciera que los gobernantes israelíes buscaran aumentar su popularidad a través de la agresión a los palestinos y al conjunto de los países árabes vecinos, de forma similar a como los candidatos estadounidenses buscan sus propias guerras para tomar legitimidad. Por ejemplo, en julio de 2019, por primera vez en los últimos años, Israel atacó lo que afirmó eran objetivos iraníes en Irak. Aunque Irak inicialmente mantuvo estos ataques en secreto, el silencio se rompió después de que Israel atacara una base de las Fuerzas de Movilización Popular (PMF), la agrupación paraguas de las milicias mayoritariamente chiítas de Irak. El PMF culpó a Israel y a Estados Unidos, alegando que éste último había permitido que cuatro drones israelíes ingresaran a la región para llevar a cabo misiones en territorio iraquí. Al siguiente mes Israel atacó lo que afirmó era un grupo de miembros de la Fuerza Al Quds de la Guardia Revolucionaria iraní y el movimiento aliado chiíta de Hezbolá en Líbano en Aqraba, cerca de Damasco. Israel argumentó que había abortado un ataque con drones iraníes contra áreas en el norte del país. Después del ataque israelí, Netanyahu señaló en Twitter: "Irán no tiene inmunidad en ningún lado. Nuestras fuerzas operan en todos los sectores contra la agresión iraní. Si alguien se levanta para matarte, mátalo primero". Sin más comentarios. 

 

Por otra parte, Israel viene atacando regularmente a Siria, alegando que apunta a las bases iraníes para disuadirlo de afianzar su presencia en el país. Y según algunos informes, los ataques de Israel a sus países vecinos ahora pueden extenderse al Yemen. Concretamente, un artículo en el medio Jerusalem Post remite a fuentes del periódico kuwaití Al Jarida donde afirman que Israel planea "atacar objetivos de rebeldes hutíes y de Hezbolá en Yemen", cerca del sensible Estrecho de Bab-el-Mandeb, que separa el Mar Rojo del Golfo de Adén. Todos estos recientes ataques, junto con la participación de Israel en patrullar el Estrecho de Ormuz como parte de una fuerza de protección para los petroleros que lo cruzan, demuestran que Israel está actuando descaradamente como la única superpotencia del Medio Oriente, envalentonada gracias al interminable apoyo de la Administración estadounidense. Otro gallo nos cantara si Israel no dispusiese de dicho apoyo incondicional. Demasiado pacíficos y correctos políticamente son sus vecinos, que se cuidan bastante para no iniciar una guerra regional contra el Estado canalla israelí. La realidad es que los vecinos de Israel son tan débiles al lado del apoyo que recibe la potencia sionista que Israel puede estar tranquilo sabiendo que esto no sucederá, al menos a corto y medio plazo. Pero la brutalidad israelí se ceba, sobre todo, con Palestina. Su violencia colonial es continua, opresora, incesante, criminal. Quizá el mejor icono que la simboliza sea el muro de separación que divide Cisjordania del ocupado Jerusalén Este, al igual que los muros carcelarios que rodean y atrapan a los dos millones de residentes en Gaza. Como nos cuenta CJ Werleman en este otro artículo para el mismo medio, traducido esta vez por Sinfo Fernández: "Cada uno de ellos restringe el acceso de los palestinos a la tierra, negándoles servicios fundamentales y ahogando cualquier desarrollo económico. Ambos muros, junto con los puestos de control militares, los tribunales militares, los centros de detención, los drones, los tanques y los aviones de combate, se han convertido todos ellos en sinónimo del injusto e inhumano proyecto colonial de Israel". Un proyecto de dominación absolutamente despiadado que mantiene a raya a la población palestina hasta con perros adiestrados: son los perros de los colonos. 

 

En efecto, los perros de los colonos, o "perros de la guerra", como los palestinos se refieren a ellos, tienen importancia porque los más de 600.000 colonos ilegales israelíes que residen en la Cisjordania ocupada siguen siendo uno de los muchos obstáculos considerables para la paz en este sempiterno conflicto. JC Werleman explica: "Para quienes no están familiarizados con las onduladas colinas de Cisjordania, los asentamientos israelíes adoptan todas las formas y tamaños, desde ciudades pequeñas, como Maale Adumim, con centros comerciales y piscinas de tamaño olímpico, a los puestos de avanzada, que comprenden poco más que una docena de caravanas". Sin embargo, es desde estos puestos de avanzada que los ilegales asentamientos se convierten en pueblos y ciudades altamente fortificados, con diversas estructuras, formas y tamaños, pero aunque éstos últimos están protegidos por el ejército israelí, los ocupantes de los primeros deben protegerse por sus propios medios (de ahí el uso de perros peligrosos adiestrados expresamente). Es a partir de estos asentamientos cuando Israel transforma los "hechos sobre el terreno" en ventajas territoriales propias. De hecho, la construcción de puestos de avanzada para apoderarse y mantener el territorio fue una estrategia puesta en marcha por los padres fundadores de Israel durante la década de 1930, apodándola enfoque de "torre y empalizada", siendo de nuevo aplicada tres décadas más tarde como estrategia para ocupar y colonizar Cisjordania inmediatamente después de que Israel se apropiara del territorio durante la Guerra de los Seis Días (1967). "Todo el mundo debería ponerse en marcha, correr y tomar más colinas", exhortó una vez el ex Primer Ministro israelí Ariel Sharon, y eso es exactamente lo que han hecho decenas de miles de colonos durante gran parte de las últimas cinco décadas, sin prisa pero sin pausa, en un alarmante goteo, apoderándose de una tierra que no les pertenece, ante la pasmosa quietud de la comunidad internacional, construyendo después casas improvisadas por toda Cisjordania. Y aquí es donde los perros de los colonos entran en escena. En cada vivienda hay dos perros guardianes permanentemente encadenados a ellas (lo que además constituye un caso de múltiple maltrato animal), de tal forma que si un palestino se acerca al perímetro los perros ladran, sirviendo de alarma para que los residentes echen mano de sus armas. 

 

Y esta terrible escena es típica en todos los puestos de avanzada israelíes extendidos por toda la Cisjordania ocupada, y es todo lo inhumana y bárbara que pueda imaginarse. Esos perros están permanentemente atados a las cajas que sortean las viviendas, tanto durante los días más tórridos del verano (cuando las temperaturas diarias superan los 38ºC), como durante las noches más frías del invierno (cuando el mercurio roza a menudo los cero grados). Una escena terrible y patética, sobre todo por el uso que se hace de esos inocentes animales. Sin un respiro. Sin un punto final para su atroz deber obligatorio. Les han puesto allí con un objetivo y solo para dicho objetivo: atacar a los palestinos. Incluso para los colonos que disponen de ingresos razonables, existen programas de entrenamiento para estos perros. Para los colonos que viven con medios más modestos, el entrenamiento del perro es mucho más primitivo: en algunos casos, se paga a un empobrecido palestino una pequeña tarifa para que le propine al perro una brutal paliza, asegurando así que el perro sienta siempre temor de los palestinos, lo que intenta garantizar una respuesta más feroz si en algún momento futuro cualquier palestino pudiera acercarse al asentamiento. Como vemos, una brutalidad detrás de otra, un horror detrás de otro, una barbarie tras otra. Contra personas, contra animales. El terror israelí no distingue. Y como cada vez hay un número mayor de israelíes ocupando ilegalmente Cisjordania, trayendo con ellos una cifra cada vez mayor de perros de ataque adiestrados, no es de extrañar que los informes sobre palestinos atacados por los perros de los colonos estén también aumentando tanto en frecuencia como en ferocidad. Se ha documentado que niños palestinos de hasta 5 años de edad han sufrido horrendas heridas que les han dejado cicatrices de por vida a causa de los ataques de estos perros. Estos ataques coinciden con un patrón de aumento generalizado de la violencia de los colonos contra los palestinos en Cisjordania. De hecho, el número de ataques se viene incrementando en más de un 30% cada año, según un informe publicado por el Parlamento Europeo. Amnistía Internacional también ha observado estos ataques, que en ocasiones se producen en presencia de soldados y policías israelíes, que se abstienen de intervenir. El horror israelí no conoce límites. Continuaremos en siguientes entregas.

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25 febrero 2020 2 25 /02 /febrero /2020 00:00
Viñeta: Anne Derenne

Viñeta: Anne Derenne

Puede parecer imposible imaginar que una sociedad tecnológicamente avanzada escoja, en esencia, destruirse a sí misma, pero eso es lo que estamos en ciernes de hacer

Elizabeth Kolbert

El mundo moderno basado en el capitalismo, la tecnociencia, el petróleo y otros combustibles fósiles, el individualismo, la competencia, la ficción democrática y una ideología del “progreso” y el “desarrollo”, lejos de procrear un mundo en equilibrio, está llevando a la especie humana, los seres vivos y todo el ecosistema global, hacia un estado caótico

Víctor Toledo

Nuestras sociedades actuales llevan décadas, incluso siglos, derivando hacia un peligroso y exclusivo antropocentrismo, donde la vida gira en torno al hombre. La principal causante de ello ha sido la civilización industrial capitalista. Y obsérvese que no decimos que gira en torno al ser humano, ya que las implicaciones patriarcales también influyen sobremanera en esta forma de entender el mundo y la vida, y por lo tanto, la mujer queda marginada en esta visión. El hombre (y más concretamente, un cierto tipo de hombre, occidental, blanco y heterosexual) es el epicentro de la vida, y el resto de manifestaciones de la misma, así como el resto de actores que forman parte de ella, quedan relegados a un segundo plano. Y así, modos de producción y consumo, pero también modos y formas de vida, e imaginarios económicos, sociales y culturales, vienen definiendo los moldes del funcionamiento de nuestras sociedades. Los dogmas del capitalismo y del neoliberalismo, con sus peligrosos valores, no solo han imbuido las relaciones humanas y sociales en el fundamentalismo de mercado, que provoca los procesos de explotación del ser humano y de la naturaleza, sino que además han conducido a un absoluto desprecio hacia todo el resto de formas de vida no humanas, es decir, animales, plantas y el resto de organismos vivos que alberga la Madre Tierra.

 

Todo ello nos ha conducido a la ampliación del concepto originario sobre el conflicto capital-trabajo, que ya nos dejara planteado Carlos Marx, que ahora se nos manifiesta también en el orden capital-vida, o si preferimos, en el conflicto capital-planeta. Dicho conflicto viene generado por la degradación del medio ambiente y los recursos naturales, vinculada cada vez más a la acción del hombre. El planteamiento antropocéntrico (al que se le pueden rastrear incluso motivaciones y orígenes religiosos) nos conduce inexorablemente a un abismo civilizatorio, planteado en sus manifestaciones más evidentes como un agotamiento de materias primas y de fuentes de energía fósiles, así como en los terribles efectos de un caos climático que amenaza con arrasar todo vestigio de vida en menos de un par de décadas, si no somos capaces de adaptarnos a dicho colapso. Y dicha adaptación requiere, por tanto, de un cambio de paradigma civilizatorio. Del antropocentrismo característico de la civilización industrial capitalista, de carácter monocultural, patriarcal y depredador, hemos de conseguir migrar hacia un paradigma ecocentrista, o si se prefiere, biocentrista, que reside fundamentalmente, como su nombre indica, en poner la vida en el centro. Una vida (humana y no humana) que deberá volver a ser valorada y respetada, para que pueda merecer la pena el hecho de ser vivida. ¿Dónde descansan los fundamentos del biocentrismo? Básicamente, en reconceptualizar los significados de diversos términos que han sido apropiados por el actual paradigma, tales como “progreso”, “desarrollo”, “bienestar” o “riqueza”.

 

Bajo la visión antropocéntrica estos conceptos están absolutamente ligados a los postulados capitalistas, de tal modo que son entendidos únicamente en función del crecimiento económico, medido por sus propios indicadores, y que se manifiesta en un continuo crecimiento en el nivel de producción de bienes y servicios, ligado a un uso creciente de las fuentes de materiales y energía que son necesarias para dichos procesos. El crecimiento sin fin de la producción, así como el consumo irracional y compulsivo son los Dioses de este tipo de civilización, donde la propia vida es relegada a un segundo plano, sacrificada en aras del crecimiento perpetuo. Las necesidades humanas se han resignificado en el altar de estos valores, y la “riqueza” y el “bienestar” son medidos únicamente de forma material, en la dimensión del “tener”, en vez de en las dimensiones del “ser”, “estar” o “hacer”. La visión del “progreso”, muy ligada igualmente a la concepción utilitarista de la ciencia, mide el avance de forma lineal de manera que se entiende que nuestras sociedades progresan si son capaces de producir cada vez más elementos para el consumo humano, sin preocuparse de otros indicadores que puedan darnos pistas sobre nuestro grado de felicidad, de cohesión social, de igualdad o de redistribución de la riqueza generada.

 

La Naturaleza, bajo el paradigma antropocéntrico, es valorada únicamente en el sentido de proporcionarnos fuentes de energía y materiales, alimentos o sustento para satisfacer nuestras necesidades básicas. Para conseguir todo esto, la naturaleza es continuamente expoliada y saqueada, sometida a brutales procesos de extractivismo, y las demás formas de vida no humanas son infravaloradas, y no se reconocen sus derechos. Hemos de resignificar, por tanto, los conceptos de desarrollo, riqueza y bienestar, y para ello, hemos de cambiar de paradigma civilizatorio. El desarrollo debe ser a escala humana, promoviendo la riqueza y el bienestar interior, y dejando de valorarla únicamente como el conjunto de nuestras posesiones materiales. Esto exige también resituar las necesidades humanas, renunciando a la visión capitalista y consumista. El progreso debe renunciar a estar ligado al crecimiento continuo, sino que ha de ser entendido como la plena realización de las necesidades sociales, y la valoración de todas las formas de vida. Hemos de situarnos bajo un prisma que conceda valor al florecimiento de la vida, que le reconozca un valor en sí misma, independientemente de la utilidad para el ser humano. La diversidad de las formas de vida debe ser entendida como un valor en sí mismo (valor intrínseco), y su mantenimiento contribuye a conservar dicho valor. Nuestra relación con la Naturaleza debe ser únicamente para satisfacer nuestras necesidades vitales. Pero para alcanzar este nuevo paradigma debemos conceder importancia a una nueva ética, una ética ecológica o una ética de la Tierra.

 

El paradigma biocéntrico o ecocéntrico no ha de renunciar al mercado en sí mismo, pero es evidente que los mercados han de ser intervenidos y controlados socialmente, desde las comunidades humanas, que los han de gestionar democráticamente. Debemos conceder a todos los seres vivos un valor inherente, por sí mismos, y por tanto, reconocer derechos a los animales y a la propia Naturaleza, es una consecuencia lógica de esta visión biocéntrica. Ello implica también pasar desde una ética fundada en el hombre, a otra ética anclada en la vida. Tradicionalmente, la ética se ha centrado en la conducta humana, asignándole al hombre una serie de atributos morales que lo han convertido en el único ser digno del reconocimiento de un valor intrínseco. Ello es debido a que esta ética se encuentra atravesada por un profundo antroprocentrismo, ligado a un dualismo fundacional, que distingue entre el hombre y el entorno natural que lo rodea. Esta distinción ha ido evolucionando hacia una ubicación del hombre en un plano de clara superioridad en relación al mundo natural, sea éste animado o inanimado, autorizando al ser humano para su explotación y aprovechamiento. Este enfoque ya no da más de sí, y necesitamos ir evolucionando hacia una ética centrada en la vida (humana y no humana), mediante un replanteamiento en torno a los supuestos sujetos morales. Necesitamos igualmente despojarnos del especismo que nos caracteriza como humanos, y comenzar a plantearnos el principio de igual consideración de intereses para todas las especies que habitan el planeta.

 

Así mismo, los clásicos valores del capitalismo y del neoliberalismo imperantes deben también erradicarse, para evolucionar hacia valores de interdependencia y de ecodependencia, que nos reconozcan como sujetos en plena interrelación con los demás. Hemos de entender el verdadero desarrollo de las potencialidades humanas en el sentido de una apertura hacia la interconexión e identificación que existe entre todo lo vivo, lo cual permite superar valores como el egoísmo y el individualismo, para reemplazarlos por el ideal de igualdad de todos los organismos, pues el potencial individual no se puede alcanzar aisladamente, sino bajo una conexión con los demás seres. La vida dejará de ser entendida entonces como la capacidad de supervivencia en plena competencia con los demás, sino como la capacidad de coexistir y cooperar. En definitiva, necesitamos pasar desde la perspectiva antropocéntrica a la perspectiva biocéntrica, desde la banalidad e infinitud de las necesidades humanas hasta su tasación, satisfacción y garantía, desde el crecimiento material hacia la calidad de vida, desde la Naturaleza como objeto de explotación hasta la Naturaleza entendida como patrimonio natural y lugar común de todas las especies, desde la conservación utilitarista de dicho patrimonio hacia su preservación ecológica, desde su valoración instrumental hasta su valoración múltiple e intrínseca, necesitamos evolucionar desde el rol humano de consumidores hasta el rol de ciudadanos, desde una mirada ensimismada individual hasta una mirada del sí-mismo expandida e integrada con el resto de seres, desde el escenario mercado hasta el escenario social, desde el saber científico como conocimiento único y privilegiado hasta la valoración de una pluralidad de conocimientos, y desde una justicia social y ecológica opcionales, hasta una justicia social y ecológica garantizadas. Ésta es, en esencia, la mirada biocéntrica.

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24 febrero 2020 1 24 /02 /febrero /2020 00:00
Viñeta: Rodrigo de Matos

Viñeta: Rodrigo de Matos

La idea del sumak kawsay o suma qamaña: nace en la periferia social de la periferia mundial y no contiene los elementos engañosos del desarrollo convencional. (…) la idea proviene del vocabulario de pueblos otrora totalmente marginados, excluidos de la respetabilidad y cuya lengua era considerada inferior, inculta, incapaz del pensamiento abstracto, primitiva. Ahora su vocabulario entra en dos constituciones

José María Tortosa (2009)

Nosotras y nosotros, el pueblo soberano del Ecuador decidimos construir una nueva forma de convivencia ciudadana, en diversidad y armonía con la naturaleza, para alcanzar el buen vivir, el sumak kawsay

Preámbulo de la Constitución del Ecuador (2008)

En el artículo anterior hicimos un somero repaso de las principales consecuencias esperadas debido a los graves efectos del caos climático, tomando como referencia esta vez el texto "Crisis civilizatoria: Experiencias de los gobiernos progresistas y debates en la izquierda latinoamericana", coordinado por Edgardo Lander, cuyas tesis, propuestas y razonamientos continuaremos aquí. Frente a todo este caos que se nos avecina, la lógica capitalista insiste en sus planteamientos. Y cuando concede alguna posibilidad de cambio, lo hace de forma cobarde, infantil, incompleta y reduccionista. En el texto de referencia, Edgardo Lander explica: "Un patrón ampliamente extendido en las respuestas que se formulan desde los centros de poder político, económico y científico contemporáneos, es la búsqueda de reducir la compleja interrelación de factores que inciden en las transformaciones climáticas, a unas pocas, y preferiblemente a una sola, variable. Si ésta puede ser sintetizada en una sola cifra, aún mejor. Es esto expresión del reduccionismo radical que confunde realidad con cuantificación. Así como en la economía se ha pretendido expresar la compleja realidad económica en una cifra, el PIB, en los estudios, debates y acuerdos internacionales sobre cambio climático, se ha ido avanzando en dirección a esta misma lógica reductora. Las multiformes dimensiones del colapso ambiental planetario se han reducido a un aspecto básico: el calentamiento global, entendido éste como la elevación de la temperatura promedio de la superficie terrestre. Esto a su vez ha sido reducido a una única determinación causal: la emisión de gases de efecto invernadero como consecuencia principalmente de la quema de combustibles fósiles. Seguidamente se crea un indicador sintético: la cifra de concentración de partículas de gases de efecto invernadero en la atmósfera, expresada en partes por millón, en lo que Camila Moreno ha denominado la métrica del carbono". En efecto, la obsesión de la propia lógica capitalista por reducir y cuantificar, nos ha llevado a expresar lo que es solo un indicador, una caricatura, la punta del iceberg, de lo que representa la auténtica dimensión del abismo civilizatorio.

 

Camila Moreno explica que a partir de este reduccionismo, y de las soluciones que se proponen a partir de éste, ni siquiera se da cuenta adecuada de las diversas fuentes de gases de efecto invernadero más allá de la quema de combustibles fósiles. Incorporar a las negociaciones [de las diversas cumbres climáticas] la necesidad de reducir drásticamente las emanaciones de metano que produce el ganado vacuno implicaría enfrentarse a fuertes intereses corporativos y cuestionar los patrones alimentarios carnívoros que se han expandido aceleradamente durante las décadas de expansión de la globalización neoliberal. Edgardo Lander concluye: "De esta manera, la crisis de un patrón civilizatorio antropocéntrico, patriarcal y monocultural de crecimiento sin fin es acotada como un asunto técnico". Es decir, el capitalismo intenta, siempre que puede, esquivar el asunto, reducir la problemática, esquematizar la solución, simplificar y reducir el planteamiento, no entrar al fondo de los problemas (lo que supondría evidentemente cuestionar la propia lógica capitalista), y redirigir la cuestión hacia aspectos meramente superficiales e insuficientes. El capitalismo y sus adalides jamás comprenderán que, para superar el caos climático al que nos enfrentamos, hacen falta otros modos y estilos de vida. Se limitará a intentar parchear todo lo que pueda, a alterar diversos indicadores que no plantean realmente amenaza a su supervivencia. Pero sabemos que es la propia supervivencia del capitalismo la que nos amenaza. También Camila Moreno lo ha expresado sabiamente: "...traducir una crisis multimensional ecológica y social compleja como el cambio climático a toneladas de dióxido de carbono equivalentes (CO2) --que podemos medir, contar, poseer, asignarles un precio y comerciar-- no solo reduce nuestra visión de lo que serían acciones verdaderamente transformadoras, sino que permite que actores e intereses sigan operando el sistema actual como hasta ahora" (Moreno, Speich Chassé y Fuhr, 2017). Y es que la forma en que describimos y enmarcamos un problema ya predetermina el tipo de soluciones y respuestas que podremos darle. No podemos fijarnos en el dedo, como popularmente se dice, porque nos está tapando la luna. Y concluye Lander: "Desde una perspectiva autoritariamente monocultural, se niega la posibilidad de otras opciones de vida, de otras culturas en el planeta Tierra. Perspectivas tales como el Sumak Kawsay y el Suma Qamaña o la defensa de los derechos de la Naturaleza como puntos de partida para iniciar las requeridas transformaciones paradigmáticas profundas en la relación de los seres humanos con el resto de las redes de la vida, ni siquiera merecen unos instantes de atención". 

 

Todo ello ocurre, en última instancia, por nuestra educación, mejor dicho, por nuestra deficiente educación en estos asuntos. Al igual que nuestros escolares no conocen nuestra historia reciente (nos referimos al franquismo), tampoco conocen los fundamentos de la ecología social, simplemente porque no se les han enseñado. El resultado se nos aparece bien claro: cientos de miles de personas adultas que no conocen ni son conscientes de que vivimos en un mundo insostenible (ni siquiera conocen el concepto de sostenibilidad), que no se cuestionan el progreso, el desarrollo y el crecimiento (bajo sus exclusivas visiones capitalistas), que practican un culto irracional a la tecnología, que entienden la ciencia como un valor absoluto, que no les llama la atención el proceso de mercantilización de la vida que sufrimos, que ignora los límites biofísicos de nuestro planeta, que mira al más allá en vez de al más acá, que cree que los sistemas de energía son inagotables, que practican el etnocentrismo y el desprecio por las demás culturas, que trivializan el concepto de información, que son forofos consumidores, que son amantes de la velocidad (desde todos los puntos de vista), que no pueden ni saben explicar las guerras y los conflictos, que naturalizan la propiedad privada, que no saben valorar dónde se encuentra el bienestar y la calidad de vida, que reducen el trabajo humano al mero empleo productivo concreto (incluso valoran los trabajos basura), que no respetan a la naturaleza (no respetan el mar, ni los bosques...), que despilfarran el agua, que no valoran lo biodiversidad, que no conceden derechos a los animales, y un larguísimo etcétera de errores, ignorancias, mentiras, ocultaciones y falsedades. La lista de falacias que se creen y se practican sería interminable. La educación en sostenibilidad y en ecologismo social es prácticamente nula. Necesitamos otra mentalidad, cambiar de gafas para mirar el mundo de otro modo, desde otro prisma, bajo otra perspectiva. Es justo lo que estamos intentando en esta serie de artículos. Y así, nuestra educación (nos referimos sobre todo a la escolar, a la que nos enseñan en escuelas e institutos) adolece de una formación equilibrada para desmitificar ciertos asuntos, y ensalzar otros. En sentido general, permanecen invisibles aquellas tareas que construyen la sostenibilidad (crear la vida, desarrollarla, cuidarla y mantener la biodiversidad), mientras que están sobrerrepresentadas las actividades que provocan la insostenibilidad (la producción y el consumo, la construcción de grandes infraestructuras, las guerras y los conflictos armados, la cultura de la velocidad...). Con estos mimbres educativos, evidentemente, no podemos esperar luego que la sociedad esté repleta de adultos muy capaces de siquiera imaginar otros mundos posibles. 

 

En nuestra educación, y en la que ahora mismo están aprendiendo nuestros hijos e hijas, la historia, la ciencia, la técnica, incluso los valores morales son contemplados desde una perspectiva evolutiva en la que de forma incuestionable se va de peor a mejor. La mágica palabra "modernidad" legitima todo aquello con lo que es asociada. Nos han enseñado (equivocadamente) que en el pasado se sitúa la barbarie, el esclavismo y la superstición, y en el presente el progreso y el conocimiento. Apenas se mencionan los límites ni todo aquéllo que va a peor: el agua, el aire, el suelo, la biodiversidad, la diversidad cultural, la extensión del manto vegetal, el desorden radiactivo, el desorden genético...En ningún caso se menciona como barbarie el desorden creado por el desarrollo basado en la simple extracción de elementos a la naturaleza. Hemos sido educados para plantear soluciones individuales e insignificantes, nunca en contra del sistema y de la lógica productivista. Con frecuencia aparecen soluciones como apagar la luz, no tirar papeles al suelo, cerrar el grifo o reciclar papel. Nunca se nos ha enseñado nada parecido a calmar el tráfico, denunciar la construcción de grandes aeropuertos o abstenerse de merendar chocolatinas de multinacionales depredadoras. La organización Ecologistas en Acción (una de las más activas y prestigiosas de nuestro país) ha llevado a cabo un profundo estudio de las deficiencias de nuestra educación (con comparativas en cientos de libros de texto procedentes de varias editoriales), que nosotros estamos exponiendo a fondo en nuestra serie de artículos sobre la Reforma Educativa, y señala por ejemplo: "También es significativo aquello de lo que no hablan los libros de texto: no hablan de las multinacionales, del reparto del poder, de las culturas arrasadas, de las aportaciones de las mujeres, de los sindicatos, de los movimientos alternativos (aunque sí de las ONG's de ayuda), de la autosuficiencia, de los proyectiles reforzados con uranio, de las aficiones de bajo impacto ecológico, de los bancos, de la pérdida de soberanía alimentaria, del modo en que se impone la comida basura, de las personas homosexuales, de la vida que desaparece debajo de las autopistas, de la otra cara de la Unión Europea, de las campesinas que viven del bosque y lo cuidan, de las patentes de las semillas, de los placeres del sexo, de los inmigrantes que vienen en autobús, de las soluciones colectivas, del lavado de imagen verde de las grandes empresas, de los dueños y de los daños de la televisión, del final del combustible fósil, de las cargas de la policía, ni de las mentiras de los libros de texto". 

 

Podrían (y deberían) entenderse como sociedades más desarrolladas aquellas que son más sostenibles, lo que implicaría redefinir por completo la evolución histórica y los conceptos de adelanto y atraso, así como los consabidos y manidos conceptos de "progreso", "desarrollo", "bienestar" o "crecimiento". Todos ellos han sido fatalmente reapropiados por la cultura del capital, pero deben ser resignificados. Sería por tanto interesante problematizar los términos progreso, desarrollo, crecimiento y riqueza en lugar de darlos por supuestos. Una forma de hacerlo sería dejar de utilizarlos siempre de forma acrítica y optimista. Pero necesitamos, en cualquier caso, un nuevo marco de referencia para repensar nuestra ubicación e identidad en relación con la naturaleza. Víctor Toledo viene defendiendo desde hace muchos años la pertinencia de la formación de una "conciencia de especie", de manera que la identidad de las personas no solo surja de la pertenencia a un pueblo o a una nación, cultura, clase social, grupos de estatus o de la acción de profesar una religión o una ideología, sino también, y antes de cualquier otra cosa, de sentirse parte "de una especie biológica, dotada de una historia y necesitada de un futuro, y con una existencia ligada al resto de los seres vivos que integran el hábitat planetario, y por supuesto, en íntima conexión con el planeta mismo (...) La conciencia de especie otorga a los seres humanos una nueva percepción del espacio (topoconciencia) y del tiempo (cronoconciencia), que trasciende la estrechísima visión a la que le condena el individualismo, racionalismo y pragmatismo del Homo economicus". Esta conciencia es la más ligada a nuestra identidad biológica, como seres vivos, antes incluso que como seres sociales o culturales. Y es, como decimos, quizá aquella conciencia que mejor se adapte a nuestra relación con la naturaleza, en el sentido de dotarnos del sentido irrenunciable de pertenencia a ella, de inclusión en ella, de interrelación con multitud de otros seres vivos que ella alberga, y de interdependencia y ecodependencia con otros seres humanos y con la propia biosfera. En este sentido, Víctor Toledo acuña también la expresión "Memoria biocultural" para referirse a todo aquel bagaje que nos viene dado por herencia de nuestra especie, a todo el conjunto de saberes y conocimientos ancestrales que el ser humano viene cultivando, asimilando, aprendiendo y practicando con la naturaleza, y con el resto de seres vivos. Ni qué decir tiene que no podemos perder esta memoria biocultural, que no podemos olvidarnos de ella, sino que en vez de alejarnos de ella (hecho que ha sido propiciado por el avance de la civilización industrial capitalista), hemos de volver a recuperarla, a cultivarla y a respetarla, a transmitirla y a guiarnos de ella, a modo de una ancestral intuición que nos ayude a integrarnos con la naturaleza, a ser uno con ella. Continuaremos en siguientes entregas.

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21 febrero 2020 5 21 /02 /febrero /2020 00:00

Si la esencia de la vida en comunidad se basa en la posibilidad de elucidar e integrar los mejores rasgos de los individuos que la constituyen, es necesario que la educación, como instrumento de socialización y de actitud crítica, adopte respuestas válidas para los retos que tiene planteados la humanidad. Uno de ellos, tal vez el más relevante en un momento de cambio global como el que vivimos, es el de reorientar nuestras formas de vida hacia la austeridad, la moderación y la sencillez, para romper con el círculo vicioso de la acumulación económica de unos pocos a costa de la pobreza del resto de la humanidad y de la destrucción del medio ambiente

María Novo

En la última entrega nos quedamos exponiendo el tratamiento que los libros de texto conceden a la ciencia. En ellos, la ciencia es buena y noble en sí misma. Va asociada en su presentación a la idea de evolución y, a su vez ambas al progreso, sin que se muestre cómo este “progreso” está poniendo en peligro la supervivencia de la propia especie. El conocimiento científico se sitúa por encima de otras disciplinas, como la literatura por ejemplo. Se puede observar incluso en la valoración que estas disciplinas dan de sí mismas. Algunos libros de texto se refieren al saber literario como el que posee una finalidad estética, mientras que el lenguaje científico es el que es objetivo. Para la ciencia convencional el estudio de los diferentes fenómenos se da con frecuencia en “condiciones ideales”, en los que se aíslan uno o dos factores, y luego se extrapolan a la realidad obviando a menudo la complejidad del mundo real. Aunque desde hace mucho tiempo es sabido que las leyes de la mecánica newtoniana, ideales para fabricar piezas, tornillos o coches, no sirven para explicar las cosas infinitamente grandes, infinitamente complejas o infinitamente pequeñas. Los otros modelos científicos como la física cuántica, la teoría de la relatividad, la ecología y las bases fundamentales físicas y matemáticas de los procesos de la vida se estudian de modo poco relevante o no se suelen mencionar en los libros de texto. Se obvia a los alumnos y alumnas que los problemas ambientales y la sostenibilidad sólo pueden ser abordados reconociendo la complejidad y la densa red de interdependencias y relaciones económicas, sociales, políticas, ecológicas o educativas que constituyen la esencia del mundo vivo entendido como sistema. Esta consideración, fundamental en ecología, es obviada en la práctica totalidad de los textos en los que se potencia una alta especialización que muy a menudo provoca dificultades de comunicación, relación y articulación entre diferentes disciplinas. Los libros de texto ignoran diversos aspectos, que desde una perspectiva ecológica resulta imprescindible tener en cuenta como por ejemplo los factores de azar e incertidumbre que obligan a comprender las grandes leyes científicas en términos de probabilidad y no de certeza. Estas aportaciones no llegan a los textos, transmitiéndose que a través de la ciencia occidental es posible conocer y controlar el mundo que nos rodea.

 

Otro concepto ignorado es el de la irreversibilidad de los procesos de la vida. El paradigma científico dominante en los libros de texto considera que una teoría, para ser válida y asumible por la comunidad científica, y por tanto aplicable a la tecnología, debe ser reproducible, sin embargo esto sólo es aplicable con una o dos variables. Los fenómenos de la vida en muchas ocasiones no son reproducibles, por lo que un modelo de ciencia que no considera la irreversibilidad de los procesos, difícilmente puede ayudar a que los estudiantes puedan hacerse las preguntas adecuadas. Muchas veces se oculta el carácter poco relevante o incluso contraproducente desde el punto de vista de la sostenibilidad, de muchos estudios científicos. La propuesta científica que se realiza al alumnado en cuanto a la física, la química, las matemáticas o la propia biología, se encuentra aislada de la vida como sistema, de tal modo que los libros de texto, estudian la ciencia como aquello que permite fabricar cosas. La orientación de la ciencia a la tecnología es tan fuerte que no deja apenas resquicios a las explicaciones de los procesos de la vida. Así, se puede comprobar cómo el estudio de la termodinámica en todos los libros de Física y Química revisados no se relaciona con la ecología, impidiendo de este modo que alumnos y alumnas puedan comprender por ejemplo la relevancia de conceptos como la entropía para la propia supervivencia de la especie humana. También se puede comprobar cómo por ejemplo el estudio del cuerpo humano se realiza dividiendo la maquinaria humana en piezas, sin que el sistema reproductor tenga algo que ver con la sexualidad, el placer, el deseo o los afectos, el sistema respiratorio tenga relación alguna con la contaminación o la dependencia de los bosques, etc. Las matemáticas con frecuencia se ponen al servicio del cálculo y recuento de cosas "objetivas", pero obsérvense detrás de los siguientes ejemplos los valores que subyacen: el libro de Matemáticas de 1º de Bachillerato Ed. SM plantea a los alumnos "cuánta madera habrá en un bosque cuya tasa de crecimiento viene dada por una determinada fórmula", o "Cuánto cuesta vallar un campo rectangular que está junto a un camino", o "Cuál es el peso de unas truchas de piscifactoría". Y por su parte, cuando algunas disciplinas dudan de su propio estatus científico, se esconden tras un abigarrado lenguaje pseudocientífico para mostrar su objetividad. Un claro ejemplo es la economía, que se plantea como si fuera una ciencia exacta utilizando muchas gráficas y un lenguaje técnico que le aporta un aparente rigor. 

 

Por contra, habría que enseñarle y diferenciar perfectamente a los estudiantes entre las ciencias exactas y las ciencias sociales, en el sentido de que las primeras sólo se basan en el método científico, y tienen como único objetivo el conocimiento de su área de interés, mientras que las segundas, aunque se basen igualmente en el método científico, son disciplinas que el ser humano ha creado para aplicar un determinado modelo a una realidad social. La economía es un claro ejemplo de ciencia social, y hay que enseñar a los alumnos y alumnas que los postulados económicos no son axiomas ni dogmas, sino que son opciones posibles que las determinadas escuelas o tendencias económicas van derivando a lo largo de la historia y de la realidad social de un determinado territorio, pueblo, país o comunidad. Detrás de la aplicación de unos determinados planteamientos económicos siempre existe un interés, cual es desarrollar un determinado modelo a una realidad social concreta en el espacio y en el tiempo. Y dicho modelo tendrá sus consecuencias, lo mismo que las tendría (diferentes) la aplicación de otro determinado modelo económico (y de producción, y de consumo...). Pero en vez de esto, la economía es tratada como una ciencia exacta por los libros de texto, adquiriendo características de objetividad, certeza y universalidad. Por ejemplo, el libro de Economía de 1º de Bachillerato Ed. Edebé dice a los alumnos que "La ciencia que se ocupa de asignar los recursos escasos a las necesidades humanas de forma racional se denomina economía", sin entrar tampoco en el trasfondo de lo que son "necesidades humanas". Igualmente, también se echa en falta enseñar a los estudiantes la necesidad de una ética de la ciencia, es decir, conceder importancia a la obligada posibilidad de que el ser humano controle los destinos y la aplicabilidad de los propios avances científicos, para que éstos sean usados en buenas causas para la humanidad y para el planeta. 

 

9.- CONFUSIÓN ENTRE EXTRACCIÓN Y PRODUCCIÓN. Continuando con el tema económico, otro de los grandes defectos que presentan los libros de texto es la tremenda confusión que transmiten a los estudiantes, entre los conceptos de extracción y producción. Se le debieran poner las cosas claras: La única producción real que se da en el planeta es la que realiza la fotosíntesis a partir de la energía del sol, del agua y de los minerales. Sus productores son los seres vivos autótrofos, o sea, los que son capaces de fabricar su propio alimento. Esta producción es la producción primaria, responsable de crear la biomasa. Sin embargo, como decimos, los libros de texto se hacen eco de la confusión que nuestro sistema económico tiene entre producción y extracción. Esta segunda operación no supone la síntesis de nada nuevo, sino que simplemente arranca de la tierra materiales que no se pueden renovar, ya que el planeta es un sistema cerrado, que no recibe otra cosa que no sea la energía del sol. Este error es esencial para la sostenibilidad ya que aleja la idea de límites o de recursos finitos en los procesos industriales y económicos. En este sentido, los libros de texto (y el lenguaje político, mediático y popular) debería olvidarse de seguir denominando por ejemplo "países productores de petróleo", o "potencia productora de acero, carbón y algodón". En su lugar, hay que señalar al extractivismo como el proceso diseñado y ejecutado por el ser humano para adentrarse en las entrañas de la tierra y extraer determinadas sustancias o minerales, como materia prima o combustible. La ausencia de límites para los procesos productivos y la reducción al economicismo de los bienes naturales es manifiesta en los textos. Por ejemplo, el libro de Economía de 1º de Bachillerato Ed. Edebé señala que "El crecimiento y el desarrollo económico suponen la producción de una mayor variedad de bienes y servicios y, por lo tanto, la utilización de una mayor variedad de materias primas. Esto ha exigido la búsqueda de nuevas fuentes o yacimientos de recursos". O por ejemplo, el libro de Historia Contemporánea de 1º de Bachillerato Ed. Santillana afirma que "Desatender la producción de bienes de consumo es desatender el bienestar de la población". 

 

Por medio de todas estas afirmaciones, se va conduciendo al alumno para la asunción del modelo vigente de producción y consumo, ligando todos estos procesos a los conceptos de bienestar, desarrollo, crecimiento y progreso. Esa es la única lectura. No existe otra. No se le transmite al alumnado la capacidad siquiera para preguntarse lo que debemos entender por "progreso" o por "desarrollo". Los textos defienden la idea falsa de que las economías más ricas se encuentran en un proceso de desmaterialización. Se ignora que las economías más depredadoras, denominadas "posindustriales" mueven más materia física (desordenándola) que la que jamás se habría imaginado. Para los libros de texto, el crecimiento económico y el aumento ilimitado de la producción justifican cualquier tecnología y son incuestionables. Por supuesto y como siempre, existen excepciones. En algún libro de texto, como por ejemplo el de Historia Contemporánea de 1º de Bachillerato Akal, se pueden encontrar acertadas críticas al desastre ambiental provocado por la ausencia de límites a la producción y al consumo…pero es un planteamiento minoritario. En dicho libro se lee: "El estímulo constante para la compra mercantilizó la vida de los ciudadanos…Y así se consolidó una base fundamental de nuestra sociedad de hoy, la producción y el consumo sin límites, aunque eso haya originado grandes males, como la contaminación y el deterioro ecológico”. Ojalá cundiera el ejemplo de este texto. Muy de pasada se citan algunos problemas ecológicos, sin que en ningún caso se explicite la necesidad del decrecimiento o la limitación de los procesos productivos. Simplemente se hace alguna mención al desarrollo sostenible sin que se pueda vislumbrar que la sostenibilidad puede pasar por dejar de extraer. Por ejemplo, el libro de Economía de 1º de Bachillerato Ed. Edebé dice que "La explotación abusiva de la naturaleza, las actividades de producción y el consumo indiscriminado pueden llevar al agotamiento de algunos recursos. En la actualidad, el problema ha alcanzado proporciones alarmantes, como el caso de la extinción de especies vegetales y animales, el deterioro del ecosistema, la sobreexplotación de recursos marinos o yacimientos mineros, etc. El sector público está obligado a intervenir para evitar estas situaciones abusivas de los recursos. Pretende conseguir un desarrollo económico sostenible y respetuoso". Y ahí se queda. Está muy acertada la reflexión, pero debería llegar al paso siguiente, centrándose en debatir la posibilidad de que deban decrecer los procesos extractivos y consumistas. Sin embargo, de modo generalizado, se invisibilizan los problemas sociales y ecológicos asociados a la denominada producción. "Todo objeto fabricado es un bien para la economía", texto de Economía 1º de Bachillerato Edebé (Nótese el uso de la palabra bien. ¿Todo los que se fabrica es un bien desde el punto de vista de la vida y la sostenibilidad?). Por otra parte se afirma en la misma página "Un bien o servicio es todo aquello que es útil para satisfacer necesidades”. Como se puede observar, la contaminación o los efectos negativos de la producción son completamente ignorados. Continuaremos en siguientes entregas. 

 

 

Fuente Principal de Referencia: Informe "El currículum oculto antiecológico de los libros de texto", de Ecologistas en Acción

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19 febrero 2020 3 19 /02 /febrero /2020 00:00
El Genocidio Palestino (22)

El problema de Israel, por consiguiente, no es esta ley concreta o aquella otra, sino toda su estrategia general, que no ha cambiado desde 1948 y es tan cruel como la de algunas limpiezas étnicas que ahora mismo están en marcha en otras partes de Oriente Próximo y del mundo en general, y mucho más eficaz

Ilan Pappé y Samer Jaber

Pero la historia de complicidad de Occidente con Israel no se limita únicamente a la interpretación del Holocausto después de la Segunda Guerra Mundial (cuestión examinada en el artículo anterior), sino que se viene manifestando en otros muchos frentes. Jonathan Cook ha escrito recientemente en su propio blog un brillante artículo donde lo refleja, que seguiremos a continuación. La versión original está traducida al castellano por Beatriz Morales Bastos, y publicada en el digital Rebelion. De entrada, las potencias occidentales estaban tan comprometidas con el éxito de Israel que desde finales de la década de 1950 Francia y Gran Bretaña le ayudaron a reunir un arsenal nuclear (el único que existía en Oriente Próximo) en clara violación del Tratado de No Proliferación, y hoy día apoyado sin reservas por el gigante estadounidense, mientras intentan impedir por todos los medios que sus vecinos árabes lo consigan. Por lo visto, si sus vecinos árabes lo consiguen el mundo será un lugar más inestable y peligroso, pero si lo posee Israel el mundo será un lugar más seguro. Sin comentarios. Invito a los lectores y lectoras a realizar su propia interpretación personal. Y como era de prever, esta escalada nuclear desestabilizó aún más una región ya de por sí bastante inestable, ya que otros Estados, especialmente Irak e Irán, se plantearon intentar estar a la altura desarrollando sus propias armas nucleares, ante la amenaza del emergente israelí. Pero hay más. Jonathan Cook explica: "Otro signo del compromiso de Occidente con este derivado colonial fue su determinación de hacer la vista gorda en 1967 ante la codiciosa expansión de las fronteras de Israel al conquistar el resto de la Palestina histórica. Durante más de medio siglo se le ha dado a Israel carta blanca para consolidar su ocupación y construir colonias en violación del derecho internacional. Al cabo de todas estas décadas la Corte Penal Internacional sigue dando largas al asunto, al parecer indefinidamente, en vez de procesar a Israel por sus colonias que son sin lugar a dudas un crimen de guerra. Y más de cincuenta años después Europa sigue subvencionando las colonias por medio de acuerdos comerciales y negándose incluso a etiquetar los productos de las colonias".

 

Así que, en resumidas cuentas, todo Occidente es cómplice de las perversidades de Israel, ya que en vez de dar cuenta por estas escandalosas violaciones de un orden internacional fundado por Occidente, los aliados de Israel han contribuido a oscurecer, negar o ignorar estos hechos. Israel ha desarrollado toda una industria, el hasbara, para tratar de impedir que personas ajenas comprendan lo ocurrido desde 1948 hasta la actualidad. Todo un manipulado relato ha sido difundido por Israel, con la clara complicidad de las potencias occidentales. Para Israel y sus aliados occidentales es importante fomentar justificaciones para la creación del Estado de Israel y sus perversas actividades que apelen a la emoción, no a la razón, como forma de disuadir a los investigadores de hurgar demasiado seriamente en el pasado, para tratar de difundir lo que realmente ha venido sucediendo. De hecho, solo existen tres posibles justificaciones o explicaciones para la transformación de lo que antaño fuera Palestina en el Israel de hoy día, un Estado creado por y para personas judías sobre las ruinas de aquel pueblo árabe. La primera justificación es la clásica promesa bíblica, la segunda es la justificación colonial en toda regla unida a las ideas supremacistas acerca de una civilización judeocristiana superior, y la tercera justificación fue el argumento racista contra los árabes. Veámoslas con más calma: 

 

1.- La promesa bíblica. La primera justificación afirma que se concedió al movimiento sionista el derecho a limpiar Palestina de la inmensa mayoría de sus habitantes originarios porque hace miles de años Dios había prometido a los judíos la tierra de Palestina. Este argumento dice a los palestinos: "Puede que tu familia haya vivido durante siglos e incluso milenios en Nazaret, Nablus, Belén, Beersaba, Jerusalén, Jaffa, Hebrón o Haifa, pero eso no tiene absolutamente ningún valor porque Dios dijo a Abraham que esta tierra pertenecía a los judíos". Y aunque nos parezca ridículo (que lo es), no hay que descartar el persistente poder de este argumento. Fue de hecho lo que inspiró al movimiento apocalíptico del sionismo cristiano del siglo XIX, es decir, el "anhelo de restituir" a los judíos a la Tierra Prometida para provocar un fin de los tiempos en el que solo se salven los verdaderos cristianos. Posteriormente unos cuantos judíos influyentes, como Theodor Herzl, que se habían dado cuenta de que si querían construir un Estado judío necesitaban el apoyo de las élites sionistas cristianas, reformularon y adoptaron el sionismo cristiano. Finalmente encontraron un patrocinador en la Gran Bretaña colonial. Un gusto por la profecía bíblica fue lo que en parte guió al gobierno británico a la hora de aprobar la Declaración Balfour (véanse los primeros artículos de la serie, donde nos hemos referido a ella con detenimiento). Todavía hoy día gran parte de la enseñanza en Israel depende de afirmaciones tácitas y no contrastadas que aparecen en la Biblia acerca de que los judíos tienen más derecho a la tierra que los palestinos. No obstante, los altos cargos israelíes saben que actualmente los argumentos bíblicos tienen poca influencia en gran parte de Occidente. Fuera de Israel estas afirmaciones solo funcionan bien con los grupos evangélicos, sobre todo en Estados Unidos, por lo cual se han utilizado selectivamente, sobre todo dirigidos a la base electoral que apoya al actual Presidente estadounidense, Donald Trump.

 

2.- La justificación colonial. Esta segunda justificación, como decíamos más arriba, a la que se recurrió con frecuencia durante los primeros años del proyecto sionista, era una justificación colonial en toda regla, estrechamente unida además a las ideas acerca de una civilización judeocristiana superior. Jonathan Cook lo explica así: "El colonialismo [supremacista] asumía que los blancos occidentales constituían una raza aparte desde el punto de vista biológico que tenía que asumir la responsabilidad de domesticar y civilizar la naturaleza salvaje de los pueblos inferiores del planeta. Se trataba como niños a esos seres inferiores y eran considerados impulsivos, retrasados e incluso autodestructivos. Necesitaban un modelo de conducta encarnado en el hombre blanco cuya tarea era disciplinarlos, reeducarlos e imponer orden. El hombre blanco fue compensado por la dura tarea que tenía que desempeñar concediéndose a sí mismo el derecho a saquear los recursos de los pueblos salvajes. En cualquier caso, se asumía que esos bárbaros eran incapaces de gestionar sus asuntos o de dar un buen uso a sus propios recursos". Esta justificación no solo se ha dado en el caso de Israel con respecto a Palestina, sino que la encontramos en prácticamente la totalidad de las incursiones imperialistas de las grandes potencias occidentales a lo largo de la historia (Francia, Reino Unido, España...). Es el mismo argumento que nuestros "conquistadores" de las Américas utilizaron para someter y esclavizar a sus pobladores originarios durante siglos. Si todo esto suena increíblemente racista, tenemos ejemplos actuales que lo avalan: por ejemplo, Trump propone ahora mismo una variante de la misma idea, en el sentido de que los mexicanos deben pagar por el muro que los mantiene fuera de un Estados Unidos blanco, incluso cuando las empresas estadounidenses siguen explotando la mano de obra barata mexicana, o por ejemplo se amenaza a los "desagradecidos" iraquíes con tener que pagar por los soldados que invadieron su país y por las bases militares estadounidenses que supervisan su ocupación. 

 

Muchas veces no nos damos cuenta, pero vivimos en un mundo cruel y absolutamente racista. Los argumentos racistas, xenófobos y supremacistas marcan una gran parte de las decisiones que adoptan las grandes potencias occidentales. La justificación colonial, por tanto, es una de las más viejas de la historia. Hoy día, la "carga del hombre blanco" apuntala los proyectos de "intervención humanitaria" o la interminable "guerra contra el terrorismo", y vuelve a ser la bandera para los grupos neofascistas que surgen por doquier. Y aún continúan sin recuperarse y repararse siglos de interferencia y de desprecio colonial (robo de recursos, deuda ecológica, imposición de fronteras artificiales que avivan conflictos internos y tribales, derrocamiento de gobiernos democráticos y liberadores, destrucción de proyectos emancipadores, guerras ideológicas, apoyo a sangrientos dictadores, etc.). Los asentamientos israelíes en Palestina son un claro ejemplo de ello. E igualmente, los Estados en desarrollo (en Asia, África, América Latina...) también han tenido que luchar por prosperar en un mundo dominado por las grandes instituciones coloniales occidentales, ya sea la OTAN, el Banco Mundial, el FMI, la Organización Mundial del Comercio, incluso el Consejo de Seguridad de la propia ONU. Por no hablar de la terrible labor de los mal llamados Tratados de Libre Comercio. Y así, condenados al fracaso por las mismas reglas amañadas para garantizar que únicamente prosperen las potencias occidentales, los Estados en desarrollo se encuentran con que sus políticas disfuncionales o autoritarias se vuelven en su contra, y se utilizan para justificar constantemente las invasiones, el saqueo y el control de sus recursos por parte de Occidente. 

 

3.- El odio hacia los árabes. Dijera lo que dijera el sionismo, Israel no fue un antídoto para este ideología de la "carga del hombre blanco", sino que fue una extensión de ella. Ahí radica precisamente la paradoja. Y aunque gran parte de Europa ha sido profundamente racista respecto a los judíos (véase el holocausto nazi), generalmente se consideraba a los judíos de Europa superiores en la jerarquía racial a los negros, morenos o amarillos. Históricamente, las personas antisemitas despreciaban y temían a los judíos no porque fueran consideradas inferiores, atrasadas o primitivas, sino porque eran consideradas demasiado inteligentes, manipuladoras, reservadas e indignas de confianza. El movimiento sionista trató de explotar este racismo. Sus fundadores, judíos europeos blancos, recalcaron a los potenciales patrocinadores que ellos podían contribuir a colonizar Oriente Próximo en beneficio de las potencias europeas. Después de que se proclamara la Declaración Balfour, el gobierno británico encargó a la Oficina Colonial dar forma a un "hogar" judío en Palestina. El desprecio de Israel hacia los árabes llega incluso a afectar a los propios judíos originarios de los Estados árabes vecinos (llamados "mizrahim") que acudieron a Israel tras su creación. Los judíos ashkenazi (europeos) que fundaron Israel no tuvieron interés alguno en estos judíos, hasta que los campos de exterminio nazis acabaron con la inmensa mayoría de los judíos europeos. Entonces se necesitó a los mizrahim para reforzar la proporción de judíos frente a la de palestinos. El padre fundador [de Israel] David Ben Gurion despreciaba a los mizrahim, a los que calificaba de "polvo humano". Hasta en el seno del ejército israelí se produjeron encendidos debates acerca de si se podía "domesticar" suficientemente la naturaleza salvaje de los supuestamente inferiores y atrasados judíos árabes para que sirvieran de forma eficaz como soldados. De hecho, Israel emprendió una agresiva campaña para desarabizar a los hijos de estos judíos, con tanto éxito que a pesar de que hoy los mizrahim constituyen la mitad de la población judía de Israel, menos del 1% de los judíos israelíes son capaces de leer un libro en árabe, y hasta los que cantan "Muerte a los árabes" no se dan cuenta de que sus propios abuelos fueron árabes, en el estricto y completo sentido del término. Continuaremos en siguientes entregas.

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17 febrero 2020 1 17 /02 /febrero /2020 00:00
Viñeta: Falcó

Viñeta: Falcó

Estamos en un momento crítico de la historia de la Tierra en el cual la humanidad debe elegir su futuro. A medida que el mundo se vuelve cada vez más interdependiente y frágil, el futuro depara, a la vez, grandes riesgos y grandes promesas. Para seguir adelante, debemos reconocer que en medio de la magnífica diversidad de culturas y formas de vida somos una sola familia humana y una sola comunidad terrestre con un destino común. Debemos unirnos para crear una sociedad global sostenible fundada en el respeto hacia la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y una cultura de paz. En torno a este fin, es imperativo que nosotros, los pueblos de la Tierra, declaremos nuestra responsabilidad unos hacia otros, hacia la gran comunidad de la vida y hacia las generaciones

Fragmento de la Carta de la Tierra (2000)

El orden del capital niega la naturaleza de la Naturaleza y la naturaleza de la Humanidad; es una compleja plusvalía que devora la vida en todo el planeta, incapaz de escapar a su propia lógica autodestructiva y a sus propios límites históricos y terminales

Camilo Valqui

Llegado este momento, y aunque ya ofrecimos una visión más o menos detallada de la crisis ambiental y climática que nos afecta y su previsible evolución en el tiempo durante los primeros artículos de la serie, es conveniente volver a retomar siquiera brevemente el asunto, para contemplarlo en relación a todo lo ya expuesto. Quizá esta nueva exposición, a la luz de todas las reflexiones analizadas en entregas anteriores, resulte para nuestros lectores y lectoras mucho más productiva. Y ello porque las consecuencias del caos climático son y serán multifacéticas, afectando en cantidad y cualidad a millones de personas, animales y ecosistemas de todas partes del mundo. En el texto "Crisis civilizatoria: Experiencias de los gobiernos progresistas y debates en la izquierda latinoamericana" (se puede obtener gratuitamente en este enlace), coordinado por Edgardo Lander (del cual reproduciremos un extracto a continuación), se explica: "A pesar de que el calentamiento global es lo que ha recibido mayor atención, y ha sido más ampliamente documentado en las últimas décadas, no da cuenta, por sí solo, de las múltiples dimensiones del colapso ambiental global. Ya no se trata de potenciales impactos a mediano o corto plazo, sino de transformaciones que están alterando y destruyendo las condiciones de reproducción de la vida de centenares de millones de personas en el presente. Los impactos más importantes son los siguientes: 

 

1.- Mayor frecuencia e intensidad de eventos climáticos extremos: huracanes, inundaciones, sequías, olas de calor, incendios forestales. El huracán María marcó un antes y un después en la vida de los habitantes de la isla de Puerto Rico. Un año después de haber ocurrido, permanecían miles de viviendas destruidas y sin servicios básicos, y se ha producido una significativa migración. Esta devastación, en condiciones de profundo endeudamiento del sector público, está siendo utilizada para implantar draconianas políticas de austeridad y privatizaciones que amenazan incluso a la Universidad de Puerto Rico. 

 

2.- Sequías prolongadas, procesos de desertificación y pérdida extendida de tierras agrícolas y pecuarias. En África, en especial, esto ha generado masivas migraciones climáticas en la medida en que se destruyen las condiciones de reproducción de sus vidas. 

 

3.- La elevación del nivel de los mares está conduciendo a la desaparición de islas habitadas. Centenares de millones de personas, especialmente en Bangladesh, viven en territorios de muy poca elevación sobre el nivel del mar que están amenazados con quedar inundados de forma permanente (Ahmed 2015). Las ciudades costeras en todo el planeta están en riesgo severo. 

 

4.- El derretimiento de los glaciares pone en riesgo la vida de la sexta parte de la humanidad que depende de ríos que se originan en glaciares (Jamail 2018). Esto es particularmente amenazante para América del Sur, donde están situados el 99% de todos los glaciares tropicales del planeta, glaciares que son extremadamente sensibles a cambios climáticos. Se ha producido una reducción sostenida de su volumen y cobertura a lo largo de los últimos 50 años. Esto es especialmente grave para Bolivia y Perú, ya que buena parte de su población vive en zonas áridas donde son altamente dependientes de los ríos alimentados por glaciares (Rabatel y otros 2013). 

 

5.- La acelerada pérdida de biodiversidad, que es una condición fundamental para la preservación de la vida, se hace aún más grave en las condiciones de los cambios climáticos acelerados que están operando en la actualidad. Sistemas ecológicos completos pueden colapsar como consecuencia de la pérdida de diversidad biológica. Puede ocurrir la extinción funcional de una especie cuando ésta, a pesar de conservar niveles relativos de abundancia, deja de desempeñar interacciones con el ambiente, sin las cuales se pueden producir efectos devastadores sobre otras especies (Rabatel y otros, 2013). La capacidad de adaptación a las actuales cambiantes condiciones climáticas se limita significativamente cuando la biodiversidad es reducida. De severas consecuencias sociales y políticas es la pérdida de la variedad de semillas de alimentos básicos como trigo, maíz, soja, patata, y el control que sobre éstas tienen en forma oligopólica unas pocas transnacionales...Al masivo colapso de la población de insectos en el planeta, causado por la acción humana, se le ha puesto menos atención y ha sido menos estudiado sistemáticamente que la pérdida en la biodiversidad y población de otras variedades de vida animal y vegetal. Sin embargo, constituyen los insectos un componente esencial de los sistemas de vida en el planeta. Entre otras funciones son una fuente fundamental de alimentación para aves y peces. La pérdida de polinizadores representa una severa amenaza para la reproducción de plantas tanto salvajes como cultivadas, y con ello la seguridad alimentaria de la humanidad (Bidau 2018). 

 

6.- Contaminación en gran escala de tierras y aguas por el uso de agrotóxicos en la agricultura y por la escala, concentración y métodos utilizados en las denominadas fábricas de animales, como las grandes industrias del cerdo. 

 

7.- Contaminación local en las grandes ciudades del Sur Global, con severos efectos sobre la salud de sus pobladores. 

 

8.- La elevación de la temperatura de los mares y su acidificación está deteriorando los arrecifes de coral que juegan un papel vital en la protección de las zonas costeras, sirven de hábitat para muchas especies marinas, son fuentes de nitrógeno y otros nutrientes esenciales para las cadenas alimentarias marinas y contribuyen a la fijación del carbono y el nitrógeno (Queensland Museum 2010-2019). Con alto y muy elevado grado de confianza, el IPCC afirma que con una elevación de la temperatura de 1.5º C desaparecerían entre el 70% y el 90% de los arrecifes coralinos y el 99% en el caso de que la elevación de la temperatura llegase a los 2 grados centígrados (Intergovernmental Panel on Climate Change, 2018). 

 

9.- De acuerdo con el Informe Lancet sobre salud y cambio climático correspondiente al año 2018: "Los cambios actuales en las olas de calor, capacidad laboral, enfermedades transmitidas por vectores y seguridad alimentaria dan una alerta temprana del impacto múltiple y aplastante en la salud pública si las temperaturas continúan subiendo como se espera. Las tendencias del impacto, exposición y vulnerabilidades al cambio climático muestran un nivel inaceptablemente alto de riesgo para la salud actual y futura de la población en todo el mundo" (Lancet 2018). 

 

Continuaremos en siguientes entregas.

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