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18 diciembre 2020 5 18 /12 /diciembre /2020 00:00
Viñeta: Hassan Karimzadeh

Viñeta: Hassan Karimzadeh

Europa está en el origen del conflicto saharaui-marroquí, toda vez que España aún no asume sus obligaciones de potencia colonizadora y administradora del Sahara Occidental en la descolonización del territorio. Europa, es responsable de la persistencia de este conflicto, habida cuenta que dos países, como Francia y España, han apoyado y apoyan por medios económicos, diplomáticos y con armamento, un proyecto expansionista y de agresión. Europa es responsable del sufrimiento del pueblo saharaui, mientras Francia y España, promueven acuerdos, incluidos los de empresas, que violan lo establecido por el propio Tribunal de Justicia Europeo y alientan al régimen marroquí, a persistir en su desafiante política a la legalidad internacional; ...

Brahim Gali (Presidente de la República Saharaui y Secretario General del Frente Polisario)

...a violar los derechos humanos, a expoliar y a excluir a los saharauis de sus recursos naturales, así como, por su contribución a la permanencia en una situación de división: entre población refugiada y población sometida a la represión y al bloque, bajo la ocupación

Brahim Gali (Presidente de la República Saharaui y Secretario General del Frente Polisario)

En la primera entrega de la serie hicimos un somero repaso histórico al conflicto político del Sáhara Occidental, que vuelve a estar en primer plano del candelero informativo, debido a los últimos acontecimientos de las pasadas semanas (en particular, el reconocimiento por parte de Donald Trump de la soberanía marroquí sobre el Sáhara, haciendo gala de nuevo de su absoluto desprecio hacia el derecho internacional y los derechos humanos). Diego Hidalgo Morgado escribió un artículo para el medio digital Rebelion donde explica algunos asuntos, y a él nos referiremos a continuación. Explica Hidalgo Morgado: "Las declaraciones y actos del régimen marroquí muestran cómo funciona la lucha de poder en la comunidad internacional y sus resquicios antidemocráticos, para evitar que contra ese poder pueda oponerse la verdad de los oprimidos por su injusticia. Y resulta increíble que, con todas las resoluciones que existen en la ONU, ahora del TJUE, de los informes y denuncias que demuestran torturas, desapariciones, una invasión ilegítima, la responsabilidad de España, el incumplimiento de Tratados Internacionales de todo tipo y sobre todo de Derechos Humanos, la falta de garantías judiciales para los saharauis en el sistema judicial no independiente de Marruecos, la mitad del pueblo saharaui viviendo décadas en campos de refugiados, el vergonzoso muro lleno de minas antipersonas...Es increíble que a pesar de todas estas verdades probadas, la "comunidad internacional" siga siendo un espacio donde el poder despótico (no solo del régimen de Marruecos, sino de las élites cómplices que gobiernan países que le cubren como España, Francia o USA) pueda seguir impidiendo que esa verdad se le imponga y se logre la justicia". Como podemos comprobar, y ya adelantamos desde nuestra primera entrega, es un conflicto que tiene bastantes puntos de contacto (salvando el resto de diferencias) con el conflicto palestino-israelí (precisamente, la contrapartida exigida por Trump para reconocer la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara ha sido que el régimen marroquí restablezca relaciones diplomáticas con Israel, como ya vienen haciendo otros países árabes últimamente).

 

¿Qué puntos tienen en común el conflicto saharaui y el conflicto palestino? Básicamente, el despotismo de los pueblos fuertes y desalmados contra los pueblos débiles y oprimidos, con la complicidad de esa "comunidad internacional" que lo tolera y lo ampara. En efecto, el Reino de Marruecos lleva décadas ejerciendo su ocupación ilegal y violenta contra el pueblo saharaui, con métodos de represión violentos e ilegales, con un aumento de las expulsiones de observadores internacionales sobre el terreno, y con un despliegue falaz de presión internacional para que la voz del pueblo saharaui no sea escuchada, no sea tenida en cuenta, y para que se desoiga antidemocráticamente las resoluciones de tribunales y organismos internacionales competentes, que en infinidad de ocasiones se han pronunciado denunciando que el Sáhara Occidental es un territorio por descolonizar, y que es España (y no Marruecos) como potencia administradora, la que debe organizar allí un referéndum de autodeterminación. Pero a España le ha convenido más desde todos los frentes estar "a buenas" con el vecino marroquí, que enfrentarse a él por defender a un pueblo indefenso que solo lucha por su futuro. Así llevamos cuatro décadas. Cuatro décadas con la injusticia triunfando, cuatro décadas con un pueblo oprimido, y cuatro décadas de "amistad" con un régimen opresor y déspota como Marruecos, sobre una ex colonia que la España del agonizante régimen franquista dejó abandonada a su suerte ante el peligroso escenario que se avecinaba. Durante estas cuatro décadas hemos podido comprobar la dura realidad de la lucha del pueblo saharaui y la solidaridad de los observadores internacionales contra las violaciones de Derechos Humanos del régimen marroquí, ayudado por la complicidad de varios grandes actores de la escena internacional culpables de tolerar esta situación. Una injusticia más de nuestro mundo de hoy. Una violación más del respeto que se le debe a los pueblos. Una complicidad más con los regímenes violentos y opresores. Un desprecio más al Derecho Internacional. Una burla más a la justicia y a la verdad, porque esa "comunidad internacional" y las instituciones que las representan aún funcionan bajo la lógica que solo permite la victoria del poder sin verdad, es decir, la victoria para el poder y por el poder. Solo en pequeños espacios de esas instituciones internacionales se puede lograr la victoria por la verdad. El Sáhara Occidental aún está pendiente de ello. 

 

Es precisamente esa lucha por la verdad y contra la dominación, la que debe inspirarnos en todos estos conflictos, de los cuales el Sáhara Occidental es un claro ejemplo. Es a través de la lucha por la verdad de muchos pueblos y colectivos, contra los grandes poderes despóticos, como se logra asentar la legitimidad y construir los mecanismos que den prioridad a la verdad antes que al poder en la resolución de conflictos políticos. Y la verdad, aquí, es bien simple: se trata de reconocer la identidad y la lucha por la emancipación del pueblo saharaui, en contra de los poderosos intereses de todo tipo (políticos, económicos, diplomáticos...) que el régimen déspota de Marruecos instala en la región. En este caso, los mecanismos de ese poder sin verdad que despliega Marruecos son muy amplios: en primer lugar, tenemos la compra de cómplices, mediante negociaciones, contrapartidas, chantajes y amenazas. El pueblo saharaui nunca ha tenido voz en dichos mecanismos. El régimen de Marruecos explota en su beneficio la existencia de mecanismos antidemocráticos de los que aún se compone la comunidad internacional. A través de ellos consigue vergonzosas prerrogativas, como el Tratado de explotación de los recursos del Sáhara que aceptaron firmar las instituciones de la Unión Europea en 2016. Todas estas "ventajas" no hacen sino incrementar la fuerza moral de la potencia ocupante, en este caso Marruecos, en que lo que está haciendo está siendo "respaldado" por otros actores, que le conceden legitimidad, lo cual ayuda a reforzar su postura. Y como explica Diego Hidalgo en el artículo de referencia: "Por otro lado, actúa con fuerza para bloquear los mecanismos que permiten que a ese poder sin verdad pueda oponérsele la verdad de aquellos a los que oprime. Quizá el ejemplo clave sea cómo impide la monitorización sobre derechos humanos de la MINURSO en los territorios ocupados" (la MINURSO es la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental establecida en 1991, y tiene su sede central en El Aiún). Es decir, por un lado conseguir pequeñas "victorias" que legitimen sus perversas actividades, y por otro lado impedir que la parte oprimida pueda igualmente plantear sus intereses. 

 

De hecho, hemos llamado a esta serie de artículos "El Régimen del Terror y del Silencio", lo que apostilla Diego Hidalgo en los siguientes términos: "Además, como todo poder sin verdad necesita imponer el silencio: con auténticas campañas de detenciones de periodistas y activistas saharauis, y desapariciones y torturas, campañas de expulsión de observadores internacionales de derechos humanos y periodistas, amenazas, castigos a cualquier disidencia...La monarquía marroquí ha llegado incluso a impedir el acceso a los territorios ocupados de Misiones Especiales de organismos internacionales, y ha logrado bloquear la publicación de un informe de una Misión de la ONU del año 2006. Silencio. El objetivo del régimen de Marruecos es puro silencio: impedir el pronunciamiento del pueblo saharaui en un referéndum ordenado por la ONU que Marruecos bloquea desde hace décadas". Régimen del terror y régimen del silencio, ambos actuando de forma coordinada, para conseguir su perverso fin. También busca y logra el silencio en otros países, y en la opinión pública mundial. La causa saharaui queda, de esta forma, enterrada, sepultada y hundida. No se ve, no se oye, y aquello que no se ve ni se oye, simplemente, no existe. Nuestro país, España, es un actor fundamental en el conflicto, como venimos sosteniendo, pero sin embargo, háganse los lectores y lectoras las siguientes preguntas: ¿es noticia de los informativos el pueblo saharaui y sus condiciones de vida? ¿Se habla de la responsabilidad española? ¿Se culpa a las autoridades españolas del destino de dicho pueblo y de su actual ocupación? Más bien no, aunque sí se habla mucho de nuestra "amistad" con el Reino de Marruecos. En concreto, nuestras élites políticas (salvo alguna honrosa excepción) jamás han hablado de nuestras obligaciones para con el Sáhara Occidental, y mantienen en secreto el texto de los Acuerdos de Madrid. Silencio así mismo en los grandes medios de comunicación dominantes, aquellos medios amigos de las élites económicas y políticas españolas. De hecho, muchas personas que conocen por primera vez los verdaderos entresijos del conflicto y la auténtica responsabilidad de España, se quedan más bien asombrados, pues nunca lo han llegado a conocer correctamente. 

 

Terror y silencio. Silencio y terror. Indignidad de la comunidad internacional, como en tantos otros asuntos, y un pueblo abandonado desde hace décadas al albur de los designios de una potencia ocupante de facto, a la que no le tiembla el pulso en reprimir cualquier conato de protesta o rebelión. La lucha del pueblo saharaui es la lucha por la verdad, es la lucha contra el silencio, y por tanto requiere testimonio en vez de silencio, requiere eco internacional en vez de ocultación, requiere denuncia en vez de aquiescencia, requiere activismo en vez de equidistancia, requiere protesta en vez de aceptación. Requiere, sobre todo, solidaridad con un pueblo oprimido que lleva mucho tiempo luchando por sus derechos y por su autodeterminación, por dignificar su identidad y por caminar libremente hacia su futuro. Solo la valentía, la justicia y la democracia podrán ganar esta batalla. Es una batalla que requiere la presión internacional y no solo de ONG, sino de organismos, países y Estados verdaderamente comprometidos con la justicia y el Derecho Internacional. Basta ya de complicidad explotadora de las élites de las grandes potencias mundiales, que juegan con los intereses de los pueblos a su conveniencia, ignorando los tratados, convenios y marcos del derecho internacional. Basta ya de bailarles el agua a los despóticos gobiernos que masacran a su antojo a los pueblos que liberan sus grandes luchas por la justicia, la verdad y la emancipación. Hace falta el reconocimiento de la impresionante lucha del pueblo saharaui, llena de valor, compromiso y dignidad, para oponerse a la opresión, alzarse ante ella, rebelarse públicamente, soportar todo tipo de fechorías, y continuar reclamando sus derechos como pueblo sojuzgado, ignorado y silenciado. Hace falta deconstruir los silencios, derribar los muros, hacer eco de las protestas, denunciar el trato injusto al pueblo saharaui en todos los foros mundiales, y enfrentarse con todas las consecuencias a los regímenes opresores que imponen su crueldad y su vasallaje al resto de pueblos hermanos de la tierra. Pongamos un fuerte altavoz al pueblo saharaui, denunciemos los abusos y las injusticias que se cometen contra él, pero hagámoslo hasta el final, con todas las implicaciones, con todas las consecuencias. Basta de cobardías y de aberrantes complicidades con los opresores. Continuaremos en siguientes entregas.

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16 diciembre 2020 3 16 /12 /diciembre /2020 00:00

Como una superviviente de la prostitución respondió a la afirmación de que la prostitución no es ni mejor, ni peor que darles vueltas a las hamburguesas en un McDonald’s: “En el McDonald’s tú no eres la carne; en la prostitución tú eres la carne”. El término “trabajadora sexual” es un arma retórica en la normalización de la prostitución

Rachel Moran

Tomaremos como referencia para esta entrega, por su estupenda exposición, este artículo de Ignacio Aiestaran para el medio digital Rebelion (que ya referenciamos en nuestra entrega anterior), del cual hemos recogido incluso su misma cita de entradilla. Bien, en primer lugar, Aiestaran expone hasta diez razones por las cuales la prostitución no puede ser normalizada ni regularizada. Algunas de ellas ya las hemos comentado en anteriores entregas, pero siempre se aportan visiones, argumentos y perspectivas nuevas. Vamos a ellas: 

 

1.- En todo trabajo asalariado hay explotación, pero la explotación sexual no es un trabajo más, en contra de la propaganda que pretende normalizarla y regularizarla. La explotación sexual se asemeja más a las condiciones de esclavitud que a un trabajo. En un trabajo asalariado hay un centro de trabajo, pero en la explotación sexual el propio cuerpo de la víctima es el centro de trabajo, lo cual marca una diferencia absoluta. Por eso, hablar de "trabajo sexual" es incorrecto y resulta más apropiado hablar de explotación sexual, sin idealizaciones, ni eufemismos para denominar su carácter invasivo y abusivo. 

 

2.- La explotación sexual se asemeja a otras explotaciones que son inadmisibles, por mucho que haya consentimiento de la víctima o un contrato voluntario. Por ejemplo, hay actividades invasivas, como la explotación reproductiva (vientres de alquiler o gestación subrogada) y la explotación quirúrgica (extracción y venta de órganos), que no resultan admisibles, por mucho que la víctima firme su consentimiento y reciba compensación económica por ello. En la explotación sexual ocurre otro tanto. En la explotación sexual, la reproductiva y la quirúrgica es el propio cuerpo la medida de la explotación y por eso estas explotaciones invasivas resultan ser prácticas perjudiciales y totalmente abusivas, si no ilícitas.

 

3.- Otro factor que impide que la explotación sexual sea un trabajo normalizado es que, como a veces han expresado los tribunales, si se acepta como un empleo más, se admite entonces que puedan existir contratos de trabajo donde no haya libertad sexual. Este es un derecho laboral básico que no se puede suprimir. Ningún empresario tiene derecho a decidir sobre la libertad sexual de sus empleados o empleadas, ni tiene tampoco derecho a incluir ninguna cláusula contractual en la que la persona explotada tenga que renunciar a su libertad sexual. Hacerlo así sería retroceder de forma brutal en derechos. La libertad sexual nunca se puede ver limitada, ni afectada por un contrato de trabajo. 

 

4.- No se puede romantizar la explotación sexual como una actividad laboral más. Ignacio Aiestaran lo expresa en los siguientes términos: "Una actividad de felaciones y penetraciones impuestas no tiene encaje siquiera en los servicios públicos de empleo de las economías capitalistas. En el 2013 una agencia de empleo de Augsburgo le ofreció a una joven que solo tenía 19 años un puesto de trabajo en un burdel de la ciudad. Cuando la oferta salió a la luz pública, el servicio de empleo tuvo que disculparse. ¿De verdad deseamos un mercado laboral inundado de ofertas y anuncios de explotación sexual? ¿Ese es todo el futuro que se les ofrece a las adolescentes y mujeres jóvenes sin empleo? Si un día se consiguiese acabar con el capitalismo y se alcanzase un sistema económico justo, algunos de los actuales oficios podrían pasar perfectamente a ese nuevo tipo de organización de la sociedad, pero, desde luego, la explotación sexual no tendría cabida en él".

 

5.- El derecho a la sindicación es básico en la actividad laboral. En la explotación sexual, sin embargo, no puede haber sindicatos. Para que haya sindicatos es necesario reconocer una patronal empresarial, pero no puede haber un empresario o un jefe en este tipo de explotación, porque eso sería tanto como dar reconocimiento y cobertura al proxenetismo, lo cual además constituye un delito. Este fue el motivo principal por el que la Audiencia Nacional de España impidió en 2018 que la organización OTRAS se constituyera en sindicato, porque, de haberse aprobado sus estatutos, se hubiera amparado el proxenetismo directamente. Y añade Aistaran: "Que una parte del activismo feminista más mediático, desde Silvia Federici y Rita Laura Segato hasta Nancy Fraser, hiciese campaña por la legalización de esos estatutos que dejaban espacio para el proxenetismo es representativo de la romantización de la explotación sexual realmente existente". 

 

6.- Nunca deberíamos olvidar que la explotación sexual rompe todo principio de igualdad, sobre todo entre hombres y mujeres, teniendo en cuenta que sus víctimas mayoritariamente son mujeres vulnerables, empobrecidas y necesitadas económicamente. Este tipo de explotación rompe cualquier principio de solidaridad y justicia en igualdad, aunque se quiera disfrazar como un trabajo y un consumo más. Lo resumió perfectamente Alexandra Kollontay en su informe sobre las mujeres y cómo combatir la prostitución de 1921: "La prostitución destruye la igualdad, la solidaridad y el compañerismo de las dos mitades de la clase obrera. Un hombre que compra los favores de una mujer no la ve como una camarada o como una persona con iguales derechos". La explotación sexual y su consumo contribuyen al desclasamiento y a la división de la clase explotada y desposeída. 

 

7.- Un argumento típico que emplean quienes quieren normalizar la explotación sexual es que la prostitución siempre ha existido, que es "el oficio más viejo del mundo" (y otras expresiones por el estilo), y que nunca se va a erradicar, como si fuese un hecho natural del mundo. Tiene mucho que ver con la gente que "describe" las maldades del mundo para intentar convencer de que "es lo que hay", cuando en realidad están encubriendo que simpatizan con ellas. Es el mismo argumento que empleaban los esclavistas algodoneros para poseer esclavos y esclavas en sus plantaciones, con el fin de naturalizar y normalizar la peor opresión y explotación. Pero no hay que dejarse engañar: que una práctica abusiva tenga muchos siglos de historia no quiere decir que sea natural, o que no pueda ser cambiada, o que tengamos que seguir aceptándola porque haya existido durante mucho tiempo. Cada derecho nuevo siempre ha sido conquistado contra prácticas abusivas que en el pasado se consideraron naturales e inalterables. 

 

8.- Unido al punto anterior, hay personas, especialmente hombres, que quieren justificar la explotación sexual como una necesidad masculina. Es cierto que los seres humanos tenemos necesidades sexuales (tanto hombres como mujeres), pero afirmar que la satisfacción de esas necesidades pasa por legitimar la explotación de otras personas, especialmente mujeres, es una forma abusiva y opresora a todas luces, que rompe con cualquier principio de igualdad y que además se adentra peligrosamente en el terreno de la cultura de la violación, porque presenta a la persona que utiliza sexualmente a otra como alguien que no tiene más remedio que hacer lo que hace, como si no pudiera controlar o suprimir el deseo de posesión y dominio. Una perspectiva ciertamente muy peligrosa. 

 

9.- El lobby de la prostitución y de su entramado empresarial quiere vender la idea de que existe una explotación sexual buena (la prostitución) y otra mala (la trata de personas con fines sexuales). Pero en realidad, esto es otra falacia. No existe una explotación buena y otra mala. Todo tipo de explotación sexual es violenta por sí misma y vulnera derechos fundamentales, como la libertad sexual. De todos modos, sí que es cierto que la trata de personas (con todo su entramado criminal y mafioso) resulta más cruel, porque en ella concurren delitos tan graves como el secuestro y la "venta" de personas. Por otro lado, es cada vez más frecuente que la prostitución realmente existente (no la romantizada en películas como por ejemplo Pretty Woman) se vea unida a la trata de personas, porque el proxenetismo desplegado por estas mafias se expande mucho más violentamente, sobre todo allí donde los Estados y las autoridades poseen políticas más permisivas, hacen la vista gorda, no poseen medios para luchar contra ellas, o simplemente lo toleran cada día con hipocresía y cinismo. 

 

10.- Por último, como décimo punto, tenemos que señalar un aspecto fundamental: la hipocresía y el cinismo de nuestras Administraciones, tanto locales, como nacionales, supranacionales e internacionales. Como venimos afirmando, la abolición de la prostitución implica luchar contra estas poderosas organizaciones mafiosas que secuestran y trafican con las mujeres, las esclavizan, las prostituyen y las amenazan continuamente. Para ello hacen falta medios, evidentemente, pero también hace falta otra cosa: valentía y ausencia de cinismo, que se traduce en estos casos en complicidad. Porque en cuanto se trata de alterar las estructuras del capital que permiten la explotación y abolirlas, normalmente los gobiernos y las instituciones ya se echan atrás de forma cobarde, y comienzan a argüir absurdas razones, exponiéndolo todo como algo "muy complicado". Nunca hemos dicho que abolir la prostitución sea una tarea fácil, ni lo afirmaremos jamás, pero si nos quedamos en esa postura pasiva, es seguro que jamás se abolirá. Ignacio Aiestaran lo ejemplifica en los siguientes términos: "Un buen ejemplo de esta hipocresía progresista la tenemos también en la Unión Europea, que cada año celebra el 8 de marzo para reivindicar la igualdad entre hombres y mujeres, pero al mismo tiempo desde el 2013 impone el Sistema Europeo de Cuentas Nacionales, que obliga a sus Estados a incluir en el cálculo del Producto Interior Bruto actividades fuera de la ley como la explotación sexual, el tráfico de armas y el tráfico de drogas. En el capitalismo todo cuenta como productividad y riqueza, incluidas las actividades más destructivas, legales o ilegales". 

 

En efecto, la lucha por la abolición de la prostitución es una tarea titánica, pero precisamente por la gravedad de los derechos contra los que atenta, es absolutamente imprescindible que los Gobiernos, los Estados y los organismos internacionales aúnen esfuerzos, aumenten medios y dedicación, y contribuyan a su erradicación, en vez de practicar estas políticas contradictorias, tibias y cobardes, que al final únicamente consiguen reforzar al sector de las "empresas" que se enriquecen con la explotación sexual, así como empoderar cada día más a estas extensas y peligrosas redes mafiosas que despliegan su deleznable actividad por todo el mundo. Por eso la postura abolicionista es vista como "muy complicada", porque necesita grandes dosis de valentía para enfrentarla. Continuaremos en siguientes entregas.

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14 diciembre 2020 1 14 /12 /diciembre /2020 00:00
Filosofía y Política del Buen Vivir (118)

Todos los seres vivos tienen derechos. Incluso los seres vivos más sencillos, radicalmente desprovistos de subjetividad y conciencia, pueden vivir bien o mal: vivir bien, para uno de estos seres, será poder realizar óptimamente sus funciones vitales en un medio ambiente adecuado (…) Todos los seres vivos son pacientes morales que poseen un bien propio, un conjunto específico de capacidades, vulnerabilidades y condiciones de florecimiento que definen lo que para ellos es una buena vida

Jorge Riechmann

Estamos viendo hasta qué punto el Animalismo, entendido básicamente como una filosofía (y una política, pues ambas van también unidas) de comprensión y acercamiento al mundo animal, de armonía, respeto y compasión hacia el mundo animal, es absolutamente imprescindible bajo los marcos del Buen Vivir. Hemos de superar el "tradicionalismo" a que constantemente se refieren quienes pretenden perpetuar sus bárbaras prácticas, pero también hemos de incorporar el Animalismo como una más de las disciplinas que se unen al corpus teórico y práctico de la izquierda, al igual que el Pacifismo, el Ecofeminismo, el Ecosocialismo, el Decrecimiento, etc. En el fondo, como tantas veces hemos insistido en esta serie de artículos, se trata de una lucha encarnizada contra el feroz antropocentrismo que todo lo domina, y que se proyecta igualmente en esta sociedad capitalista, patriarcal, desarrollista y explotadora de todas las formas de vida. Y es que "para la izquierda clásica, los animales han sido considerados como meras unidades de producción, mientras que la derecha mantiene un distanciamiento antropocéntrico con raíces teocráticas, donde los animales han sido meros recursos con los que satisfacer y vanagloriarse de su posición como centro de la Creación; de ese modo, abusando de los animales, recalcan y refuerzan su idea de superioridad de origen divino", como nos explica Luis Víctor Moreno Barbieri, Vicepresidente de PACMA, en este artículo para el medio digital Contrainformacion. Y continúa: "Manteniéndonos al margen de esas caducas corrientes ideológicas, avanza imparable una nueva manera de comprender la realidad, en la que incluimos a los animales en nuestro círculo de consideración moral, en una forma evolucionada de relacionarnos con la naturaleza y con el resto de habitantes con los que convivimos en este planeta. Incluimos el respeto a sus derechos y consideramos los intereses de los animales en una nueva corriente política que no está adscrita a ninguna ideología anterior y que marca una diferencia y una Re-Evolución del pensamiento". Hoy día, la cosificación y explotación animal no tiene límites. Es por ahí por donde debemos comenzar, justamente por abolirla. 

 

Como nos explica Nuria Menéndez, Abogada y Directora del Observatorio Justicia y Defensa Animal en este artículo: "El sistema de explotación animal es el infierno en la tierra. No hay humanidad ni contemplaciones, solo kilos, litros y cifras económicas. Para estos seres esclavizados que se cuentan por billones nada de lo que les espera en su corta vida va a ser dulce o amable. Ni la muerte que pondrá fin a su mísera existencia". La Revolución Animalista persigue en primer lugar esta Liberación Animal, esta descosificación de los animales por parte del hombre, y en segundo lugar, una contemplación, un estatus y un tratamiento armónico y justo con el resto de animales no humanos que habitan la Tierra. Nuria Menéndez califica el trato que damos a los animales como "pandemia ética global", calificación con la que estamos muy de acuerdo. Tenemos que desandar parte de la historia de la humanidad, ya que la cosificación animal comenzó cuando nuestra relación con los animales dejó de ser simbiótica y se volvió parasitaria. Pero es que además, existe una clara y estrecha relación entre el bienestar animal y el cuidado medioambiental, o si se prefiere, el propio bienestar de la Naturaleza y del planeta. Veamos: muchos animales salvajes son explotados con objetivos de comercialización (pieles, colmillos, etc.). Pues bien, además del propio perjuicio animal, mediante estas prácticas también se daña al medio natural, pues éste es parte de un ecosistema y en el mismo, cada especie ejerce un rol determinado. Entonces, como resultado de estas prácticas humanas agresivas, se genera una pérdida de biodiversidad, hecho que impide el mantenimiento de un planeta saludable, rico y equilibrado. El bienestar animal se asocia de esta forma a un concepto holístico dado que comprende lo social y lo natural. Cuando atentamos contra el bienestar de los animales, en verdad estamos atentando contra el bienestar de todo y de todos. El mantenimiento de la biodiversidad es un aspecto sumamente importante para conservar los equilibrios naturales, y el hecho es que la acción humana la está alterando gravemente. En este artículo de Damian Carrington (editor de la sección de Medio Ambiente del diario The Guardian) para el medio digital Sin Permiso, que vamos a tomar como referencia, se da cuenta de que la humanidad ha eliminado a más del 60% de los animales (mamíferos, aves, peces y reptiles) desde el año 1970. 

 

Dicho artículo se basa en un Informe elaborado por 59 científicos para la organización WWF, donde los autores recalcan que dicha pérdida no es solamente una tragedia en sí misma, sino que también amenaza la propia supervivencia de nuestra civilización humana. El informe señala que el vasto y creciente consumo de comida y recursos por parte de la población global está destruyendo las redes de vida y destruyendo miles de millones de años de actividad, de la que la propia sociedad humana depende en última instancia para el aire limpio, el agua y los nutrientes. Según Mike Barret, Director Ejecutivo de Ciencia y Conservación de WWF: "Somos sonámbulos hacia el borde del abismo (...) Si fuera un 60% de la población humana, sería equivalente a destruir la totalidad de Norteamérica, Sudamérica, África, Europa, China y Oceanía. Esta es la escala de lo que hemos hecho". Algunos científicos predicen que incluso si esta destrucción masiva se detuviese hoy mismo, tomaría de 5 a 7 millones de años al mundo natural para recuperarse de tanta aniquilación, y volver a restaurar los equilibrios perdidos, así como la riqueza natural existente antes del comienzo de esta Sexta Extinción. El Índice Planeta Vivo, realizado por WWF para la Sociedad Zoológica de Londres, maneja datos de 16.704 poblaciones de mamíferos, aves, peces, reptiles y anfibios, representando en total más de 4.000 especies, para registrar el declive progresivo de la vida salvaje provocada por la acción humana. Entre 1970 y 2014, los últimos datos disponibles, dichas poblaciones cayeron en un promedio del 60%. Cuatro años antes, el declive fue del 52%. El Profesor Bob Watson, uno de los científicos del medio ambiente más eminentes del mundo, y actualmente Presidente de un Panel Intergubernamental sobre Biodiversidad, ha afirmado lo siguiente: "La naturaleza contribuye al bienestar cultural y espiritual humano, así como a través de la producción de comida, agua limpia y energía, y a través de la regulación del clima terrestre, contaminación, polinización e inundaciones (...) El Planeta Vivo reporta claramente manifestaciones de que las actividades humanas están destruyendo la naturaleza a un ritmo inaceptable, amenazando el bienestar de las generaciones presentes y futuras". 

 

La principal causa de pérdidas de vida silvestre es la destrucción de los hábitats naturales, muchos de ellos para crear plantaciones. Esto provoca el éxodo de animales desde su hábitat original en busca de otros, muchas veces provocando numerosos peligros para ellos en dicha búsqueda. Tres cuartas partes de toda la tierra del planeta están ahora significativamente afectadas por las actividades humanas, en mayor o menor grado. Matar para comida es la siguiente gran causa (300 especies de mamíferos están siendo comidas por el ser humano hasta la extinción), mientras que los océanos son masivamente sobrepescados, con más de la mitad en la actualidad siendo pescados industrialmente. La destrucción forestal, la caza indiscriminada, los vertidos contaminantes de las grandes empresas, la destrucción de ríos y lagos, etc., son las causas principales de extinción de muchas especies: elefantes africanos, orangutanes, tiburones ballena, albatros errante, jaguar, gaviales (un tipo de cocodrilo), salamandra china gigante, erizos, etc., son algunas de las especies que están siendo diezmadas brutalmente por todas estas causas mencionadas. Por su parte, la contaminación química y el comercio globalizado introducen nuevas enfermedades y especies invasivas en los ecosistemas, que alteran también los equilibrios naturales, provocan nuevos éxodos y disminuyen las poblaciones. Tanya Steele, Jefa Ejecutiva de WWF, ha sentenciado: "Somos la primera generación en conocer que estamos destruyendo nuestro planeta, y la última que puede hacer algo al respecto". Según este artículo de EcoPortal, la actividad humana pondrá en riesgo de extinción a 1.700 especies animales en el año 2070. No podemos permitirlo. Sería una destrucción de una magnitud absolutamente irreversible. Dicho riesgo de extinción será debido al expansivo uso de la tierra por parte de los humanos, que privan a los animales de cada vez más lugares donde vivir. Dentro de 50 años, según los científicos, el hábitat natural de algunas especies del planeta se verá reducido hasta en un 50%. Las zonas más afectadas para los animales serán el centro y el este de África, Mesoamérica, América del Sur y el sureste de Asia, debido sobre todo al desarrollo económico, al crecimiento demográfico esperado, y a los cambios en el uso de la tierra. La situación es, pues, ciertamente dramática. Otros modos de vida son y deben ser posibles. Han de ser posibles forzosamente si pretendemos no caer en el abismo civilizatorio, y el Animalismo es uno de los puntales que debemos preservar para ello. 

 

Y el Animalismo incluye también, como ya hemos citado en anteriores entregas, la actitud humana que debe desplegarse, en el sentido de intervenir en la naturaleza con objeto de ayudar a los animales no humanos. Por ejemplo (como ya se hace en algunos países, como India, Estados Unidos o Canadá), podemos distribuir comida a animales salvajes que se encuentren hambrientos debido a la escasez de recursos provocada por un clima extremo. El problema consiste en que estas actitudes no son generalizadas, sino que la ayuda normalmente se restringe a los animales que pertenecen a una especie amenazada, o solo se lleva a cabo si existe riesgo de que su aflicción se extienda a los humanos. Aquéllos que no satisfacen estas condiciones no reciben el mismo tratamiento y consideración, a pesar de experimentar los mismos niveles de sufrimiento. Pero como nos explican en este artículo para eldiario.es: "...la intensidad del sufrimiento de un individuo no depende del tamaño poblacional de su especie ni de los riesgos que suponga para otros seres sintientes. Así que no parece que existan razones que no sean arbitrarias para excluir a la mayoría de los animales de ser ayudados de esta forma y hacerlo cada vez que esté en nuestro poder prevenir o aliviar los daños que padecen". Como ya explicamos en alguna entrega anterior, es equivocada la visión idílica que muchas personas tienen sobre la vida de los animales salvajes, placentera y feliz. Y además, tampoco debemos pensar en ayudarles únicamente cuando su sufrimiento sea provocado por el ser humano, sino en ayudarles sin más, en sentido general, cuando lo necesiten. El mismo altruismo, consideración y empatía que desarrollamos con los humanos, hemos de desarrollarlo también hacia los animales. Todos ellos son seres sintientes, y nuestra consideración moral debe ser la misma, aunque establezcamos una especie de graduación en la valoración de unas vidas sobre otras cuando se presenten conflictos. En definitiva, el rechazo al Especismo, junto a la extensión de nuestro universo moral (para superar el Antropocentrismo), que ya hemos debatido en anteriores entregas, nos obliga a extender nuestra ayuda hasta incluir a todos los animales en situación de necesidad, tanto humanos como no humanos, tanto domésticos como salvajes. Continuaremos en siguientes entregas.

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11 diciembre 2020 5 11 /12 /diciembre /2020 00:00
Sáhara Occidental: el Régimen del Terror y del Silencio (I)

Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor

Desmond Tutu

Iniciamos aquí una nueva serie de artículos en la que, como su nombre indica, vamos a tratar de exponer la problemática del Sáhara Occidental, el origen del conflicto, su historia y situación actual. De entrada es un conflicto en el cual, como nos recuerda la cita de entradilla del gran líder sudafricano, la comunidad internacional viene siendo sorda y muda desde hace unas cuantas décadas, y por lo tanto, viene poniéndose del lado del opresor. Bien, hagamos siquiera un pequeño retrato histórico para poder ponernos en situación, y analizar en posteriores artículos los hechos con más calma. ¿Qué es el Sáhara Occidental? Situado en el noroeste del África, estamos hablando de uno de los lugares más hostiles e inhóspitos del planeta. Es por tanto un lugar sin interés geoestratégico para el resto del planeta, pero es objeto, como vamos a ver, de uno de los conflictos más largos y olvidados de la política internacional. Situado al sureste de Marruecos, estamos hablando de un territorio de una extensión comparable a la del Reino Unido, que cuenta con poco más de medio millón de habitantes. Se trata del pueblo saharaui, un pueblo nómada al que la dureza de su hábitat le obliga a moverse casi continuamente. Podríamos considerarlo como uno de los últimos grandes pueblos sin Estado que existen en el mundo. Como nos explica este interesante y didáctico vídeo de VisualPolitik que tomamos como referencia, el Sáhara fue durante siglos un simple lugar de tránsito entre Marruecos y Mali, por donde pasaban las caravanas dedicadas al comercio de la región. Cuando las rutas comerciales entre ambos países entraron en crisis, el Sáhara comenzó a ser una especie de tierra de nadie. A principios del siglo XVIII, el Imperio Español (todavía en auge en dicha época) comenzó a poner interés en este territorio por dos motivos principales: los caladeros de pesca de su costa, y la posibilidad de establecer puertos atlánticos más próximos al continente americano. En el año 1884 nuestro país reclamó como propio una parte mayor de dicho territorio, y años más tarde acordó con Francia el reparto del Sáhara, así como una nueva extensión de su área de influencia. Durante los años 30 del siglo XX, el Sáhara Occidental se convirtió de hecho en la última colonia española, y lo fue de facto hasta 1975, año de la muerte del dictador, y de la proclamación de Juan Carlos I como Rey de España. 

 

El régimen franquista estuvo interesado en mantener el Sáhara como colonia porque estaba convencido de que más tarde o más temprano iban a descubrir allí enormes riquezas ocultas. De hecho, tras el descubrimiento de algunos yacimientos de petróleo y fosfatos durante la década de los años 40, el régimen estableció una cooperación con algunas empresas de cara a su previsible explotación. Pero se trataba de recursos de muy difícil extracción, y la empresa quedó olvidada. Las minas de fosfato sí que supusieron un buen proyecto, y fueron explotadas durante las décadas de los 60 y los 70. Por aquél entonces, el Frente Polisario (movimiento de emancipación del pueblo saharaui) ya luchaba contra España por su autodeterminación. Las minas de fosfato fueron atacadas por este movimiento de liberación, por lo cual el proyecto también quedó torpedeado. En noviembre de 1975, el gobierno de Marruecos aprovechó la coyuntura: un convoy civil marroquí conocido como "La Marcha Verde", formado por unas 350.000 personas avanzó y ocupó el Sáhara Occidental. En nuestro país, con Franco muy grave y el proceso de la Transición en marcha, el Sáhara no era precisamente la mayor preocupación. El resultado fue que España abandonó a toda marcha todas nuestras posiciones en el Sáhara, que pasó a tener un nuevo ocupante. Marruecos no solo ocupó el Sáhara sino que se hizo con el control de la mina, que actualmente produce unas 30 millones de toneladas de fosfatos. Cada año, esta mina le proporciona a las arcas públicas marroquíes más de mil millones de dólares. A ello se suman los enormes caladeros de pesca saharauis. Desde entonces, el pueblo saharaui ha reclamado su independencia. La ocupación marroquí es una ocupación ilegal: a ojos de todos los tratados y convenios internacionales, incluso a ojos de las Naciones Unidas, el Sáhara no pertenece a Marruecos, pero al ser un territorio oficialmente no descolonizado, España sigue siendo a todos los efectos la potencia ocupante, y se la tilda de "potencia administradora". Bajo estos moldes, la independencia saharaui ni está ni se la espera. 

 

El Sáhara está realmente en un limbo legal, puesto que no es independiente, ni es marroquí, ni es español. He aquí la terrible paradoja, y el motivo por el que lleva luchando durante décadas el pueblo saharaui. La zona oeste del Sáhara está prácticamente controlada por Marruecos, pero una pequeña franja al este, más pobre en recursos, está controlada por el Frente Polisario. En 1976, el Frente Polisario estableció en Argelia una especie de gobierno en el exilio, el Gobierno de la (autoproclamada) República Árabe Saharaui Democrática. Hoy día, más de 50 países a nivel internacional reconocen a este Gobierno en el exilio, pero Marruecos, la potencia ocupante de facto, en vez de replegarse, ha ido desde los años 80 controlando cada vez más territorio saharaui. A medida que ha ido extendiendo su control, Rabat ha ido construyendo hasta un total de seis muros para intentar contener el avance del Frente Polisario. En 1975 nuestro país firmó los llamados Acuerdos de Madrid con Marruecos y Mauritania. Según estos acuerdos, España transfería la labor administrativa del territorio saharaui a Marruecos y Mauritania, pero estos actores se desentendieron de dicha tarea. La ONU no reconoce como válidos estos acuerdos, porque no está permitido transferir el control de una metrópoli a otra de un territorio considerado colonizado, sin contar además con la voz y la opinión de su población. La ONU tiene encargado a España el proceso de descolonización del Sáhara, que ha de llevarse a cabo a través de un referéndum. Y aunque Marruecos es quien posee todo el control de facto, la ONU no puede reconocer la ocupación marroquí como legal porque eso sería sentar un peligroso precedente internacional. Por otra parte, Marruecos tiene como objetivo la plena anexión del territorio saharaui, algo a lo que evidentemente el Frente Polisario se opone. La situación lleva décadas empantanada, pues ningún actor del conflicto da ningún paso decisivo que pueda desbloquearla, y el pueblo saharaui no cesa en su empeño de reclamar el referéndum de autodeterminación. 

 

La ocupación marroquí ha propiciado el establecimiento de colonos, que ya suponen prácticamente la mitad de la población del Sáhara. Y con mano de hierro, la monarquía marroquí siempre ha reprimido violentamente cualquier intento o conato de rebelión por parte del pueblo saharaui, así como impedir la más mínima libertad de expresión. La ONG Amnistía Internacional viene denunciando sistemáticamente la continua violación de los Derechos Humanos que se produce en esta pequeña franja del mundo. Y España, como venimos contando, que es quien de verdad debería haber tomado cartas en el asunto de una forma valiente y decidida, ni está ni se le espera. En aras a mantener su amistad con el vecino marroquí, nuestro país siempre ha mostrado una cobardía y una tibieza indignas en este asunto. En resumidas cuentas, el pueblo saharaui lleva 40 años de lucha y exilio. Bien, hasta aquí el relato rápido, para poder hacernos una composición de lugar. Pero comenzaremos a contar la historia con detalle. Tomamos a continuación como referencia este artículo de Pablo A. de la Vega, publicado en el medio digital Rebelion. El Sáhara Occidental está situado en el noroeste del continente africano, con una superficie de 284.000 km2. Limita al norte con Marruecos, al oeste con el Océano Atlántico, al sur y sureste con Mauritania, y al noroeste con Argelia. Su población, cuyos idiomas son el árabe y el castellano, bordea el millón de personas. De acuerdo a las múltiples Resoluciones de las Naciones Unidas y el dictamen de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, España, como potencia colonizadora, tenía la responsabilidad internacional de conducir el territorio saharaui a la descolonización, pero en vez de ello, lo abandonó en 1975 y lo entregó a Marruecos y a Mauritania, mediante los ilegales Acuerdos Tripartitos de Madrid. Entonces, una parte de la población saharaui se desplazó, bajo los bombardeos de la aviación marroquí, a la frontera con Argelia, estableciendo allí los Campamentos de Refugiados Saharauis, bajo la dirección del Frente Polisario, donde sobreviven hasta la fecha gracias a la ayuda humanitaria internacional. La otra parte del pueblo saharaui permanece bajo la violenta, injusta e ilegal ocupación marroquí, sufriendo sistemáticas violaciones a sus derechos humanos, por parte de las autoridades marroquíes y sus fuerzas represivas. 

 

La República Árabe Saharaui Democrática (RASD) fue proclamada el 27 de febrero de 1976, coincidiendo con el anuncio oficial del Reino de España de su retirada del territorio, sin atender a sus tareas de descolonización. Y ahí comenzó el calvario para el pueblo saharaui. Dos años más tarde, en 1978, Mauritania se retiró del conflicto armado; sin embargo, el Frente Polisario continuó su lucha armada durante los siguientes 16 años contra el Reino de Marruecos, que había extendido su ocupación sobre la parte del territorio que estaba anteriormente bajo dominio mauritano. A partir de ese momento, y como siempre ocurre en estos casos, comenzó una lucha diplomática para que terceros países reconocieran a la República Saharaui. La RASD, que goza del reconocimiento de alrededor de 85 países, es un Estado democrático que ejerce su plena soberanía sobre los territorios liberados. Es miembro constituyente de la Unión Africana (UA) y mantiene relaciones diplomáticas al más alto nivel con la mayoría de los países de África y América Latina. Por su parte, la potencia ocupante de facto, el Reino de Marruecos, se encuentra fuera de la Unión Africana desde 1984, debido precisamente a su ocupación del territorio saharaui. Marruecos y España no hacen nada por acabar con el conflicto, por lo visto su opción es eternizarlo, abandonando a su suerte al pueblo saharaui, y mientras todo ello ocurre, el resto de la comunidad internacional (como en tantos otros asuntos, véase sin ir más lejos el conflicto palestino-israelí, que ya desarrollamos en otra serie de artículos de nuestro Blog) ni se moja en el asunto, ni insta a que se mojen otros de forma tajante. El Derecho Internacional y los Derechos Humanos, una vez más, vilmente pisoteados por los intereses unilaterales de unos cuantos países. En el año 1991 se firmó y declaró el Alto el Fuego entre Marruecos y el Frente Polisario, y la ONU arrancó el compromiso mayoritario de celebrar un referéndum de autodeterminación para el pueblo saharaui. Pero desde entonces, la monarquía marroquí ha obstaculizado este proceso por intereses exclusivamente particulares, con la complicidad de España (que es quien hemos dicho que tiene de verdad la responsabilidad legítima originaria), en contra de toda legitimidad y legalidad internacionales. El Sáhara Occidental representa el último vestigio del colonialismo en África, así que solo una acción decidida y valiente de las Naciones Unidas podrá alcanzar una solución justa y definitiva para el conflicto de esta región del planeta, tantas veces ignorada, relegada y postergada, y siempre negada de facto. Continuaremos en siguientes entregas.

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9 diciembre 2020 3 09 /12 /diciembre /2020 00:00

La sexualidad es el placer más accesible, universal y gratuito. Es el bien más democráticamente repartido y forma parte de la vida y de la persona. Someterlo a relaciones de poder, de humillación o de apropiamiento quita dignidad a las personas

Enrique Javier Díez Gutiérrez

También se podría argumentar (y de hecho es un buen argumento) que lo más urgente sería sacar de la precariedad vital a las mujeres que o bien están siendo objeto de trata por parte de las mafias (tras su liberación), o bien no poseen otra mejor alternativa que dedicarse a la prostitución. Bien, he aquí una propuesta para un gobierno mínimamente decente: en vez de beneficiarse de los impuestos recaudados a través de la industria del sexo ("empresas" y locales correspondientes), los gobiernos podrían (deberían) embargar los bienes en posesión de dicha industria, e invertirlos en el futuro de las mujeres que están en el mundo de la prostitución, proporcionando recursos económicos y alternativas reales para que puedan vivir de forma autónoma. En el fondo se trataría de apostar por una intervención preventiva de las causas frente a la represora de las consecuencias, exigiendo al gobierno y a las administraciones erradicar la precariedad del mercado laboral y las condiciones de explotación que en él se viven, que provocan el que la prostitución sea a veces la única alternativa para poder pagar las deudas o mantener a la familia. Es evidente que si erradicáramos (o minimizáramos) el impacto de la precariedad sobre los mercados laborales, las alternativas que ahora mismo no sirven para aliviar la precariedad vital de muchas mujeres se volverían útiles para dicho objetivo, y la prostitución dejaría de ser una opción válida. Pero sobre todo, la mejor política consiste en centrar la acción en la demanda, a través de la denuncia, persecución y penalización del prostituidor (cliente) y del proxeneta. Se trata de una política que en ningún caso se dirige contra las mujeres prostituidas, a quiénes el abolicionismo ni juzga ni persigue, ni pretende su penalización o sanción. La ley del Gobierno Sueco 1997/98:55 sobre la Violencia Contra las Mujeres, prohíbe y penaliza la compra de “servicios sexuales”. Es un enfoque innovador que se centra en la demanda de la prostitución. Suecia cree que “prohibiendo la compra de los servicios sexuales, la prostitución y sus efectos perjudiciales pueden contrarrestarse de una manera más efectiva que la que ha existido hasta ahora”. Y lo que es más importante, esta ley claramente afirma que “la prostitución es un fenómeno social no deseable” y que es “un obstáculo para el actual desarrollo hacia una igualdad entre hombres y mujeres".

 

La compra de servicios sexuales queda identificada en la ley sueca como una práctica de violencia, en este caso de "violencia remunerada" que confirma y consolida las definiciones patriarcales de las mujeres, cuya función primera sería estar al servicio sexual de los hombres. Ésta es la base para comprender la auténtica dimensión del fenómeno prostitucional, si pretendemos realmente acabar con él. No caben por tanto las medias tintas, las soluciones tibias, el mirar para otro lado. Creemos que el abolicionismo básicamente consiste en impedir que se den las circunstancias para que el hecho de la prostitución pueda darse, y en ese sentido, impedir que la demanda se materialice es fundamental para la consecución de dicho objetivo. En el fondo, se trata de deslegitimar social y públicamente a los prostituidores (clientes), como principales actores responsables de esta forma de violencia. Se debe evitar toda forma de regulación o de institucionalización de una práctica que entendemos incompatible con la definición misma de persona, que va contra su dignidad, y que refuerza los lazos y los engranajes patriarcales de las sociedades. Pero no nos engañemos: en el fondo se trata de superar el capitalismo como sistema económico y social, que es el que genera estructuralmente explotación internacional, normaliza las actividades más aberrantes, institucionaliza la precariedad laboral, difunde y extiende el hambre y la pobreza, afianza las relaciones patriarcales, y todas ellas son las causas y el origen último de la mayor parte de la prostitución actual. Por su parte, Carlos París, filósofo, escritor y Presidente del Ateneo de Madrid, en este artículo para el medio publico, lo explica en los siguientes términos: "¿Regular el ejercicio de la prostitución? ¿O eradicarla? Si queremos orientar el debate por un camino humana y éticamente correcto --más allá de los importantes intereses que en este terreno se mueven y de las fáciles soluciones conformistas, que no contrarían a tales intereses--, habría que partir de dos principios básicos. En primer lugar, los seres humanos no pueden ser considerados y tratados como mercancías. En segundo lugar, la utilización del propio cuerpo, para la prestación de servicios sexuales, económicamente retribuidos, no es un trabajo. A estos dos principios negadores podríamos añadir un tercero de carácter afirmativo: las relaciones sexuales entre seres humanos, en una sociedad emancipada, deben ser libres, mutuamente consentidas y desarrolladas en condiciones de igualdad". 

 

Incluso en el reducido ámbito de la llamada "prostitución de lujo" tenemos dudas de que la actividad de la prostitución se lleve a cabo de una forma completamente "libre". Veamos: se trata de mujeres que, sin padecer los efectos terribles de la pobreza y de la miseria (motivo por el que hemos explicado que muchas de ellas se ven obligadas a ejercerla como única vía de emancipación económica), se entregan a esta práctica con un selecto personal de gran poder adquisitivo, a fin de poder disfrutar de bienes, productos y servicios a los que no podrían acceder por otra vía. La prostitución les permite la entrada a un mundo de riquezas y caprichos a cambio de servir de "compañía" y para relaciones sexuales de varones poderosos. Sin embargo, como decíamos, bajo la falsa pretensión de libertad, no deja de actuar (en un contexto capitalista y consumista, agente "creador" de las necesidades) la sutil e invasora propaganda que ilusiona con el escaparate de tentadoras formas de vida y de fácil éxito. De esta forma, las prostitutas de lujo también son hijas de una sociedad alienante y desquiciada, que contempla cómo una relación mercantil con su propio cuerpo puede servir de intercambio para alcanzar bienes materiales de alta gama. Rodeadas de placeres, lujo y caprichos, y conociendo personajes de vida adinerada, en el fondo, no dejan también de ser y estar presas de un mundo perverso que coloniza el cuerpo de las mujeres como un bien mercantilizable, y por tanto, sujeto a la violencia patriarcal. Carlos París lo explica de una forma muy sugestiva: "Un elemento clave en el debate sobre la prostitución es el reconocimiento de la degradación deshumanizadora que implica la relación sexual mercantilizada. Y que hace inaceptable su práctica en una sociedad de personas libres. El cuerpo de la prostituta, en cuanto objeto de pago, se convierte objetivamente --quiérase reconocerlo o no-- en una mercancía. Y el prostituidor se despoja de su personalidad para convertirse en puro dinero. En caricatura, podríamos sustituir su cabeza por una bolsa de monedas". La relación, aún en los casos de prostitución de "alto standing", es de clara asimetría, frente a la igualdad que debe regir las relaciones sexuales entre humanos. Y de claro dominio. El prostituidor tiene el poder económico y satisface su voluntad de poseer sexualmente el cuerpo de la mujer. La prostituida solo posee su cuerpo desnudo y ofrendado al poderoso. Nos encontramos, como asegura París, en la culminación del patriarcado. 

 

Entendemos, por tanto, que va quedando poco debate en torno a las supuestas ventajas de la posible regularización de la prostitución. El único debate posible sería cómo conseguir la abolición de la explotación sexual en la práctica, para una sociedad concreta, y por supuesto, a nivel mundial. De entrada, tres medidas serían urgentes y necesarias a tal fin: 1) Clausurar todos los centros de explotación (burdeles, clubes de alterne, lugares de carretera, puticlubs locales...), incluidos los que se camuflan bajo las actividades de hostelería, amparando así el proxenetismo; 2) Persecución del proxenetismo y del clientelismo de la explotación sexual, así como de su tan extendida publicidad (el ataque a la demanda de prostitución es trascendental para acabar con el fenómeno, como ya hemos analizado); y 3) Concesión inmediata de ayudas económicas y sociales para todas las mujeres víctimas de explotación sexual, con el mismo rango y la misma preocupación que las víctimas de la violencia de género (dicho sea de paso, otra de las crueles manifestaciones del patriarcado). En definitiva, creemos que criminalizando la demanda, desmantelando los clubes donde se ejerce, liberando a las mujeres de la influencia de dichas redes y proporcionándoles buenos sistemas de protección social, se daría un auténtico golpe masivo al fenómeno de la prostitución. Pero no solo: luego tenemos multitud de problemas añadidos. Veamos unos cuantos que no deberíamos dejar de considerar: el hecho de mujeres amenazadas en sus lugares de origen (a sus familias, lo cual dificulta su posible denuncia y liberación, tanto de ellas como de sus compañeras), la inmensa red de negocios cruzados que influyen en la prostitución (lo que implicaría desmantelar todas las relaciones entre ellos), el hecho de promulgar todo un entorno normativo (leyes, decretos..) que rechace de plano toda forma de prostitución, o el factor educativo, imprescindible para comprender el hecho prostitucional como la expresión más violenta del patriarcado, formando las mentalidades que en el futuro puedan rechazar dicho fenómeno de una forma radical. Téngase en cuenta también que la liberación de estas mujeres nos hará enfrentarnos también de lleno con los sectores más vulnerables, tales como las mujeres inmigrantes (irregulares) de la clase desposeída, con frecuencia marginadas por su situación no reglada, lo que implicaría igualmente darle una vuelta a nuestras arcaicas e injustas leyes de extranjería. 

 

A nivel planetario, acabar con el terrible fenómeno de la explotación sexual requeriría no solo extrapolar a todos los países las medidas indicadas anteriormente, sino perseguir de forma implacable todas las redes mafiosas de organización criminal que se dedican al tráfico de mujeres, lo cual ya es mucho más complicado, tanto por el poder de estas redes como por la voluntad política con que pueda emprenderse esta tarea. Quizá el mayor reto sea atender, mediante programas sociales de gran envergadura y amplios objetivos, las carencias de las mujeres prostituidas como uno de los sectores más vulnerables de las sociedades, para lo cual los enfoques y la voluntad política de los diferentes países deben remar en el mismo sentido. Pero volvamos a una idea matriz que sería el mejor antídoto contra la propia existencia de la prostitución: es necesario adoptar políticas preventivas, antes de que puedan existir mujeres que se vean obligadas a aceptar explotaciones abusivas. Pero ello requiere, y quizá sea el objetivo hoy día más inalcanzable, diseñar políticas para abolir la pobreza y la miseria, que son los principales desencadenantes de la esclavitud. Y ello pasa por diseñar medidas que extiendan los medios materiales de vida (como una Renta Básica Universal, por ejemplo) al conjunto de la población, en vez de los clásicos subsidios y medidas para los pobres, preñadas de requisitos absurdos, y que descolocan a los sectores más desfavorecidos, actuando con enormes filtros hacia ellos. Como nos indica Ignacio Aistaran en este artículo para el medio digital Rebelion: "Esto supone tanto como tener en cuenta la estructura de clases de la sociedad actual, la vulnerabilidad de los grupos sociales en la explotación, y pensar en cómo abolir los mecanismos de explotación, lo cual supone tanto como socavar y abolir las dinámicas del capitalismo. No hay otro camino. Todo lo demás son falsas promesas e hipocresía. El avance del neoliberalismo en estas décadas ha sido tan brutal que cosas que estaban claras en la izquierda hace décadas, como el fin de la explotación sexual, han sido olvidadas en las sociedades capitalistas. Ahora a las víctimas se les ofrecen como alternativa progresista la liberalización, la normalización y la regularización de las peores opresiones". Es evidente que los gobiernos, la sociedad de naciones a nivel mundial, ha optado por la globalización capitalista con todas sus consecuencias, en vez de apostar por la globalización de los derechos humanos y de su rigurosa protección. Otro gallo nos cantara entonces, y dejaría de verse la prostitución y la industria del sexo como un trabajo, para verse como lo que realmente es: la más cruel y despiadada versión de la explotación capitalista y patriarcal. Continuaremos en siguientes entregas.

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7 diciembre 2020 1 07 /12 /diciembre /2020 00:00
Viñeta: Olivier Ploux

Viñeta: Olivier Ploux

Llegará el día en que el resto de la creación animal adquiera aquellos derechos que les fueron negados por la tiranía. (...) La pregunta no es ¿si (los animales) pueden razonar? tampoco ¿si pueden hablar? sino ¿si pueden sufrir?

Jeremy Bentham (1789)

En la última entrega nos quedamos aportando algunos argumentos más, de los muchísimos que existen, en contra del especismo. Aún podemos aportar más: en la Wikipedia se explica: "Desde la teoría antiespecista se trata de evidenciar que los argumentos que se dan a favor del uso de animales no humanos tienen un trasfondo especista y que, por lo tanto, son arbitrarios. Algunos de estos argumentos resaltan aspectos como la racionalidad, la capacidad para usar un lenguaje u otras cualidades de tipo cognitivo que, en teoría, son características de los seres humanos y no de otros animales. Sobre estas diferencias se construye la discriminación que relega a los animales no humanos al plano de la mera propiedad, eximiéndoles de una verdadera consideración moral. El hecho que imposibilita que los intereses de los animales no humanos sean tomados en consideración es su estatus de propiedad. Al no ser considerados más que como objetos, bienes muebles, los intereses de éstos no pueden entrar en competición con los de su "dueño", ya que todo él está supeditado a la voluntad del propietario, el cual podrá darle el valor a su pertenencia que él estime". Desde una postura antiespecista, que evidentemente aboga por no considerar a los animales como cosas ni como propiedades de nadie, estamos en contra igualmente de las denominaciones de "mascotas" y otras similares que les asignan a los animales sus supuestos "dueños" (que no son tales, como estamos viendo). También estamos en contra de negar a los animales las características de racionalidad o lenguaje, ya que ellos/as son también poseedores de éstas en distintos grados. Poseen una inteligencia simplemente distinta a la nuestra, unas capacidades distintas a las nuestras, y un lenguaje distinto al nuestro. Es precisamente nuestra visión estrechamente especista la que les niega a los animales dichas capacidades, y da valor únicamente a las humanas. Solo hay que preguntar a cualquier persona que conviva o haya convivido con cualquier animal (monos, perros, gatos, pájaros, etc.) por las capacidades, el lenguaje y la inteligencia de dichos compañeros/as. No dudarán en responder y en explicarlo. 

 

Y por otro lado, hay que recordar y resaltar también el hecho de que no todos los humanos, y sobre todo si miramos cada persona a lo largo de toda su vida, poseen las capacidades ya mencionadas, y las poseen al cien por cien. De hecho, una gran cantidad de personas, entre las que se encontrarían personas con edades muy avanzadas, diversidad funcional intelectual o niños y niñas de corta edad, no poseen estos atributos, y no por ello se les niega un estatus moral particular. Es importante entender que no se trata de pequeñas minorías o colectivos marginales, ya que todos, más tarde o más temprano, pasamos por períodos de nuestra vida durante los cuales carecemos de estas capacidades, o bien las poseemos de forma mermada, y por tanto, según esta línea argumentativa, se nos debería privar de toda consideración moral, o de nuestros derechos. Esto evidentemente no sucede, siendo así evidente el trasfondo especista que subyace en estos razonamientos. Exponemos toda esta casuística para rebatir y demostrar precisamente cuán profundo es nuestro enfoque especista, hasta qué punto estamos imbuidos en él como civilización, y qué difícil es erradicar todas estas concepciones, opiniones, actitudes y comportamientos. Pero en aras de una justicia y liberación animal, hay que hacerlo. Tenemos que conseguirlo como humanidad. No nos queda más remedio si pretendemos alcanzar como civilización un estadío de plena armonía con la Naturaleza y todos los seres vivos que ella alberga. No obstante, al hilo de este debate podemos enlazar con otro, porque recuérdese que estamos haciendo énfasis en aplicar nuestros criterios antiespecistas a todos los animales sintientes, pero es conveniente recalcar que no todos los animales lo son, y dado que gran parte del hilo argumentativo parte de esta afirmación, hoy día resulta ciertamente difícil establecer una línea clara que separe a los que son capaces de experimentar conscientemente dolor de los que no. Y ello porque es evidente que no es posible comparar la complejidad del sistema nervioso de un toro, de un caballo o de un chimpancé (muy similar al de nosotros los humanos) con la total inexistencia de éste en especies como la oruga o la hormiga. Para poder diferenciar animales sintientes (conscientes) de animales únicamente vivos, se pueden emplear una serie de criterios: 

 

1.- El primero es el criterio fisiológico. A tal respecto, podemos afirmar con seguridad que un determinado animal posee sensibilidad cuando está dotado de un sistema nervioso centralizado que le permite al sujeto no solo recibir los estímulos, sino tener la experiencia (placentera o dolorosa) que le ocasiona tal estímulo. Todos los animales vertebrados, los primates y todos los grandes mamíferos poseen esta característica (en ello se basa el sensocentrismo, en oposición al antropocentrismo).

 

2.- El segundo es el criterio de la lógica evolutiva. Bajo este criterio, podemos concluir que la posibilidad de sufrir y disfrutar posibilita a los seres con la capacidad de moverse, pudiendo así huir de aquello que les daña, y acercarse a lo que les puede beneficiar. Sería en cierto modo absurdo que el animal desarrollara tal sensibilidad, pero luego no pudiese efectuar desplazamientos. 

 

3.- El tercer y último criterio es la conducta. En este sentido, todo el lenguaje no verbal, es decir, todo el conjunto de gesticulaciones, posturas, sonidos, actitudes y comportamientos son manifestaciones que aportan motivos para creer que el sujeto puede estar sintiendo placer o dolor, y actuar en consecuencia. 

 

La Teoría de la Evolución de las Especies de Charles Darwin dejó todos estos aspectos bien sentados científicamente, y en ella nos basamos para asegurar la veracidad de dichos patrones y criterios con total rotundidad. En última instancia, existe una sola diferencia entre el Especismo y las demás formas de discriminación (racismo, sexismo...), que consiste en que a diferencia de otras víctimas de injusticias, los animales no humanos no pueden liberarse por sí mismos de la discriminación y la crueldad a que son sometidos. Por eso somos nosotros, los humanos antiespecistas, los que debemos luchar por ellos, por su liberación. El Antiespecismo es, desde este punto de vista, un movimiento político y social, con un objetivo global para la humanidad, que es tratar a todos los seres vivos sintientes bajo los mismos criterios, desarrollando la empatía y la compasión para con todas las criaturas que compartimos nuestro planeta. Como objetivo final, el movimiento antiespecista persigue la consecución de un escenario político no discriminatorio, en el que los intereses de todos los sintientes no humanos sean protegidos mediante mecanismos robustos de derechos y garantías, alcanzando no solo la instauración de corpus legales y normativos al efecto, sino también de la extensión generalizada de una mentalidad antiespecista que respete y abogue por un trato digno para todos los animales. Hay que insistir en que el rechazo al Especismo no es expresión de una simple preferencia personal, sino que es una posición ética: si el Especismo es una discriminación arbitraria, entonces está moralmente injustificada. Dicha posición ética se manifestará en el rechazo a todas las formas de maltrato, explotación y sufrimiento animal (que ya han sido básicamente comentadas), así como en luchar para conseguir mejorar las vidas de todos las especies animales, cada una en su contexto. En este sentido, el movimiento antiespecista debe remover conciencias colectivas, pero no solo de personas individuales o de grupos concretos, sino también, y sobre todo, de Estados, instituciones, gobiernos y corporaciones empresariales. Así mismo, es fundamental actuar sobre los mercados, tanto locales como globales, para alterar las relaciones de poder en favor de un saldo más positivo en el trato hacia los animales. 

 

Y por supuesto, el ámbito educativo es fundamental, porque como es lógico pensar, individuos educados en una sociedad menos dispuesta a tolerar los daños hacia los animales no humanos, y con menos dificultades para vivir sin explotarles, serán más receptivos a respetarlos plenamente. Pero viceversa, solo conseguiremos sociedades plenamente antiespecistas en el futuro, si previamente hemos educado a las generaciones futuras en dichos valores, para que los comprendan, los asimilen, los asuman y los practiquen. Hay que marchar hacia la liberación animal completa, absolutamente compatible con el Buen Vivir y toda su filosofía. El objetivo es alcanzar un futuro radicalmente diferente para todos los individuos sintientes, sin importar su especie u origen, un futuro de cooperación, de respeto, de integración, de armonía, de complementariedad, de dignidad, de colaboración, de empatía y de compasión para todos los seres vivos que integramos el gran ecosistema de la PachaMama, de la Madre Tierra. Como explica Manuel López Arrabal en este artículo para el medio digital Nueva Revolución: "Está claro que los avances que vayamos consiguiendo en este sentido irán aparejados, inexorablemente, de otros similares en el ámbito de la propia especie humana. En ambos casos, los logros de un lado repercutirán en el otro, puesto que todos los seres vivos estamos interrelacionados e íntimamente conectados. Formamos parte los unos de los otros, y por tanto, no podemos ignorar ni alejarnos del dolor que infligimos consciente o inconscientemente a los demás, sean humanos o no". Un grupo internacional de eminentes científicos firmó hace pocos años la Declaración de Cambridge sobre la Consciencia, en la que proclaman su apoyo a la idea de que los animales son conscientes en la misma medida en que lo son los seres humanos. En último término, la erradicación de la violencia especista, como cualquier otra clase de violencia, pasa por denunciarla, sacarla a la luz y darla a conocer. Esto permitirá que se vaya regulando cada vez más y mejor, en relación a las condiciones de vida de los animales. Y esta regulación normalizará las bases morales para nuevas sociedades antiespecistas, que no discriminarán entre humanos y resto de seres vivos. Aún nos queda mucho camino por recorrer en este sentido, pero es un camino que merecerá la pena ser recorrido. Continuaremos en siguientes entregas.

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4 diciembre 2020 5 04 /12 /diciembre /2020 00:00
Viñeta: Malagón

Viñeta: Malagón

Cada cierto tiempo las Fuerzas Armadas tienen que recordarnos quiénes son y de dónde vienen. Nos recuerdan que ganaron la guerra, nos recuerdan que los Reyes se criaron en las rodillas del dictador, nos recuerdan que sostuvieron al Rey y conspiraron con él, y nos recuerdan que casi nada ha cambiado

Luis Gonzalo Segura (ex Teniente del Ejército)

El hecho se ha vuelto a repetir una vez más. Y ya van muchas. Quizá demasiadas. Parece que nuestro estamento militar no ha avanzado mucho, ideológicamente hablando, desde 1936, cuando los golpistas se sublevaron ante el legítimo gobierno de la Segunda República (con la inestimable ayuda de los grandes empresarios y de la Iglesia Católica, que no se nos olvide). Siempre he pensado que, si la izquierda (me refiero a la izquierda verdadera, no a ese esperpento de jaula de grillos en que se ha convertido el PSOE) alcanzase alguna vez el poder político con una amplia mayoría (bastarían los 202 escaños que consiguió Felipe González en 1982), y comenzara a emprender las grandes transformaciones que este país necesita para evolucionar hacia una democracia real (me refiero sobre todo a un Estado Laico y Republicano, con democracia económica y protección a los más vulnerables de la sociedad), los militares (al menos un sector de ellos/as) se volverían a levantar en armas, y ello porque desde la muerte del dictador, los sucesivos gobiernos nunca han emprendido una verdadera tarea de democratización de las Fuerzas Armadas. Bien, pues en estos días ha sucedido lo siguiente: ha bastado que las fuerzas políticas de la izquierda republicana catalana (ERC) y vasca (EH Bildu) proclamen su intención de votar a favor de los Presupuestos Generales del Estado, para que un total de 73 altos mandos militares retirados envíen una carta al Rey criminalizando al actual Gobierno de coalición, acusándolo, entre otras lindezas, de “socialcomunista apoyado por filoetarras e independentistas”.

 

Básicamente, los ex militares firmantes de la misiva han hecho suyo el discurso que Vox presentó recientemente en la Moción de Censura contra el Gobierno de coalición, y alertan de los supuestos riesgos que corre “la cohesión nacional tanto en su vertiente política como económica y social”. Según el diario El País, los militares han mostrado su apoyo y lealtad al monarca “en estos momentos difíciles para la Patria”. Sin embargo, bien poco les preocupaba la patria cuando el anterior Gobierno del PP recortaba derechos y libertades a mansalva, destrozaba la vida de cientos de miles de personas, adulaba al sector financiero causante de la crisis, y ahogaba al pueblo llano incrementando la desigualdad y la desprotección social, además de estar podrido de corrupción. Claro, es que para los militares, los pobres no deben pesar mucho para la patria, para ese mugriento y excluyente concepto de patria que poseen. Tampoco parece afectar para su concepto de patria la fuga del Rey Emérito, tras destaparse por la prensa extranjera y nacional parte de sus tropelías, acogido en las “modélicas democracias” de Emiratos Árabes Unidos, sus grandes amigos de siempre. Pero aún hay más, como recoge Luna Izquierdo en el artículo de referencia, porque hace algo más de una semana, otros 39 altos mandos retirados del Ejército del Aire también remitieron una carta al Parlamento Europeo y al Rey Felipe VI en la que denunciaban nada menos que la “aniquilación de la democracia española”. De hecho, los mandos firmantes explicaron que se ponen a disposición de la Casa Real para “combatir” a quienes atacan a la Monarquía, al Poder Judicial, a la lengua castellana y a la independencia de la Fiscalía General del Estado. Ahí es nada. Y añadían: “Preocupados por la situación de deterioro en la que se encuentra nuestra Nación, a la que un día juramos defender, nos dirigimos a S.M. con el mayor respeto para exponerle nuestras inquietudes y reafirmar una vez más la total lealtad a nuestro Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas”.

 

Por su parte, el diario The Times también se hizo eco de la misiva, tras el vergonzoso silencio que los medios de comunicación dominantes en nuestro país le han dedicado al asunto. Y finalmente, la guinda de este macabro pastel la pone un grotesco grupo de WhatsApp que destapa la afinidad de algunos de sus integrantes con la ultraderecha más violenta y radical, y el franquismo. Se trata del chat “La XIX del Aire”, que instan nada menos que a fusilamientos indiscriminados y Golpes de Estado, por las bravas, y sin despeinarse. Destapaba inicialmente la noticia hace varios días el diario digital InfoLibre. Se trata de militares retirados pertenecientes a la XIX Promoción de la Academia General del Aire, entre los que se encuentra precisamente quien encabezó la carta anteriormente referida. Se cierra el círculo, por lo visto. En el chat se habla abiertamente de que “…no queda más remedio que empezar a fusilar a 26 millones de hijos de puta”, y otras lindezas por el estilo. En los mensajes hay “pronunciamientos y ataques furibundos a los partidos independentistas. Uno de los participantes envía un saludo de parte del líder de Vox, Santiago Abascal. En el audio se escucha a Abascal decir: “Buenas tardes, soy Santi Abascal y me dicen que es obligatorio saludar a este grupo. Un abrazo a todos y ¡Viva España!”. Recomiendo la lectura completa de los mensajes aparecidos en los referidos artículos, pues no tienen desperdicio, y nos proporcionan una perfecta idea de la calaña moral de sus autores, aunque algunos de ellos, entrevistados posteriormente por el referido diario, hayan negado haberse expresado en esos términos.

 

Los hechos que comentamos son de suma gravedad dentro del engranaje de una sociedad democrática, pues se trata evidentemente no de cualquier sector (no son los trabajadores/as de Correos, o los de Hacienda, o los panaderos o los futbolistas, o los profesores/as los que han enviado semejante misiva), sino de una parte de los militares retirados, por mucho que el Gobierno (a través del Ministerio de Defensa) pretenda quitarle hierro al asunto argumentando que la referida carta no ha tenido ninguna repercusión sobre los militares en activo del Ejército Español. También resulta muy significativo que el Rey no se haya pronunciado al respecto, máxime cuando la susodicha carta iba remitida a su persona. Sin embargo, el 3 de octubre de 2017 no dudó en dirigirse a la nación para apoyar la brutal represión que se ejerció sobre el pueblo catalán, cuando éste solo pretendía votar sobre su independencia. Pero volviendo a los militares, y como decíamos al comienzo, no es la primera vez que esto ocurre: ya en diciembre de 2019, en la revista publicada por la Asociación de Militares Españoles (AME), determinados militares retirados exaltaron la figura del dictador Franco en dicha publicación. Con la exhumación de Franco del Valle de los Caídos volvimos a vivir episodios esperpénticos. Y ahora, con el acuerdo con Bildu y ERC para los PGE de 2021, se vuelve a repetir el escenario. Una sociedad democrática no puede ni debe consentir estos hechos, que socavan la democracia, alteran la convivencia y constituyen un peligroso caldo de cultivo para los exaltados fascistas que aún pululan por ahí. Por el contrario, tenemos a valientes militares republicanos (la asociación ANEMOI les representa a nivel estatal) que han sido perseguidos, acosados y hasta expulsados del Ejército, simplemente por atreverse a denunciar o a replicar a estos militares antidemócratas. Hacen falta, por tanto, amplias reformas y profundas transformaciones en nuestras Fuerzas Armadas (y también por extensión en los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado) para limpiar todas las cloacas y acabar con todos los vestigios antidemocráticos que aún persisten, y desterrar de una vez por todas estas actitudes. Es hora de dejar de tener miedo a las Fuerzas Armadas.

 

¿Por qué ocurre esto? Pues básicamente, porque las Fuerzas Armadas no están al lado del pueblo, no respetan la soberanía popular (que es otra cosa bien distinta a la “soberanía nacional” a la que alude la Constitución). Precisamente en alcanzar ese objetivo consiste la tan necesaria y ansiada democratización de las Fuerzas Armadas que nuestro país necesita. El franquismo latente, de carácter sociológico pero también político y mediático, resulta, aún a más de cuatro décadas de la muerte del dictador, un lastre para soltar amarras democráticas en nuestro país. De hecho, tenemos a la ultraderecha de Vox en el Parlamento con 52 escaños, y a buena parte del Ejército (tanto en activo como en militares en la reserva) defendiendo sus mismos ideales, que no son otros que la defensa a ultranza de una cierta visión de España, una visión sectaria, caduca, anacrónica, excluyente y autoritaria que ya creíamos superada, que nos evoca y acerca a la imagen oscura, terrible, sangrienta y uniformizada de la dictadura franquista. La plena y definitiva superación del franquismo, ante este aterrador panorama, se vuelve una asignatura pendiente en nuestro país que es imperativo aprobar cuanto antes, si no queremos seguir corriendo un grave peligro de involución antidemocrática.

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2 diciembre 2020 3 02 /12 /diciembre /2020 00:00

Reduciendo a las mujeres a una mercancía susceptible de ser comprada, vendida, apropiada, intercambiada o adquirida, la prostitución ha afectado a las mujeres en tanto que grupo. Ha reforzado la ecuación establecida por la sociedad entre mujer y sexo, que reduce a las mujeres a una menor humanidad y contribuye a mantenerlas en un estatuto de segunda categoría en todo el mundo

Extracto de Informe de la ONU sobre la Prostitución en el Mundo (1992)

En nuestra última entrega incidíamos (basándonos de nuevo en el magnífico documento elaborado por Enrique Javier Díez Gutiérrez) en que uno de los argumentos de los que abogan por entender la prostitución como un trabajo estaba basado en que dicha actividad representaba una aportación socialmente útil, pero esta afirmación presupone que la necesidad sexual masculina es una necesidad biológica imperiosa, que no puede ser puesta en cuestión. Pero esto contradice el hecho evidente de que muchas personas, por circunstancias diversas, pasan determinadas etapas de su vida, de duraciones variadas, sin tener relaciones sexuales, sin que por ello se vean afectadas sus funciones vitales. De nuevo, estamos ante un argumento falaz que el capitalismo patriarcal ha alimentado durante siglos, y que entiende una cultura del consumo sexual masculinizada y mercantilizada. Y por otra parte, admitir el hecho de que ciertas mujeres, para cubrir sus perentorias necesidades, dada su precariedad vital, no poseen mejor opción "profesional" que la prostitución, es renunciar a la batalla política para incrementar el poder de las mujeres y tolerar las actividades extremadamente lucrativas y déspotas de la industria del sexo, para la cual el cuerpo de las mujeres es su materia prima fundamental. No negamos que cualquier mujer, durante su vida, y ante situaciones de extrema necesidad, haya optado por la prostitución como último recurso de salida a dicha situación, pero no por ello hemos de legitimar el hecho prostitucional como válido, o como una opción laboral disponible, al igual que cualquier otra. En definitiva, creemos que estos hechos no legitiman la opción de la prostitución como un trabajo, ni quitan valor a la postura abolicionista. Pensamos que en todos los casos y circunstancias, la prostitución constituye una enérgica modalidad de explotación sexual de las personas prostituidas, especialmente de mujeres y menores, y una de las formas más arraigadas en las que se manifiesta, ejerce y perpetúa la violencia de género. 

 

Está demostrado que la regulación de la prostitución no supone un control sobre la poderosa industria del sexo. Supone, eso sí, un control social, policial y sanitario sobre las mujeres prostituidas, especialmente de las mujeres que la ejercen en espacios abiertos, las más vulnerables de todas. Pero esta no es la solución. Entendemos que reglamentar la prostitución como un trabajo o una profesión supone quitar dicho fenómeno del ámbito de la clandestinidad (ciertamente tolerada), pero supone actuar en connivencia con el prostituidor, garantizándole las mejores condiciones para su deseo, y facilitándole el acceso, con concentración de mujeres para su elección, control sobre los locales, regulación de los mismos con buenas condiciones higiénico-sanitarias, y con productos controlados y sanos. En definitiva, supone mejorar las condiciones sobre las que la prostitución se ejerce, pero legitimando peligrosamente el fenómeno en sí mismo, validándolo como una opción laboral legítima, y por tanto consintiendo como sociedad la violencia que supone sobre el cuerpo de las mujeres, la trata de personas, y la existencia y el poder de las mafias que las controlan y mercantilizan. Todo ello no es tolerable en una sociedad que se precie de ser democrática, y que crea profundamente en los derechos humanos. En última instancia, la regulación no beneficia a las mujeres prostituidas, sino a los proxenetas, que pasan a denominarse "empresarios del sexo", concediéndoles un halo de respetabilidad (al igual que un empresario cafetero o juguetero, por ejemplo) y proporcionando a dicho sector una mayor "seguridad jurídica" (una peligrosa expresión que se utiliza mucho hoy día sin ser conscientes de lo que verdaderamente implica) y estabilidad legal, mediante marcos normativos que legalizan el hecho prostitucional, y que por tanto lo normalizan para el conjunto de la sociedad. Las mafias pasan a convertirse en corporaciones empresariales que cotizan en bolsa (como de hecho ocurre en Australia), y también beneficia a los propios clientes (prostituidores), pues también los aceptan y normalizan socialmente. En los países donde se ha intentado, la regulación ha expandido y aumentado la demanda de prostitución, incentivando a los hombres a comprar a las mujeres por sexo bajo un entorno social más permisible y de mayor aceptabilidad. Todo ello es lo que la postura abolicionista combate. 

 

Regular la prostitución como un trabajo equivale a aceptar implícita y explícitamente un modelo de relaciones asimétricas entre hombres y mujeres, un modelo de dominación injusto y desigual, que implica aceptar que los hombres poseen necesidades (sexuales) ineludibles que deben poder ser satisfechas mediante el uso (mercantilizado) del cuerpo de las mujeres. Entendemos que este enfoque supone una aberración en sí mismo, y por eso apostamos por la abolición. Porque si reglamentamos la prostitución, integrándola en la economía de mercado (una actividad que incrementa el PIB), estamos enviando el mensaje de que la prostitución es una alternativa viable y aceptable para las mujeres, estamos diciendo que no estamos en contra de ella, que no nos oponemos, y por tanto, no es necesario actuar ni remover las causas profundas que motivan el hecho, ni alterar las condiciones sociales que posibilitan y determinan a las mujeres a prostituirse (o a que las prostituyan). Tampoco se puede desvincular el tráfico de mujeres de la legalización de la prostitución, porque el tráfico es una consecuencia de la oferta y la demanda que rige el negocio de la prostitución a escala mundial. La legalización, por tanto, estimula y promueve el tráfico y empodera a las mafias. Legalizar la prostitución implica, por tanto, legalizar la violencia que se ejerce contra las mujeres, asumirla y normalizarla socialmente. Según un estudio de la Universidad de Londres (2003), la legalización o regulación de la prostitución condujo (en los países estudiados, Australia, Irlanda y los Países Bajos) a un drástico aumento en todas las facetas de la industria del sexo, un marcado incremento del crimen organizado en dicha industria, un dramático aumento en la prostitución infantil, una explosión en la cantidad de mujeres y niñas extranjeras traficadas hacia la región, así como diversos indicadores que mostraron un incremento en la violencia contra las mujeres. Sin embargo, entre todos los casos estudiados, Suecia es un caso especial que demuestra nuestra tesis, pues sus resultados han sido distintos. De hecho, Suecia ha disminuido drásticamente la cifra de mujeres dedicadas a la prostitución. La "solución sueca" se inició en el año 1999, cuando tras años de investigación y estudios, se aprobó una ley que penaliza la compra de servicios sexuales y despenaliza la venta de los mismos.

 

¿Cuál es el secreto? Pues veamos: la novedosa lógica que hay detrás de esta inteligente legislación se advierte claramente en la literatura del gobierno sueco aportada sobre la ley en su exposición de motivos: "En Suecia la prostitución es considerada como un aspecto de la violencia masculina contra mujeres, niñas y niños. Es reconocida oficialmente como una forma de explotación de mujeres, niñas y niños, y constituye un problema social significativo...la igualdad de género continuará siendo inalcanzable mientras los hombres compren, vendan y exploten a mujeres, niñas y niños prostituyéndoles". Queda por tanto absolutamente claro. Nos parece que éste es el único enfoque realmente digno para acabar con el problema. La conclusión se nos ofrece nítida: la erradicación de la demanda es la única fórmula para abolir la prostitución. Como explica Díez Gutiérrez: "Además de la estrategia legal de dos vías, un tercer y esencial elemento de la ley sueca sobre la prostitución provee que amplios fondos para servicios sociales integrales sean dirigidos a cualquier prostituta que desee dejar esa ocupación; también provee fondos adicionales para educar al público. Siendo así, la estrategia única de Suecia trata la prostitución como una forma de violencia contra las mujeres, en la cual se penaliza a los hombres que las explotan comprando servicios sexuales, se trata a las prostitutas, en su mayoría, como víctimas que requieren ayuda y se educa al público para contrarrestar el histórico sesgo masculino que por tanto tiempo ha embrutecido el pensamiento acerca de la prostitución. A fin de anclar sólidamente su visión en terreno legal firme, la ley sueca referida a la prostitución fue aprobada como parte de la legislación general de 1999 sobre la violencia contra las mujeres". Es decir, es un texto integral contra toda forma de violencia hacia las mujeres el que de hecho ataca la prostitución como un fenómeno más encajado en dicha órbita, y dictamina que la forma de abolir el mismo es criminalizar la propia demanda. Pero obsérvese que para que un gobierno actúe de esta forma primero tiene que dejar de entender el fenómeno prostitucional desde la óptica de los hombres que se benefician de él.

 

Es decir, considerar a las prostitutas como víctimas de coerción y violencia por parte de hombres requiere que un determinado gobierno que se lo plantee, en primer lugar pase de entender y mirar la prostitución desde la óptica masculina, a contemplarla desde los ojos de las mujeres. Este cambio de enfoque es primordial, sin el cual es imposible diagnosticar adecuadamente el fenómeno. Y los países, en su inmensa mayoría (si no es que prácticamente todos), continúan viendo la prostitución y cualquier otro asunto desde una óptica predominantemente masculina. Por eso, Suecia, en contraste, ha sido líder en promover la igualdad de las mujeres y los hombres durante mucho tiempo, y también destacó en esos momentos (comienzos del presente siglo) por tener la más elevada proporción de mujeres en todos los niveles de responsabilidad, tanto en el ámbito privado como en el público. En 1999, cuando se aprobó la ley a la que hemos hecho referencia, una trascendental ley sobre la prostitución, no solo pionera sino que estableció un enfoque diferente, el Parlamento sueco ya estaba conformado casi en un 50% por mujeres, es decir, era prácticamente paritario. ¿Qué hay que hacer, entonces? Aspirar a una ley como la sueca, exigir que el planteamiento para la prostitución sea abolicionista, y de momento, se puede ir combatiendo lo que ya existe y está más o menos normalizado: que se persiga a los proxenetas que campan a sus anchas en los diferentes clubs de alterne, los burdeles de carretera, que todo el mundo conoce y tolera. Un siguiente paso debe ser enfocar la prostitución criminalizando quien la promueve y favorece la existencia de la misma, que no son otros que los prostituidores, los mal llamados "clientes" (el neoliberalismo también extiende este término hacia todos los sectores, y así también son llamados "clientes" los enfermos de un hospital privado, o los alumnos y sus padres en los colegios privados). Hay que situar el foco sobre un hecho fundamental: no existe prostitución ni mujer prostituida sin el hombre prostituidor. Y en esta misma línea, el siguiente paso sería dejar de actuar en connivencia con el prostituidor abonando la tesis regulacionista, sino apostar por una visión abolicionista centrada precisamente sobre la existencia de la demanda, y poniéndole la vida difícil a los hombres que desean seguir comprando sexo. Continuaremos en siguientes entregas.

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30 noviembre 2020 1 30 /11 /noviembre /2020 00:00
Viñeta: Ramón Díaz Yanes

Viñeta: Ramón Díaz Yanes

Hasta que la compasión del ser humano no abarque a todas las criaturas, el hombre no alcanzará la paz

Albert Scheweitzer

Y es que el ser humano lleva librando una suerte de guerra contra los animales, acuciada sobre todo desde la extensión del capitalismo globalizado. No es que antes del capitalismo existiera conciencia animalista, que no existía, pero es a través de la difusión global del capitalismo y de sus peligrosos valores cuando la guerra del capital hacia todas las formas de vida en el planeta se desata con más furia. Y los animales, en este sentido, como los individuos más indefensos, están en la diana del mismo. Pues bien, dicha guerra contra los animales tiene multitud de consecuencias graves para ellos (algunas ya las hemos analizado, y otras se verán más en profundidad en sucesivas entregas), pero también para nosotros los humanos. Una de dichas consecuencias graves para los humanos, por desgracia, está muy vigente actualmente: nos referimos a la zoonosis, proceso mediante el cual se traspasan virus desde el mundo animal al mundo humano, tal cual ha ocurrido con la actual pandemia de Coronavirus (Sars-Cov-2). Tomaremos como referencia, para esta exposición, parte del trabajo que realiza Mónica Cragnolini para el libro colectivo "La Fiebre" (Ed. ASPO), titulado "Ontología de guerra frente a la zoonosis". En el siglo XXI, la zoonosis a las que les "hacemos la guerra" se hallan estrechamente vinculadas con el consumo de animales por parte de los humanos, sea de animales de producción, sea de animales de caza. Hemos de partir de la base de las pésimas condiciones a las cuales sometemos a los animales durante su captura, almacenamiento, distribución y posterior consumo, además de la propia destrucción de su hábitat, y las consecuencias que todo ello acarrea. Cragnolini explica: "En los animales de producción intensiva, el hacinamiento, las nutriciones inadecuadas, el uso de antibióticos y hormonas, el estrés sufrido por las condiciones de vida en jaulas o cubiles estrechísimos (en los que carecen de toda posibilidad de movimientos), producen continuamente enfermedades. En los animales que son objeto de caza, los cambios a nivel del hábitat y nicho ecológico; las migraciones a las que se ven obligados por el desmonte, por la erosión de los suelos; por el rellenado de sumideros para construir barrios cerrados, también generan enfermedades por virus que «saltan» a la especie humana". 

 

Desde hace décadas se viene advirtiendo (incluso desde organismos internacionales como la FAO) sobre las peligrosas consecuencias de la producción agropecuaria y la creciente demanda de carne animal para consumo, a nivel de impacto ambiental; ataque a la biodiversidad, degradación de aguas y suelos, contaminación, etc. El biólogo Rob Wallace señalaba, en 2016, que para las multinacionales de los agronegocios “vale la pena producir un patógeno que podría matar a mil millones de personas” porque se prioriza la ganancia por encima de cualquier otra cuestión. Y no son pocos los informes de virólogos señalando los peligros de la producción cárnica intensiva en esta generación de pandemias. Producción que está vinculada también con la desigualdad distributiva: es un pequeño porcentaje de la humanidad el que se alimenta de la carne de los animales de producción intensiva. El filósofo francés de origen argelino Jacques Derrida ha llamado «guerra santa contra el animal» a la violencia constitutiva del proyecto tecnocientífico en el proceso de humanización. Entendámonos: «humanizarse» ha significado «dejar de ser animal» para buena parte del pensamiento occidental, y ese proceso se ha encarado como «guerra» contra la animalidad. El adjetivo «santa», en la expresión derridiana, alude al hecho de que ninguna de las tres religiones monoteístas ha tenido en cuenta, en su regla de oro, al animal, como otro que debe ser respetado. Nietzsche, en "La genealogía de la moral", llamó a este proceso «odio contra lo animal». Nuestra vinculación con los animales que son traídos a la existencia solamente para ser consumidos, que viven una vida determinada en tiempo y espacio por nuestras supuestas necesidades, no puede ser pensada sino en estos términos de odio y guerra, enmascarados tras la idea de «necesidades de alimentación». Dejemos por tanto las cosas claras: la guerra no la iniciaron los virus, sino que la iniciamos nosotros. Desde este Blog no estamos de acuerdo con las expresiones belicistas para referirse a las epidemias y pandemias causadas por estos microorganismos, pero lo que sí tenemos claro es que si se usan, se han de usar en este sentido: el virus no nos hace ninguna guerra, sino que la guerra la estamos haciendo nosotros contra el mundo animal, y en último término, contra la Naturaleza y todas las formas de vida que ella alberga. 

 

Sí, la guerra la iniciamos nosotros. Y la iniciamos nosotros cuando nos montamos de manera soberbia sobre el modelo del hombre que «domina» la naturaleza a través de su cultura y sus valores. La guerra la iniciamos nosotros cuando creímos que todo lo viviente estaba a nuestro servicio, allí, «a la mano», listo para ser utilizado, manufacturado, consumido, aniquilado...Hoy día seguimos permitiendo, por ejemplo, que se quemen millones de hectáreas de bosques profundos (como está ocurriendo en la Amazonía, sin ir más lejos) para continuar disponiendo de enormes cantidades de terreno que dedicar, entre otras cosas, a los pastos y al ganado. Pero no somos conscientes (o si lo somos, pesa más para el capitalismo las supuestas "ventajas" de destruir el entorno natural) de que dicha destrucción es también la nuestra. Mónica Cragnolini finaliza su artículo con un alegato positivo y un llamamiento: "En los últimos días, hemos visto imágenes de la laguna de Venecia con sus aguas insólitamente claras, de cielos azules en ciudades antes plagadas por la contaminación, de plantas que vuelven a nacer y florecer en tierras aparentemente yermas. La cuarentena ha permitido ver algo de cómo es el mundo cuando se detiene la maquinaria de superhumanización, maquinaria devastadora de las formas de vida y contaminadora de todo el planeta. Sabemos que esta detención de la maquinaria productiva-apropiativa-extractiva no durará demasiado: una vez controlada la enfermedad, los engranajes volverán a engancharse y seguirán su ritmo obsesivo. Pero mientras tanto, tuvimos tiempo para pensar diversas cuestiones que tienen que ver con nuestro modelo de humanidad. Creo que «otro modo de ser» en relación con la tierra y la comunidad (de lo) viviente nos está reclamando hace tiempo. Tal vez estos días de aislamiento nos preparen para la escucha de ese reclamo que habitualmente preferimos silenciar". Nos parece muy optimista por su parte el creer que la actual pandemia de Coronavirus provocará en la especie humana este efecto. Pero la esperanza es algo que nunca podemos perder. Lo que sí creemos es que habrá quedado demostrado, después de muchas décadas de negarlo por parte de los poderes políticos y económicos, que un parón en determinadas actividades económicas, un replanteamiento de las mismas, una nueva mirada inclusiva hacia los más pobres y vulnerables, todo eso, es verdaderamente posible, y además es necesario. Es la semilla para alcanzar el Buen Vivir. 

 

Pero volvamos al mundo animal, que es el que nos ocupa. El hombre ha hecho de nuestro planeta un infierno para los animales, y la zoonosis es una de esas graves consecuencias de la destrucción, el maltrato, el sufrimiento y la muerte que causamos. Es una cuestión de simples equilibrios: en el mundo existen millones de virus (y de otros microorganismos), pero actuando dentro de un contexto y de un entorno limitados, del cual normalmente no salen, salvo cuando se producen, literalmente, invasiones del humano en dicho mundo. Y es que desde nuestra arraigada creencia de que somos el centro del planeta, y por tanto, de que todo gira a nuestro alrededor (Antropocentrismo), nace el prejuicio hacia otros seres no humanos, integrantes de la Naturaleza desde mucho antes que nosotros. Se trata del Especismo, como ya hemos explicado en anteriores entregas. El Especismo impregna una buena parte de nuestro lenguaje, de nuestros comportamientos, actitudes y pensamientos en las sociedades humanas. Es algo tan presente en nuestro subconsciente que a veces no nos damos cuenta. Subyace por ejemplo en nuestro lenguaje cotidiano, despreciativo hacia los animales: "Se comporta como un cerdo...", "Actuó como un animal...", y otros muchos, son claros insultos especistas. Y estos insultos, sin que tal vez lo percibamos, generan en nuestra psique una consciencia de separación y violencia. Y entonces nos llaman "gallina", "burro", "besugo", y otros calificativos, con plena normalización de los mismos. En este artículo del medio digital Nueva Revolución se explica: "Decía el filósofo Dominique Lestel: "La inteligencia animal no es una inteligencia humana menos evolucionada que la del hombre, sino sencillamente una inteligencia distinta". De hecho, muchos animales poseen unas capacidades inmensamente más potentes y perfectas que las de los seres humanos. Con un sentido de la orientación increíble, algunos han sido dotados con unos talentos de alta tecnología que a muchos de nosotros nos encantaría tener. Y, al igual que nosotros, encarnan el misterio y la maravilla de la consciencia. Porque cada especie dispone de la inteligencia y las capacidades que le son necesarias para sobrevivir". Piénsese, por ejemplo, en el olfato de los perros: ¿nos hemos parado a pensar qué poderío posee esa pequeña nariz perruna? Gracias a su olfato no solo saben la biografía casi completa de otro perro/a, incluso estando situado/a a cientos de metros de distancia, sino que su herramienta olfativa es más poderosa que un scanner, un TAC y una prueba química juntas. ¿Llegará el ser humano a diseñar alguna vez una herramienta tecnológica más potente e inteligente que el olfato de un perro? 

 

Pensemos en la variedad de animales, cada uno aportando sus propias capacidades, estilos y características: rápidos, veloces, vivos, listos, eficientes...entrañables, admirables, con una fidelidad y una capacidad de amor increíbles...Sobradamente dignos del respeto y de la consideración que indudablemente se merecen. Los humanos no somos quienes para maltratarlos salvajemente, convertirlos en esclavos o eliminarlos cruelmente. Ellos, al igual que nosotros, habitan este planeta. Ellos también tienen su razón de ser y existir en el Universo, y por tanto, tienen derecho a una vida digna, a disfrutar de ella, de su prole, del Sol, del aire, del agua, de la comida, de su parcela de libertad...Pero sin embargo, las atrocidades que cometemos contra ellos no tienen límite. Como se afirma en el artículo de referencia: "Las vibraciones de pánico, horror y sufrimiento atroz de billones de seres impregnan la resonancia energética del planeta. Tengamos la valentía de admitirlo y observemos nuestra absoluta carencia de compasión". Está claro que si esta situación se mantiene es porque se alimenta diariamente con nuestra propia indiferencia, con nuestra resistencia al cambio, y con nuestro escaso interés hacia el asunto. A ello se une también la enorme presión de los intereses políticos creados, así como de los lobbies económicos que se benefician del maltrato y del sufrimiento animal. Pero los hábitos, tradiciones  y costumbres creados por una determinada cultura pueden ser cambiados. Es algo que está suficientemente demostrado. Solo hay que disponer de una mínima voluntad para alcanzarlo, estar plenamente convencidos, y luchar con valentía para conseguirlo. El Especismo será superado por la humanidad, si antes no nos hemos destruido como especie ante el colapso civilizatorio que estamos propiciando. Pero superar el Especismo es, como decimos, condición sine qua non para alcanzar el Buen Vivir, esa vida en plenitud, en total armonía y cooperación, en igualdad, bajo la misma óptica de comparación de intereses, y en equilibrio y respeto con todas las formas de vida. Pero superar el Especismo, como estamos viendo, requerirá superar fuertes barreras, alcanzar amplios objetivos, consagrar unos nuevos valores morales, extender el universo moral más allá de nosotros los humanos, y difundir y normalizar nuevas éticas, normas de comportamiento que puedan ser asumidas por todos. Es una cuestión global, aunque se deba actuar localmente. Continuaremos en siguientes entregas.

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27 noviembre 2020 5 27 /11 /noviembre /2020 00:00

Hace pocos días se aprobaba en un primer trámite la nueva LOMLOE (más conocida como “Ley Celáa”), y tanto en el Congreso de los Diputados como en las calles aledañas al mismo los detractores de dicha Ley proclamaban al unísono: “¡Libertad!”. Cualquier observador externo, sin más datos, podría pensar que el nuevo texto legal es de carácter autoritario, que recorta las libertades a la comunidad educativa (padres y madres, alumnado y profesorado), y que por tanto es criticable bajo la óptica de una sociedad democrática. Nada más lejos de la realidad. Lo que ocurre, como vamos a exponer a continuación, es que la derecha política, social y mediática de este país viene apropiándose falsariamente de este término, impregnándolo de un significado y ensartándolo en un contexto que para nada le corresponde (salvando las distancias, los negacionistas de la pandemia de coronavirus también reclaman en las calles de las ciudades “¡Libertad!”, pero como estamos diciendo, son apropiaciones conceptuales del término absolutamente sesgadas, erróneas e interesadas). Cuando el pasado domingo miles de vehículos salieron en caravana por muchas ciudades de nuestro país, en protesta por la llamada Ley Celáa, y los periodistas se acercaban a preguntarles por qué estaban allí, las respuestas eran similares, a saber: “Porque reclamamos libertad para poder educar a nuestros hijos según nuestros principios”, “Porque queremos seguir teniendo libertad para llevar a nuestros hijos al centro que queramos”, “Porque esta ley restringe el derecho de los padres a impartir la educación que quieran a sus hijos”, y miles más de variantes.

 

En el fondo, todas las respuestas nos llevan a una misma, que es en sí una falacia, como vamos a exponer a continuación. De entrada, el concepto de “libertad” que los adeptos de la escuela concertada poseen es un concepto muy particular. La cuestión del consentimiento, de la “política de elección personal” descansa sobre una visión liberal occidental de los derechos humanos que eleva la voluntad y las elecciones individuales por encima de todos los otros derechos humanos y de toda noción de bien común. Y así, en su sacrosanta visión de la “libertad” individual no interviene el bien superior de la sociedad, pues en el fondo, bajo su prisma insolidario, egoísta e individualista, no creen en la misma. Nosotros pensamos, en cambio, que en nombre de una cierta concepción del ser humano y del bien común, la colectividad, a lo largo de la Historia, ha juzgado necesario con frecuencia poner límites a la libertad individual (venta de órganos, esclavitud, uso de drogas, etc.) para alcanzar un bien común superior. Esto es exactamente aplicable al caso que nos ocupa, porque frente al derecho humano fundamental y universal a la educación (tal como lo entendemos), no cabe la libertad individual de conceder privilegios a ciertos sectores, grupos o personas, para menoscabar los objetivos de la escuela pública, que son de todos. Se enarbola por tanto un supuesto derecho de los padres “a que sus hijos e hijas reciban la educación que sus progenitores deseen”, pero a costa del erario público, es decir, a costa del conjunto de la sociedad. He ahí donde reside la trampa.

 

Existe un hecho incontestable: no hay crecimiento de la escuela concertada sin recortes en la escuela pública, al igual que no existen ricos sin la existencia de pobres. Bajo los gobiernos conservadores y neoliberales, siempre apoyados en este asunto por la Conferencia Episcopal, la escuela concertada lleva en nuestro país un ritmo creciente durante las últimas décadas, que es directamente proporcional al decrecimiento de la escuela pública, medido éste en todas sus dimensiones (en personal docente, en recursos, en medios, en número de centros, etc.). Pero aún se escuchan más falacias en el argumentario de la derecha educativa: se dice que esta Ley (aún muy tibia y timorata) constituirá un “monopolio estatal” para la educación, cuando ni contempla la reducción de la escuela concertada (a lo más que se llega es a no financiar a los colegios que segreguen por sexos), ni la escuela pública es una “escuela estatal”. Es decir, que los mismos que desean un monopolio católico y privado para las escuelas, están en contra de un supuesto “monopolio estatal” que no existe ni existirá. Todo un desaguisado.

 

Por otra parte, que la escuela concertada tiene fines de negocio y empresariales, es decir, fines corruptos (en el sentido de que se alejan del objetivo primordial, que no es otro que satisfacer el derecho universal y fundamental a la educación) lo atestiguan sus poderosas cifras: su presupuesto es de más de 6.000 millones de euros al año, para un total aproximado de 2 millones de alumnos/as. Según datos del propio Ministerio de Educación, la educación concertada ha incrementado sus fondos en un 25% durante la última década (frente al 1,4% que lo ha hecho la escuela pública). A ello habría que sumar, en su caso, las correspondientes cuotas que deben aportar los padres de los niños y niñas que estudian en ellas. Y otro asunto escandaloso es la propia segregación social que la escuela concertada lleva a cabo: los hijos/as pertenecientes a familias con pocos recursos no pueden estudiar en la concertada, la concertada admite siempre a menos inmigrantes que la pública, y los alumnos de etnia gitana también parecen estar destinados a estudiar en la pública y no en la concertada. Los alumnos y alumnas de clase económica baja suponen un tercio de los/as estudiantes de la pública, frente a solo un 7% de la escuela concertada.

 

De forma general, solo el 13% de los alumnos extranjeros estudian en la escuela concertada. Además de todo ello, la escuela concertada acaba expulsando a los malos estudiantes, a los conflictivos, a los que tienen necesidades especiales y a los de baja clase social hacia la escuela pública (al igual que por ejemplo, hacen los hospitales privados con los enfermos que no les interesan, es decir, enviarlos a los hospitales públicos. En el fondo, la política neoliberal es la misma para todos los ámbitos). Finalmente, el poder de la Iglesia Católica en la educación concertada en nuestro país es verdaderamente escandaloso: “Escuelas Católicas”, la red que agrupa a todos los centros de la Iglesia, representa al 60% de la escuela concertada, de ahí que la jerarquía eclesiástica haya llamado también a la rebelión contra la Ley Celáa, más bien con un carácter “preventivo” (pues como decimos, la LOMLOE no ataca directamente a sus centros, ni a medio ni a largo plazo).

 

Esto se llama segregar: se podrá estar a favor o en contra (nosotros apostamos por una escuela pública inclusiva), pero ese es su nombre. El problema está, por tanto, en la gran permisividad política (que ha ido además creciendo en cada presupuesto) frente a todo este proceso segregador, más que consentido y buscado, tolerado y bien visto, apoyado desde las instancias públicas, y mientras esto sucede, la escuela pública va siendo atacada, menospreciada, ninguneada, infrafinanciada, despojada de medios humanos y materiales, es decir, residualizada. En resumidas cuentas, se viene congelando o recortando sistemáticamente la inversión en educación pública, mientras se incrementa el gasto para la educación concertada. Al final, este injusto y perverso modelo pretende perpetuar una escuela para ricos y otra para pobres, una escuela de los mejores estudiantes y otra de los peores, una escuela financiada y otra saqueada, una escuela dotada de recursos y apoyos, y otra discriminada, una escuela elitista y selectiva, y otra escuela residual. Y a todo esto, es a lo que llaman “libertad”.

 

En definitiva, cuando los adalides de la escuela concertada gritan “¡Libertad!” lo que están pidiendo es que el Estado les siga concediendo en espiral creciente la libertad para segregar al alumnado, la libertad para cobrar cuotas en sus centros, la libertad para adoctrinar a sus hijos e hijas en clase, la libertad para que la religión católica y sus múltiples sectas continúen con su poder dentro de la escuela, la libertad para separar por sexos, la libertad para elitizar la enseñanza de quien pueda pagarla, y la libertad para convertir en un gueto la enseñanza pública, conduciéndola a un sector residual. Éstas son las “libertades” que reclama la escuela concertada. Que el Estado se las conceda o no será otro cantar, pero al menos, ya tenemos claro a lo que se refieren cuando la proclaman fervientemente en las calles. Les va en ello sus privilegios.

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